“La huella de las palabras”: El legado de un icónico luchador social

Tiempo de lectura: 8 minutos

La militancia por los derechos humanos, por la igualdad, por la equidad de género centrada en la mujer y por los más vulnerables como síntesis espiritual e ideológica de un Evangelio bien humano y no hipócrita como suele ser habitual en la Iglesia y en muchos de sus fieles, entre ellos varios de nuestros gobernantes, es el potente disparador temático de “La huella de las palabras”, el documental testimonial de Esteban Schroeder y Carla Valencia, que indaga sobre la peripecia vital del fallecido sacerdote jesuita Luis Pérez Aguirre, quien fue conocido popularmente como “Perico”, para sus amigos, sus seguidores y sus alumnos.

Este trabajo audiovisual rescata la memoria de un auténtico referente de la lucha contra la dictadura, cuyo discurso, que jamás abandonó la impronta pastoral, colisionó incluso con las posturas ultraconservadores de una Iglesia Católica que parece congelada en el tiempo. No en vano, las parroquias están cada vez más vacías y casi una nula demanda para ordenarse de cura.

En efecto, los testimonios contenidos en este film, de apenas 77 minutos de duración, recrean a este religioso referente, que supo interpretar cabalmente, tanto en su teoría como en su praxis, el mandato redentor de los valores cristianos.

Además de los entrañables recuerdos y de sus sabias enseñanzas, el legado de Pérez Aguirre se consagra en la granja hogar La Huella, que fue fundada en 1975, en plena dictadura, que acoge, hasta hoy, a niños pobres abandonados y en condiciones de alta vulnerabilidad.

La institución, que tiene personería jurídica otorgada por el Ministerio de Educación y Cultura, se autoabastece de lo que produce la tierra. Allí, los internos son recibidos por un grupo de jóvenes solidarios, quienes comparten las tareas, los bienes, y la alegría de vivir, estudian, trabajan y atienden a los menores desvalidos.

La fundación de este establecimiento, que está radicado en la ciudad de Las Piedras, departamento de Canelones, se registró como una suerte de desafío al gobierno autoritario, en el entendido que “algo había que hacer” para socorrer a los menores  que padecían y aun padecen graves privaciones.

Además, allí también se transmiten valores y un modelo de convivencia alternativo, detonante de nuevas ideas y estímulo para la imaginación. Abrevando de su fe cristiana,  estos voluntarios construyen un futuro basado en la libertad y la solidaridad, la responsabilidad y la creatividad, el encuentro y el amor hacia los demás. Precisamente, se parte de la contundente evidencia empírica que los pobres tienen radicalmente amputada su libertad, porque sus privaciones los hacen depender de otros, de la solidaridad o del mero asistencialismo estatal.

“Perico”, quien fue denostado por su propia iglesia y perseguido por la dictadura, al punto que llegó a estar preso y hasta fue torturado, fue un auténtico paladín y un transmisor de valores, esos que subyacen en el cristianismo auténtico pero no en la institución eclesial, que gobierna a sus fieles mediante el miedo al castigo y aherroja sus voluntades.

Este sacerdote, que falleció en 2001 víctima de un misterioso accidente de tránsito, se destacó por su crucial aporte a la cultura de la ayuda a los que menos tienen o más bien nada tienen. En ese contexto, fue referente en materia de educación con una impronta solidaria, merced a una sólida cultura adquirida en el aula y pero fundamentalmente en la práctica de la militancia social.

Pérez Aguirre es recordado por su inclaudicable oposición a la dictadura, por el ayuno en el que participó en 1983, junto a otros dos religiosos, promoviendo el restablecimiento del diálogo entre políticos y los militares, en un dramático intento por contribuir a una salida democrática, por ser uno de los fundadores del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) Uruguay y por haber integrado la Comisión para la Paz, creada por el presidente colorado Jorge Batlle, junto a otras destacadas personalidades, entre ellas el icónico presidente del PIT-CNT, José D´Elía. Si bien el trabajo de la comisión no tuvo demasiado éxito, igualmente aportó insumos informativos sobre el destino de los detenidos desaparecidos, que fueron víctimas de la barbarie del terrorismo de Estado.

Una de las actitudes más rupturistas de “Perico” fue haber reconocido explícitamente el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo, que se consagró jurídicamente recién durante el gobierno del frenteamplista José Mujica, mediante la aprobación de la ley 18.987,  que establece, a texto expreso, esta prerrogativa, que, para la Iglesia, es un grave pecado. Naturalmente, esa postura lo expuso a ácidas críticas de la Iglesia Católica vernácula, al igual que su acérrima defensa de los derechos de las prostitutas, a las cuales consideraba como seres humanos vulnerables y susceptibles de ser abusados.

Toda esa actividad redentora lo transformó en un personaje sin dudas paradigmático para la sociedad uruguaya, no sólo para los fieles sino también para todos los uruguayos que han hecho de la solidaridad una causa mayor.

Esta película, rodada con mínimos recursos técnicos pero con una intrínseca sensibilidad y pasión, revela precisamente, como lo señala el título, el valor de la huella dejada por un gran hombre. ¿Qué es realmente una huella? Es una señal que deja un humano o un animal sobre una superficie que pisa, sea tierra o arena. Esa señal permite a otros que sigan los pasos de alguien que admiran.

Esa huella es, por ejemplo, la que dejó el profeta Jesús, fundador del cristianismo, para que sus apóstoles difundieran sus ideas, partiendo de la discutida y nunca comprobada tesis que el supliciado y crucificado líder religioso resucitó a los tres días de su muerte. Empero, más allá de creencias y especulaciones, los apóstoles continuaron con su obra y difundieron su credo en todo el planeta, en el transcurso de la historia. Lo mismo hicieron y aun hacen los militantes solidarios que tienen a su cargo la gestión de La Huella. Esa, además de sus libros, es realmente la huella que dejó Luis Pérez Aguirre, cuya ideología, por lo menos en lo teórico, está más vigente que nunca.

Sin embargo, la Iglesia Católica, hoy liderada por el blanco lacallista cardenal Daniel Sturla, parece estar cada vez más lejos de la gente pobre y de la propia sociedad. No en vano, las parroquias barriales están cada vez más vacías. La institución eclesial está anclada en el pasado, colmada de prejuicios y mantiene su talante autoritario y represivo. Por eso, los fieles se alejan y buscan el cobijo de otros cultos.

Dos de los testimonios más valiosos son los de sendas mujeres: Marianela, de 39 años, quien fue como una hija para “Perico” y Sara, de 67 años, quien fue su entrañable amiga y seguidora y, por supuesto, comparte sus ideas y las mantiene vivas, al igual que su memoria, atesorada actualmente por más de una generación.

No tiene nada de extraño que precisamente dos mujeres sean las principales voces de este documental, ya que, en vida, Luis Pérez Aguirre abrazó con pasión la causa de los derechos y de la igualdad de género, que, hace más de medio siglo, eran una suerte de quimera. En el presente, gracias al ciclo progresista de quince años, el posicionamiento de la mujer en la sociedad es diferente,  merced a las leyes que permiten la interrupción del embarazo por voluntad de la eventual madre, la que otorga el derecho a la reproducción asistida, la que penaliza la violencia basada en género, la que consagra la extensión del período de licencia por maternidad, la que otorga el derecho a la mujer a computar un año más de trabajo por hijo, la que ampara la unión libre de parejas con los mismos derechos de los casados incluso entre lesbianas y homosexuales y la que convalida la cuota para la integración de listas al parlamento nacional y, por ende, le otorga una mayor participación a la mujer en la actividad política. Obviamente, la propuesta que fracasó a nivel del Poder Legislativo fue la de paridad, pese a los cual el Frente Amplio por su cuenta integra listas paritarias.

En este tema, la postura de Pérez Aguirre fue irreductible, pese a que integró una institución religiosa machista y patriarcal, en la cual la mujer sólo puede aspirar a ser monja o monja superiora, ya que las otras jerarquías las tienen vedadas.

En ese contexto, los recuerdos y las reflexiones brotan caudalosamente como una suerte de manantial, del cual emana amor, solidaridad y tolerancia, esas tres cualidades que tanto faltan a los actuales gobernantes uruguayos, muchos de quienes, aunque se definen como católicos y concurren con frecuencia a misa, están, en sus actos de gobierno y en su praxis cotidiana, a años luz de los valores cristianos que tanto pregonaba en vida Luis Pérez Aguirre, a quien  tuve oportunidad de conocer durante el ayuno realizado en 1983, como contribución a la pacificación del país y a una apertura democrática mediante el diálogo.

Todos los testimonios de familiares y amigos y compañeros de lucha, que son individuales, van nutriendo y reconstruyendo la figura del paradigmático luchador social. En ese contexto, aflora la palabra del propio “Perico”, a través de escritos, publicaciones y grabaciones.

Uno de los testimonios más significativos es la evocación de una misa nocturna pronunciada por este sensible y valiente cura en Montevideo, en 1980, en plena dictadura, luego del asesinato del sacerdote católico salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, ultimado por paramilitares derechistas. En esa oportunidad, “Perico” le dedica su homilía a la víctima: “Hay que señalar que monseñor Romero no sólo dijo la verdad, el asunto es que monseñor Romero dijo toda la verdad, y por eso fue asesinado. Y ahora, inspirado en su figura, y en su honor, no quiero terminar sin decir algo más. Me siento obligado a decir algunas verdades que no se pueden callar. Hermano militar, hermano funcionario del Ministerio del Interior, hermano de Inteligencia, que estarás aquí cumpliendo con tu trabajo. Desde el mes de setiembre pasado, aproximadamente, se ha venido realizando aquí lo que yo llamo secuestros de Estado, se detienen personas en la vía pública, generalmente sin testigos, y se los mantiene recluidos con interrogatorios mientras se niega fríamente la detención a los familiares. Siento que sería un traidor, un infiel a Dios y un cobarde si no hablo en este momento por los que no tienen voz”.

La misa fue grabada por los servicios de inteligencia. El sacerdote fue detenido y torturado, por atreverse a decir lo que nadie se atrevía a decir. Sin embargo, la violencia del régimen liberticida no modificó su conducta. Siguió siendo un rebelde con causa y una voz contestataria en un país que vivía en un silencio sepulcral, porque toda expresión de disidencia era castigada con cárcel y maltrato y los medios de difusión padecían una rígida censura.

Uno de los testimonios sin dudas más valiosos y significativos por la cercanía que tuvo con el personaje que motiva este relato, es el del médico y dos veces intendente frenteamplista de Canelones Marcos Carámbula, quien incluso, sin afirmarlo, esboza algunas dudas sobre el extraño accidente que terminó con la vida de Pérez Aguirre, en una tranquila esquina del balneario Costa Azul.

“La huella de las palabras” es un documental sin dudas esclarecedor y de fuerte valor testimonial, elaborado por un cineasta de fuste y reconocida trayectoria como Esteban Schroeder, recordado por dos títulos mayores de la filmografía nacional como “El viñedo” y “matar a todos” y Carla Valencia, quien aportó la impronta femenina a partir de una investigación que le permitió conocer, a través de los libros de “Perico”, su inclaudicable compromiso con los derechos de las mujeres y con la necesidad de avanzar hacia nuevos estadios de equidad en materia de políticas de género.

Este trabajo audiovisual condensa las ideas de un gran referente y un valiente luchador social, que ciertamente se merecía este homenaje, por su sensibilidad, su genuina prédica pastoral, su mensaje y su militancia por las postergados, un mensaje que debería ser asumido y emulado por quienes detentan el poder, particularmente por aquellos que se manifiestan cristianos, aunque en la práctica cotidiana no abracen esos valores.

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

FICHA TÉCNICA 

La huella de las palabras. Uruguay 2024. Guión y dirección: Esteban Schroeder y Carla Valencia. Montaje: Carla Valencia | Ricardo Fontana. Fotografía: Nacho Farías. Diseño de sonido: Claudia Piriz. Música original: Eder Fructos. Animación: Ruben Castillo y Roberto Gonzalez y Carla Valencia. Post de Sonido: La Mar Film sound. Post de Imagen: Fernando Dromer. Producción: Mariale Perlini. Producción Ejecutiva: Esteban Schroeder  y Leandro Barneche.

******

Tema vinculante AQUÍ

 

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.