En Mila 18 como en Gaza

Tiempo de lectura: 11 minutos

Para disgusto del gobierno israelí y especialmente de los generales de las llamadas Fuerzas de Defensa de Israel, así como de los gobiernos de las potencias que los apoyan y alientan, los crímenes que están cometiendo en Gaza contra los palestinos, desde mucho antes del 7/10/2023, son muy similares a los cometidos por los nazis al arrasar el gueto de Varsovia en 1943.

La historia no se repite pero los procedimientos aplicados por las tropas de las SS y la respuesta por parte de sus víctimas tiene una aterradora similitud. De hecho, los generales israelíes han manifestado, desde hace tiempo, que contra los palestinos hay que aplicar el sistema de aniquilamiento que los nazis desarrollaron para arrasar el gueto y liquidar a los judíos.

Los “bandidos” como los nazis calificaban a los combatientes judíos y a la resistencia polaca son perfectamente intercambiables con los “terroristas” palestinos. Gaza es un gueto, una prisión a cielo abierto, donde se hacinan millones de personas inocentes, mujeres y jóvenes, ancianos y niños, donde Israel practica la despiadada política de arrasamiento que sigue, punto por punto, las órdenes de Himmler para exterminar a los judíos encerrados en Varsovia.

En la calle Mila 18 se encontraba el edificio en cuyo sótano los combatientes judíos habían establecido un bunker y su cuartel general. Allí fueron asesinados o se suicidaron Mordejai Anilevich y sus compañeros cuando agotaron sus municiones al cabo de una heroica resistencia. El cadáver de Mordejai nunca fue encontrado por eso, en el monumento que recuerda la gesta del levantamiento, se señala “toda la tierra es su tumba”. A los combatientes de Gaza, escasamente los conocemos por sus nombres pero los hay y mal que les pese a los generales israelíes son perfectamente equiparables con los héroes del gueto. Sus túneles y sus bunkeres han de tener gran parecido con Mila 18.

El objetivo de los nazis, arrasar el gueto para enviar a sus habitantes a los campos de exterminio, es similar al de los israelíes actuales: bloquear la franja de Gaza totalmente, destruir completamente los edificios y la infraestructura, aterrorizar a la población civil haciéndola concentrar en zonas que posteriormente bombardearán con las bombas de 1.000 kilos y la artillería, destruir hospitales, escuelas, bibliotecas, impedir la ayuda humanitaria asesinando a los voluntarios de las Naciones Unidas. Todo con el objetivo de expulsar a la población sobreviviente para “recolonizar” Gaza.

Con la invasión alemana de Polonia, en setiembre de 1939, comenzó la Segunda Guerra Mundial pero los planes para aislar a la población judía se habían diseñado antes. La definición de judío se ajustó a lo establecido en las leyes racistas de Nuremberg de 1935. Se impuso a los judíos el uso de un brazalete con la estrella de David, se les prohibió el uso del transporte público, de restaurantes, de plazas y parques y el ejercicio de ciertas profesiones. También se prohibió el cambio de domicilio. En Varsovia se comenzó tempranamente a delimitar un pequeño espacio de la ciudad para que se trasladaran allí los judíos. El gueto se creó no solamente para los judíos polacos sino para los que empezaron a trasladar desde Alemania.

En 1940, el cerramiento del gueto se suspendió por unos meses en junio debido a que los nazis consideraron la posibilidad de deportar a los judíos a Madagascar pero ya el 12 de setiembre Adolf Eichmann anunció el cerco del gueto que se produjo a principios de octubre. El 12 de ese mes se le comunicó la decisión al presidente del Consejo Judío de Varsovia (el Judenrat) quien debía sufragar la construcción de un muro de mampostería de tres metros de alto y 18 kilómetros de perímetro. Al inicio el perímetro estaba cerrado con alambradas de púa.

Al principio la población del gueto era de unas 380.000 personas (el 30% de los habitantes de Varsovia) y no llegaba a ocupar el 2,5% de la superficie de la ciudad. A principios de este año, en la Franja de Gaza de 365 kilómetros cuadrados, habitaban más de dos millones de palestinos, lo que producía uno de los hacinamientos más grandes del planeta, más de 5.000 habitantes por unidad de superficie.[i]

En los 18 meses que siguieron las comunidades judías cercanas a Varsovia fueron trasladadas al gueto a la fuerza y en mayo de 1941 los habitantes ya eran 445.000. Las operaciones de exterminio ya habían comenzado mediante una reducción brutal del ingreso de alimentos y medicamentos. La ración fijada por los nazis equivalía a 2.400 calorías para los alemanes, 1.800 para los polacos y 184 calorías diarias para los judíos (no es una errata: 184 calorías diarias). El hacinamiento, la desastrosa higiene, la limitación de agua potable, el hambre y la fiebre tifoidea causaron gran mortandad.

El Judenrat y organizaciones juveniles intentaron remediar las inhumanas condiciones de vida. El primero reglamentó que en cada habitación no podían alojarse más de siete personas. Distintos organismos de ayuda mutua establecieron ollas populares que llegaron a suministrar sopa a dos tercios de los habitantes del gueto.  Además funcionaron hospitales y orfanatos que fueron clausurados en 1942 y sus responsables fueron deportados al campo de exterminio de Treblinka. Durante meses hubo diarios y publicaciones clandestinas, obras de teatro, conciertos y actividades religiosas. También una policía judía armada con garrotes que aunque dependía del Judenrat reprimía según las directivas de los alemanes.

El 20 de enero de 1942 tuvo lugar en Berlín la Conferencia de Wansee donde bajo la batuta de Heydrich se impartieron las directivas para el exterminio sistemático de los judíos europeos. La primera etapa del plan era la eliminación de los judíos de Polonia.

En mayo de 1942 se comenzó la construcción del campo de Treblinka que se inauguró en julio. El 22 de ese mes empezó lo que los nazis llamaban con sus tétricos eufemismos la Grosse Umsiedlungsaktion (Gran Acción de Realojamiento) y le comunicaron al Judenrat de Varsovia que todos los habitantes del gueto, con la excepción de quienes trabajaban en fábricas alemanas, el personal de los hospitales y los integrantes del Judenrat y la policía judía y sus familiares, serían trasladados al Este para aplicarse a trabajos forzados.

La policía judía debía conducir diariamente a 6.000 habitantes del gueto hasta un punto de embarque junto a las vías férreas. Si la cuota no se cumplía los nazis amenazaban con fusilar a cientos de rehenes. El presidente del Judenrat trató de que los traslados no se llevaran a cabo pero los nazis no lo atendieron y se suicidó el 23 de julio. Dejó una nota diciendo que ya no podía soportar más y que su acto les mostraría a todos lo que había que hacer.

Lo cierto es que pocas horas después del suicidio del máximo dirigente del gueto, los militantes de la resistencia judía que se había ido organizando rechazaron una propuesta para sublevarse; la mayoría creía que las deportaciones no les costarían la vida sino el sometimiento a trabajos en carreteras, canteras y campos.

En las siete semanas siguientes 263.000 habitantes del gueto fueron trasladados a Treblinka (donde se estima que fueron asesinados entre 700.000 y 900.000 judíos y 2.000 gitanos) y a Maidanek (campo de trabajo esclavo y después de exterminio del que los nazis no pudieron borrar sus huellas, en 1944, debido al rápido avance del Ejército Rojo).

Hasta fines de julio la policía judía del gueto arreó a más de 64.000 habitantes para su deportación. De agosto en adelante los alemanes se hicieron cargo de las deportaciones (ese mes se llevaron a más de 142.000 personas y en setiembre a más de 56.000). La fase final de la primera deportación masiva tuvo lugar entre el 6 y el 11 de setiembre de 1942. Según los minuciosos registros de los nazis en ese lapso fueron deportados 35.886 judíos, 2.648 fueron ejecutados en el lugar y 60 se suicidaron.

Para el otoño de 1942 unas 55.000 personas quedaban en el gueto. Unas 30.000 trabajaban como esclavos en las fábricas y talleres alemanes (desde la confección de uniformes, herramientas y calzado hasta artículos de consumo) y unas 20.000 se mantenían ocultos. Además, unos 8.000 judíos estaban escondidos fuera del gueto.

La resistencia judía clandestina se agrupó en dos organizaciones mayores: la ZOB (Żydowska Organizacja Bojowa, Organización Judía de Combate) liderada por Mordejai Anilevich que tenía entre 300 y 500 integrantes; y la ZZW (Żydowski Związek Wojskowy, Unión Militar Judía), que contaba con un número similar de miembros. Ambos grupos, en su mayoría hombres y mujeres jóvenes, coincidían en la necesidad de resistir con las armas la opresión nazi y liquidar a sus informantes y a los judíos colaboracionistas.

El armamento era escaso y liviano, pistolas y revólveres, artefactos explosivos artesanales y cócteles Molotov, algunos fusiles viejos y una ametralladora. Las municiones muy escasas. Sin embargo, ese millar de combatientes se había preparado excavando túneles, construyendo bunkeres y refugios subterráneos, estableciendo comunicaciones por las cloacas y a través de las azoteas de los edificios. Instalaron puestos de vigilancia en cada esquina y ejecutaron a todo judío acusado de colaborar con los alemanes, incluyendo a policías.

El 9 de enero el Reichsführer SS Heinrich Himmler, en persona, llegó a Varsovia y ordenó que se reanudaran las deportaciones. Sin embargo, en las primeras intentonas los nazis se encontraron con la resistencia de los partisanos judíos. Los arrestos, que se llevaban a cabo tempranito por la mañana, no se pudieron realizar porque muchas personas salieron a las calles a oponerse. Otros judíos se replegaron a los escondites especialmente preparados. Los alemanes, que esperaban que las expulsiones se llevaran a cabo sin problemas, se sorprendieron ante la resistencia. En venganza, masacran a mil judíos en la plaza principal el 21 de enero, pero suspendieron las deportaciones.

Los nazis logran deportar o matar entre 5.000 y 6.500 judíos en esas instancias pero lo fundamental es que decidieron adoptar un procedimiento distinto: el arrasamiento del gueto con la mayor violencia posible y la aniquilación total de sus habitantes.

El 18 de abril los combatientes judíos dispararon desde las azoteas contra los alemanes que entraban por las calles desiertas. Sorprendieron a los invasores, les causaron muchas bajas y desaparecieron antes de que los pudieran ubicar. Los alemanes habían reunido 2.054 soldados de la Wehrmacht comandados por 36 oficiales, a un batallón de 821 granaderos de las Waffen SS y 363 colaboracionistas de la policía azul judía, todos bajo el mando del general de las SS (Brigadeführer)  Ferdinand August Friedrich von Sammern-Frankenegg (1897 – 1944) [ii]. Esta vez, después de dos horas de tiroteos los alemanes se retiraron.

El recule precipitado del 18 produjo el cambio de estrategia que hoy admiran en forma vergonzante los generales israelíes: no se trataba de una acción policial o de arrear simplemente a civiles indefensos para deportarlos hacia los campos de exterminio. Había que arrasar el gueto, demolerlo casa por casa, piso por piso y deportar a todos matando a los que se opusieran.

Los tanques franceses capturados que usaron (que dicho sea de paso eran mejores que los alemanes) y los obuses fueron empleados como artillería de demolición. Trajeron y utilizaron lanzallamas para ir entrando en los túneles y para incendiar los edificios. Emplearon gases tóxicos y explosivos.

Sammern-Frankenegg fue reemplazado por otro general de las SS, Jürgen Stroop (1895-1952), un carnicero y mentiroso aún más sistemático que estuvo a cargo de todo desde el 19 de abril hasta el 16 de mayo de 1943 [iii]. En suma, lo que iba a ser una operación sencillita de pocos días llevó casi un mes. 

Los soldados de las SS comenzaron a quemar las casas una a una, a demoler sótanos y alcantarillas, y a asesinar a todo judío que capturasen. Cuatro días después, la lucha organizada se acabó pero la resistencia continuaba. Los judíos se escondieron en los refugios construidos, aunque centenares fueron capturados. Muchos se suicidaron, algunas mujeres detonaron granadas escondidas bajo su ropa cuando eran detenidas.

El gueto seguía siendo arrasado a diario; el general Stroop consignó en su diario que familias enteras se arrojaban por las ventanas de los edificios incendiados. El 6 de mayo registró la captura de 1.500 judíos y el asesinato de 365 combatientes, a los que calificó como bandidos. La resistencia organizada fue sometida el 23 de abril y el levantamiento en general el 16 de mayo de 1943. En esta última fecha, los alemanes volaron la Gran Sinagoga de la calle Tlomackie, que estaba fuera del gueto, como signo del fin de la existencia del gueto de Varsovia.

Sin embargo, debido a las tácticas de guerrilla que desarrollaban los partisanos judíos, los alemanes habían dejado de atacar por la noche. Los resistentes judíos y polacos aprovecharon para intentar romper el cerco, pero fracasaron. Los edificios eran ruinas humeantes; en sus sótanos se escondían sobrevivientes, que compartían refugio con los cadáveres, devorados por las ratas. Desde el tercer día de combates, Stroop había cambiado su táctica: evitaba las confrontaciones directas con los partisanos con el objetivo de limitar las bajas que sufrían sus tropas. Nada de combates cuerpo a cuerpo sino muerte a distancia. Por eso se intensificaba el uso de lanzallamas, gases tóxicos y grandes cargas explosivas (si entonces hubieran existido drones y misiles seguramente los habría usado). 

El 8 de mayo se totalizaban veinte días de combates continuos y precisamente fue cuando los alemanes, que habían detectado el cuartel general de los partisanos del ZOB, en un subterráneo debajo del edificio ubicado en el número 18 de la calle Mila, lo atacaron. Entonces habrían muerto a Mordejai Anilevich y a su compañera (se dice que se suicidaron antes de que los alemanes les alcanzaran) y a más de 200 combatientes que se encontraban allí. Los alemanes incendiaron y demolieron absolutamente todo el gueto, los sobrevivientes se escondieron en las alcantarillas, padecieron hambre y sed atroces. Al no poder suicidarse por falta de municiones, pidieron a sus compañeros que los mataran. Para evitar que el incendio traspasara los límites del gueto, los bomberos de Varsovia fueron desplegados afuera. 

Según el informe final de Stroop 56.065 judíos fueron capturados durante los días de enfrentamiento y 631 búnkeres destruidos. Stroop estimó que 13.000 judíos murieron en la lucha y 37.000 fueron deportados a Treblinka donde solamente un puñadito sobrevivió. Los judíos capturados no deportados a Treblinka fueron enviados a los campos de trabajo forzado de Maidanek, Poniatowa y Trawniki. Aunque el general de las SS informó de 16 bajas entre sus tropas, estimaciones posteriores dan cuenta que entre 700 a 1.000 soldados alemanes resultaron muertos o heridos combatiendo a los partisanos del gueto [iv].

En suma: los “bandidos”, como los nazis calificaban a los combatientes judíos del gueto, son perfectamente intercambiables con los “terroristas” de Gaza. En ambos casos se trata de personas desesperadas que se rebelan violentamente contra los militares que los bombardean, tirotean, maltratan, acosan y mantienen encerrados y hacinados en condiciones que los enferma, estresa y mata lentamente. El objetivo de los nazis y de los israelíes era similar pero no idéntico. Ambos poderes intentan arrasar completamente y a sangre y fuego un pequeño territorio habitado pero los primeros deportaban a los pobladores para su exterminio en los campos de la muerte o para matarlos trabajando como esclavos mientras que los segundos quieren hacer una limpieza étnica y transformar a millones de los sobrevivientes en parias o refugiados miserables que jamás podrán regresar a su tierra.

Por Shmuel Cohen Sela

[i]  El ejército israelí estableció una tierra de nadie de 500 metros que abarca 29 km2, más del 8% del territorio de la franja y que no es asequible para sus habitantes. Con una tasa de crecimiento anual del 2,33% en 2017, la Franja de Gaza es la trigésimo primera entidad política con mayor crecimiento demográfico del mundo. Las Naciones Unidas, las organizaciones internacionales por los derechos humanos, y la mayoría de los gobiernos y de los expertos legales del mundo consideran que la Franja de Gaza siempre estuvo ocupada por Israel dado que mantuvo el control directo de las fronteras de Gaza y un control indirecto de la vida dentro de la Franja: controla sus espacios aéreo y marítimo, así como los pasos fronterizos. Además, los militares israelíes se reservaron el derecho de entrar en la Franja de Gaza cuando lo consideraran oportuno. La Franja de Gaza depende de Israel en términos de agua corriente, electricidad, telecomunicaciones y otros servicios. Debido al bloqueo, la población de la Franja no tiene la capacidad de entrar o salir de ella cuando lo desee, como tampoco se puede importar o exportar productos libremente. La mayor parte de la población de este enclave es de religión musulmana suní.

En suma: los “bandidos”, como los nazis calificaban a los combatientes judíos del gueto, son perfectamente intercambiables con los “terroristas” de Gaza. En ambos casos se trata de personas desesperadas que se rebelan violentamente contra los militares que los bombardean, tirotean, maltratan, acosan y mantienen encerrados y hacinados en condiciones que los enferma, estresa y mata lentamente. El objetivo de los nazis y de los israelíes era similar pero no idéntico. Ambos poderes intentan arrasar completamente y a sangre y fuego un pequeño territorio habitado pero los primeros deportaban a los pobladores para su exterminio en los campos de la muerte o para matarlos trabajando como esclavos mientras que los segundos quieren hacer una limpieza étnica y transformar a millones de los sobrevivientes en parias o refugiados miserables que jamás podrán regresar a su tierra.

[ii]Sammern-Frankenegg no era ninguna perita en dulce y tenía experiencia militar, su fracaso inicial hizo que Himmler lo sometiera a consejo de guerra,y fue apartado del mando. Finalmente fue destinado a combatir a los partisanos yugoeslavos en Serbia y allí los hombres de Tito lo liquidaron en una emboscada en setiembre de 1944, cerca de Klasnic.

[iii]Jürgen Stroop, después de haber arrasado el gueto de Varsovia fue nombrado como jefe de las SS y la policía de la ciudad. Al final de la guerra fue capturado por los estadounidenses y juzgado en Dachau, acusado de haber asesinado a prisioneros norteamericanos. Sin embargo, los polacos lo reclamaron, fue juzgado en Varsovia, condenado a la horca por sus crímenes y ejecvutado en el mismo lugar en que había estado el gueto.

[iv] El informe de Stroop decía textualmente: 180 judíos, bandidos y subhumanos han sido aniquilados. El sector judío de Varsovia ya no existe. Las operaciones a gran escala finalizaron a las 20:15 horas al hacer explotar la sinagoga de Varsovia. El número total de judíos con lo que se actuó fue: 56.065, incluyendo judíos capturados y judíos cuyo exterminio puede ser probado.

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Otros artículos del mismo autor: