El relato mentiroso y el plástico desechable

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12 de enero 2026

Hay un relato sobre hechos que tuvieron lugar en el Partido Socialista en 1973 que periódicamente reaparece. Tiene que ver con la expulsión de la tercera parte del Comité Central del PS, el 2 de mayo de 1973. Ese relato ha sido adoptado acríticamente por historiadores y politólogos. Con liviandad se repite habladurías sobre lo que, hasta ahora, ha habido escasos testimonios. Aquí se trata, en alguna medida, de reparar dicha escasez.

No hay que asomarse al Pantanoso o al arroyo Carrasco para sentir la presencia invasora de los plásticos de un solo uso que causan un daño irreversible, notorio e inmediato, al medio ambiente, a nuestros alimentos, a plantas y animales y a nuestro propio cuerpo. Sin embargo y sabiéndolo seguimos usándolos.

 

La razón principal para ese uso desaprensivo es la pereza, los plásticos nos engrupen con la comodidad, la practicidad o la presunta higiene de su uso. No son una satisfacción sensorial sino un halago a nuestra pereza. Eso pasa con relatos, versiones o testimonios que, en muchos casos, acunan a nuestra pereza intelectual. Ya se sabe que la pereza es prima hermana de la mentira y enemiga de la verdad.

Fernando Britos V.

Hace unos días apareció un libro de Leonardo Haberkorn titulado Pacto de Silencio i, Se trata de una recopilación de artículos y textos, editados e inéditos, que este periodista ha ordenado cronológicamente. Uno de ellos, correspondiente a hechos de 1973, se titula “Una fracción del Partido Comunista dentro del Partido Socialista” (pp. 105/116). Es un testimonio póstumo atribuido a Jorge García Ramón (1947-2020).

Es un relato, ubicado en la turbulenta y historia del Partido Socialista del Uruguay, cargado de mala fe. El autor, a quien no conocí, falleció hace cinco años. Como soy uno de los implicados en esa versión creo necesario dar mi testimonio, avivar la memoria y recurrir también a otros testimonios de partícipes directos en los hechos de que se trata.

Abordaré varios aspectos de este relato que persiste a través del tiempo: en primer lugar el  origen de la versión acerca de una fracción o infiltración que se produjo en el Partido Socialista en 1973, las razones de esa “crisis”, sus efectos sobre el PS y sobre el Frente Amplio, y lo que realmente sucedió antes, durante y después del 2 de mayo de 1973, fecha en la que se precipitaron los sucesos anteriores.

Al fin me referiré, a la versión que ahora incluye Haberkorn. En todos los casos procuraré dar a conocer hechos que hasta ahora no han manejado quienes se interesaron en estos temas porque, por muy diversas razones, quienes vivimos aquellos hechos, los expulsados del PS, estimamos que había cosas mucho más importantes que reivindicar nuestra versión. Además, estos testimonios se enfrentan a una idea a veces sutil y a veces brutal, en el sentido de que la verdad se alcanzará cuando todos los que tuvimos algún tipo de participación en los hechos estemos muertos. No es bueno esperar tanto.

La historia del PS y sus ciénagas inexploradas

Afortunadamente los historiadores e historiadoras de nuestro país no pecan de “apoliticismo”. Hay que coincidir con el historiador Jaime Yaffé (editor y autor de “El Partido Socialista de Uruguay desde sus orígenes hasta nuestros días”, setiembre 2022) ii en el sentido de que, a pesar del prolongado papel que con muchos altibajos desempeñó el PS, no ha recibido la atención de los historiadores y politólogos que si han suscitado el Movimiento de Liberación Nacional (MLN-T) y el Partido Comunista (PCU).

Lo de Yaffé fue un buen intento pero hay ciertos aspectos puntuales, periodos de años, sobre los que el propio PS ha corrido un velo y ni que hablar del proceso que condujo a los hechos de mayo de 1973. También es cierto que, ya en este siglo se ha producido material periodístico, notas y reportajes, especialmente en La Diaria, en la revista Lento y en la revista electrónica La ONDA digital. En los dos primeros casos J. G. Lagos ha jugado un papel fundamental. En el caso de La ONDA digital la iniciativa correspondió a Roberto Pereira y a Raúl Legnani iii.

El PS fue ilegalizado, al inicio del “pachecato”, en diciembre de 1967 hasta 1971 y después, ya bajo dictadura, en 1974 hasta 1984. Durante el primer periodo de ilegalidad, los archivos y biblioteca del partido que se encontraban en Casa del Pueblo (Soriano 1218) se mantuvieron sin mayor afectación. En cambio, durante la proscripción de 1974 los archivos y biblioteca fueron saqueados. Se presume que parte de ese acervo haya sido transformado en pulpa de papel pero hay versión de que parte de los volúmenes de la biblioteca, con gran cantidad de obras en francés de la época frugoniana (primeras ediciones y otros raros y valiosos), habrían sido vendidos a una universidad estadounidense iv.

Quienes tuvimos oportunidad de conocer las actas de congresos y plenarios y otra documentación histórica del partido

 

conservada en el archivo comprobamos que muchos documentos habían sido eliminados, muy probablemente antes de 1967, sin que fuera posible determinar quien lo había hecho. Entre la documentación restante, se pudo conocer documentos del XXXV Congreso (1965), cuando con 225 votos a favor y 227 en contra, fue derrotada la propuesta de quienes abandonaron el PS para constituir el Movimiento de Unificación Socialista Proletario (MUSP).

Los viejos socialistas frugonianos (que no se habían ido con Frugoni en 1963), los dirigentes tupamaros todavía socialistas, los llamados renovadores de la década del 50, cerraron filas contra la Juventud Socialista, encabezada por su Secretario General Luján Molins Ducós (también integrante del Comité Ejecutivo Nacional). Lo que sucedió en ese periodo (1963 a 1965) y con el MUSP es tan poco analizado como el destino de “el gordo Molins” que desapareció en 1974 v.

Es lastimoso el panorama que el PS presenta acerca de “los principales momentos en la vida del partido” en su página Web actual . Hay saltos de décadas. Nada sobre el proceso que orgullosamente José Díaz y Reynaldo Gargano consideraban de “refundación” con Vivián Trías como Secretario General, en la década de 1950. Muy poco o casi nada sobre el proceso de la Unidad Popular y el desastre político-electoral de 1962. Tampoco hay mucho de parte del PS acerca de la “doble militancia” que se desarrolló entre el PS y el MLN.

Nada sobre el proceso de reorganización y el extraordinario resurgimiento del PS que se produjo entre 1968 y 1973, el Plenario de diciembre de 1970 (con el acceso de nuevos afiliados al Comité Ejecutivo Nacional (CEN): con Ramón Martínez Guarino como Secretario de Organización; el gran desarrollo de la Brigada Juvenil Socialista, brigadas sindicales y de secundaria, la participación en todas las actividades Frente Amplio).

La página Web partidaria es especialmente parca sobre la campaña del Frente Amplio en 1971 cuando el PS consiguió multiplicar por siete sus votos de 1966, volver al parlamento con Trías como diputado y obtener un edil en la Junta Departamental de Montevideo (hay que recordar que el Frente Amplio fue la segunda fuerza electoral en la capital).

Además hay una versión mínima que ignora la importancia de la preparación del XXXVII Congreso celebrado a fines de 1972 (nuevos estatutos, tesis, desplazamiento de José Díaz de la Secretaría General ocupada desde entonces por Ramón Martínez Guarino y otros cambios importantes, en la dirección de El Oriental con el desplazamiento de Reynaldo Gargano). Un PS con miles de militantes en Montevideo y en todo el interior, ya recuperado de un proceso catastrófico, el de las escisiones de 1965 y 1966, que lo habían dejado como un cascarón vacío: la Casa del Pueblo desierta, la vieja imprenta de la calle Isla de Flores y una destartalada camioneta Fordson de 1950 por toda infraestructura.

El potente resurgimento del PS, 1968-1973

Para entender lo que pasó en mayo de 1973 (cuando se produjo la expulsión de la tercera parte de un flamante Comité Central) hay que detenerse en el proceso que se desarrolló en cinco años de intensísima militancia entre 1968 y 1973. Lo que había pasado con el alejamiento de muspos y tupas era que el PS se había quedado sin militancia. Un grupo de antiguos dirigentes y burócratas, un par de intelectuales, un semanario con tiraje reducido (porque no había quien lo llevara a los barrios, a los lugares de trabajo, a los sitios de enseñanza). Todo estaba por hacerse. El PS se había vuelto insignificante.

La nueva organización, que durante cuatro años debió hacerse en el marco de la ilegalización y una semi-clandestinidad, supuso estudiar a fondo los aspectos programáticos y los sustentos ideológicos, la producción de materiales para la formación de la militancia (ahí surgen los textos de Carlos Machado compilados después en la “Historia de los Orientales”vi y “La Enseñanza en la Estrategia Imperialista” escrito bajo seudónimo por Ramón Martínez y quien suscribe vii, entre otros).

Además se retomaron los contactos regulares con todos los departamentos del interior, se apoyó y revitalizó a la vieja y abnegada militancia de los socialdemócratas que caracterizaron el periodo precedente. Se desplazó a cientos de militantes, en su mayoría de las BJS , a Canelones, a Maldonado, y para la campaña electoral del Frente Amplio se volcó a la militancia a los Comités de Base y a núcleos sindicales y organizaciones sociales, a la conducción de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay FEUU y a la de varios centros estudiantiles universitarios.

Nadie ha profundizado en este lustro fecundo que fue realmente un resurgimiento del PS como significativa fuerza integrante del Frente Amplio. Muchas fuentes documentales han desaparecido pero muchas existen, en publicaciones y en testimonios que no son precisamente los de quienes tuvieron la mayor responsabilidad en esos cambios. Algunos testimonios han sido recogidos pero muchos han sido convenientemente evitados.

El ya mencionado Ramón Martínez Guarino (1941-2024) tuvo un papel importante en este proceso. Ramón, estudiante de arquitectura, figura independiente reconocida en la FEUU, se incorporó al PS en 1967. Un hombre del interior (Treinta y Tres) que atrajo a muchos otros universitarios que, como él, no eran de Montevideo, no integraban ni eran simpatizantes de las corrientes existentes en la militancia universitaria, pro tupas, chinos, troscos, comunistas y sobre todo no eran hijos o nietos de viejos burócratas socialistas que, en aquel partido desarbolado, era lo poquísimo que pudiera considerarse juvenil. En su totalidad era una generación de nacidos en la década de 1940 (entre el 41 y el 49), en su mayoría universitarios de Arquitectura, Humanidades, Ciencias Económicas, Medicina. El papel de Ramón como Secretario de Organización se desarrolló en un PS con grandes debilidades organizativas y de militancia; que se podía pavonear en la OLAS para obtener el apoyo de los cubanos pero que era irrelevante en aquel Uruguay del “pachecato”.

Aunque las ilegalizaciones del PS no han sido rigurosas desde el punto de vista represivo y las detenciones que algunos militantes sufrieron, especialmente en el periodo 1967-1971 fueron breves y sin consecuencias severas también es cierto que del gran esfuerzo organizativo y formativo quedan pocos rastros impresos, negro sobre blanco, pocos carteles y si algunos testimonios que la historia oficial del PS generalmente ha ocultado.

En cuanto al periodo 1973 -1984 hubo dirigentes socialistas que sufrieron durante años, bajo dictadura, los rigores del Penal de Libertad (EMR Nº1), Hugo Rodríguez Filippini y Daniel Aljanati viii. Ariel Bergamino, amenazado por organizaciones paramilitares debió asilarse en Chile, antes del golpe de Estado. El liceal de 16 años, Walter Medina, integrante de las BJS, fue asesinado por policías durante la huelga general en julio de 1973.

El PS, encabezado por José Díaz (1932-2025) y Reynaldo Gargano (1934-2013) contaba con la presencia de una figura consular como José Pedro Cardoso (1903-1997) que permitió una presencia cupular. Las nuevas incorporaciones a partir de diciembre de 1967 tenían alguna similitud con los principales dirigentes de entonces: Díaz, Gargano y Trías (1922-1980) – por ejemplo – eran hombres del interior, forjados en la militancia estudiantil y pertenecientes a una generación nacida en las décadas de 1920 y 1930. Eran de una generación que resultaba de los continuos desgajamientos, alejamientos y expulsiones (de 1948, de 1957, etc.) que el PS había venido sufriendo, que había conocido esos traumas que les abrieron camino, y las luchas por la Ley Orgánica de la Universidad y la Revolución Cubana ix.

Raúl Sendic (1925-1989) que había sido Secretario General de la JSU a principios de los 50, Jorge Manera (n. 1929), Julio Marenales (1930-2019) y Héctor Amodio (n.1937) – entre otros de los fundadores del MLN-T – tuvieron un origen generacional similar y fueron testigos y/o partícipes de lo que José Díaz consideraba “la refundación del PS” a mediados de la década de 1950.

Para informarse sobre estos años, en el mejor de los casos, los historiadores han recurrido a José Díaz siempre dispuesto a dar su versión de los hechos, o mejor dicho sus versiones que sirvieron para resaltar una u otra de sus virtudes e intervenciones según fuera conveniente. Jaime Yaffé, por ejemplo, es uno de los historiadores que ha adoptado acríticamente esa versión canónica.

Antes de abandonar este comentario sobre “el resurgimiento del PS, 1968-1973” digamos algo sobre el leninismo. Como es sabido, esa definición hace a una categoría organizativa, la del centralismo democrático. Esta fue fuertemente adoptada por los bolcheviques y fue un punto que V.I. Lenin tomó del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán desde fines del siglo XIX.

La idea era precisamente formar una organización sólida para conseguir los fines políticos y sociales. Las discrepancias internas debían resolverse con la mayor democracia pero después de alcanzar acuerdos estos debían respetarse; eso es centralismo pero claro que sin democracia no puede haber un accionar común correcto, es decir una comprensión en unidad, una unidad política y de acción.

El mismo José Díaz, siendo Secretario General del PS, sostenía ante Rey Tristán que ya en la refundación de mediados de la década del 50 habían introducido el leninismo en el PS y particularmente en 1967 cuando adoptó una “estructura compartimentada y vertical” (un verdadero eufemismo para la pobreza de militancia y la carencia de vida política interna que caracterizaba al PS después de los desgajamientos de 1965 y 1966). Verticalismo si había, la compartimentación era inexistente.

Cuando el PS adoptó decididamente el marxismo-leninismo, especialmente a partir del Pleno de diciembre de 1970, lo que hizo no fue una reivindicación de las 21 condiciones de Lenin (condiciones de admisión a la Internacional Comunista) que provocaron la transformación total del viejo PS en el Partido Comunista del Uruguay, en 1921, sino una reafirmación de un imprescindible centralismo democrático para para fortalecer al partido, un Partido Socialista que debía ocupar un papel importante en un movimiento unitario como el Frente Amplio x. Nada más pero nada menos.

Los temores frugonianos, el anticomunismo visceral del viejo líder, compartido por los viejos socialistas liberales, hicieron del leninismo un cuco que se presentaba como enemigo de la democracia, de la libertad, de los librepensadores, sobre todo impuesto por la abrumadora mayoría del Partido, que actuaba en el Frente Amplio y la CNT y que enfrentaba al “pachecato” primero y a la dictadura cívico militar que se avecinaba ominosamente. Este cuco se utilizó para elegir a siete chivos expiatorios para cometer uno de los atropellos más autoritarios y destructivos en la historia del PS y su culminación el 2 de mayo de 1973.

Del XXXVII Congreso al golpe contra la legalidad partidaria

La importancia de este congreso del Partido Socialista, celebrado en diciembre de 1972, está claramente fundada en el capítulo “Las expulsiones de mayo de 1973 en el Partido Socialista. Un lustro de transformaciones y un final por explicar” con que Álvaro Rico contribuyó al citado libro sobre el PS editado por Jaime Yaffé. Ese artículo es en realidad la más clara explicación sobre el trasfondo de los relatos amañados y, desde luego, no ha sido contestado o contrastado, en el mejor sentido del término, por nadie desde hace tres años.

Quiero referirme a aspectos del acontecimiento que deben ser desarrollados y en algún caso rectificados de una versión (que no es la de Rico sino de la de Yaffé en el libro citado). La preparación del congreso fue un acontecimiento de gran importancia nacional con decenas de reuniones y actos en todo el país. El acto inaugural, el 7 de diciembre de 1972, en el Palacio Peñarol repleto fue una expresión culminante de la organización y convocatoria del PS xi.

Un aspecto importante fue la cantidad de delegaciones extranjeros que concurrieron al acto inaugural del Congreso. Hubo delegaciones de nivel gubernamental o partidario de Cuba, de Argelia, de Corea del Norte (RPC), de Vietnam, de Chile, de los PS argentinos, de Yugoeslavia, de Rumania, entre otras. Estos intercambios internacionales resultaron en una serie de invitaciones a visitas a distintos países que, por primera vez incluyeron a dirigentes de la BJS y que se llevaron a cabo en los primeros meses de 1973.

En cuanto a los debates del Congreso Yaffé dice “los partidarios de este realineamiento debieron derrotar a un importante sector que, si bien compartía la crítica al foquismo, consideraba que el PS se había deslizado hacia el reformismo y reclamaba que se reposicionara como un auténtico partido revolucionario”.

Este “importante sector” era realmente insignificante, encabezado por el Ing. Nelson Salles y por Guillermo “Willi” Sobrino. No llegó a contar sino con una docena de delegados que además eran virtualmente la totalidad de su militancia partidaria. Sus propuestas fueron consideradas y rechazadas por el 90% de los congresistas. A resultas de esto no fueron contemplados en la plancha que se negoció y obtuvo virtual unanimidad para la integración del Comité Central (de 21 integrantes).xii Todos partidarios de “este realineamiento”.

Poco después, Salles y los suyos crearon la minúscula Agrupación de Militantes Socialistas (con el “Barbas” Jorge Rodríguez como su ideólogo), aunque también se ha dicho que la AMS surgió antes en una reunión que hicieron en el Balneario Solís, previa al Congreso. Pronto abandonaron el país (Salles con destino a Francia y Sobrino a Buenos Aires donde fue preso en diciembre de 1977, desde entonces figura entre los uruguayos desaparecidos en la Argentina, detenido en un operativo conjunto en que participó el FUSNA.

La mayoría de los congresistas, tanto de Montevideo como del interior, apoyaban las tesituras renovadoras que se expresaban no solamente en las tesis sino en los cuestionamientos que recibió el informe de actuación del hasta entonces Secretario General, José Díaz.

La negociación de la plancha para la designación de las nuevas autoridades partidarias no fue un reflejo proporcional del apoyo que tenían los distintos candidatos que la integraban sino el resultado de una resolución política, abiertamente deliberada, para establecer una dirección unitaria contemplando desde los viejos dirigentes hasta quienes aparecían como responsables de los cambios organizativos y lo que se había conseguido electoralmente y a nivel sindical y de arraigo popular como partido integrante del Frente Amplio.

Los acontecimientos posteriores al congreso de 1972 demuestran que ese fue el origen de una conspiración y del relato mentiroso acerca de una fracción, una traición o una infiltración del PS dirigida por el Partido Comunista. Rico es muy claro y contundente cuando señala que desde antes y después del congreso de diciembre de 1972 como de la sesión del Comité Central del PS de la noche del 2 de mayo de 1973, no hubo ningún cambio en la linea política del partido, en las posiciones que se impulsaron por lo que la expulsión de la tercera parte del máximo organismo del PS y los hechos que se produjeron no se basan en una discrepancia política, en una diferencia inconciliable de posiciones.

Lo que sucedió fue un golpe de mano cuyo único objetivo era apoderarse de la dirección del partido (recuperarla para alguno de los fementidos demócratas). En momentos muy graves para el país un puñado de dirigentes se dedicaron a una disputa de campanario. Entre tanto lo que se vivía en el país en esos momentos era ominoso.

El 4 de enero de 1973 se había promulgado por el gobierno de Juan María Bordaberry la Ley de Educación General (Nº 14.401), impulsada por el entonces ministro de Educación y Cultura Julio María Sanguinetti. El profesor Arturo Ardao expresaba que la Ley era totalmente contraria a la Constitución, el pedagogo Julio Castro hablaba de “la caza de brujas” y el profesor Víctor Cayota sostenía que esa ley era “lo más regresivo que se había implementado en la historia del Uruguay a nivel de la Enseñanza”. xiii

En febrero de 1973, la desembozada intervención de las Fuerzas Armadas en la vida política aparecía como una realidad irreversible. El 9 de febrero los Mandos Militares Conjuntos del Ejército y la Fuerza Aérea dieron a conocer el Comunicado Nº 4. En el acto realizado en 8 de Octubre y Comercio, el Frente Amplio a través de su presidente, el general Seregni, reclamó la renuncia de Juan María Bordaberry.

La consigna de la hora – decía el Gral. Seregni – es un alerta general a todos los militantes frenteamplistas. Cada uno debe ocupar su puesto de combate en el sindicato, en la fábrica, en el comité barrial. ¡En alto nuestras banderas! ¡En alto la enseña patria, la bandera que hemos jurado defender hasta la muerte! ¡En alto la bandera de Otorgués, nuestra enseña de combate, la que simboliza nuestros principios y nuestro programa! ¡Una sola voz: a continuar la lucha, compañeros, que la lucha es hermosa y la empresa es grande!”.

La Convención Nacional de Trabajadores (CNT) emitió un comunicado reiterando su Declaración del 7 de febrero sobre ocupación de los lugares de trabajo y hacía un llamado a “las organizaciones sindicales y al conjunto de los trabajadores y el pueblo, a redoblar el combate reivindicativo y programático, enfrentando la política del gobierno y la oligarquía, poniendo al frente la defensa de las libertades y derechos colectivos e individuales reafirmando en la práctica la disposición asumida desde 1964 y reafirmada por los Congresos, de ocupar las fábricas y los lugares de trabajo, organizando desde allí la salida a la calle, para propugnar que prevalezcan las soluciones favorables al pueblo y oponerse a todo designio antidemocrático”.

Al día siguiente del acto del Frente Amplio, los Mandos Militares Conjuntos habían difundido el Comunicado Nº 7. El 13

Dibujo de Francisco Laurenzo en la portada de Marcha

de febrero de 1973 el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas dio cuenta del llamado “pacto de Boiso Lanza”, que establecía su acuerdo con Juan María Bordaberry.

Seregni, en informe del 17 de febrero a las Mesas Departamentales del Interior y a las Coordinadoras del Frente Amplio en Montevideo, daba cuenta de la gravedad de la situación. “Para el pueblo, entonces, no se trata de esperar pasivamente que desde las alturas se ensayen posibles reformas. Tenemos que afirmarlas nosotros ya, para que los depositarios del poder también estén comprometidos a efectuarlas. Afirmamos, una vez más, que no puede haber soluciones nacionales sin que el pueblo organizado participe y decida. Nadie puede pretender el monopolio de la reconstrucción de la patria; todos los orientales tienen el deber y el derecho de intervenir en la empresa nacional. La consulta al pueblo y a sus organizaciones, el pronunciamiento de la ciudadanía sobre los problemas de fondo que agitan al país, la participación del pueblo, deben constituir la base de una acción fecunda del gobierno. La grave situación por la que atraviesa el país no se resuelve solamente con un acto electoral. La continua participación del pueblo es una necesidad de la patria”.

El 23 de febrero el Consejo de Ministros creaba y reglamentaba el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) integrado por los ministros del Interior, Relaciones Exteriores, Defensa Nacional y Economía y Finanzas, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas.

En ese clima, lleno además de atentados, amenazas, apresamientos y allanamientos, la “mayoría circunstancial” del CC del PS conspiraba desarrollando un relato falaz para expulsar a la tercera parte de sus integrantes.

El relato y algunos de sus promotores originales

¿Cuál era el relato falaz? “Hay una fracción que maneja el partido desde las sombras, hay una infiltración, son cripto comunistas”. Una historieta conspiranoica destinada a juzgar, condenar y ejecutar a compañeros violando groseramente la legalidad partidaria.

Estas falsedades tienen dos facetas graves: por un lado desconocían con una irresponsabilidad absoluta lo que estaba sucediendo en la vida real, los momentos inmediatamente previos al golpe de Estado y todas las luchas que las fuerzas populares habían venido desarrollando contra los desbordes autoritarios de Pacheco Areco, Juan María Bordaberry y la intervención política abierta de las Fuerzas Armadas con la justificación de la mayoría parlamentaria de los partidos tradicionales.

Por otro lado mostraba su desprecio por el Partido Socialista y sus tradiciones, es decir dieron un golpe de mano sin pensar en el daño que sus actos causarían a una fuerza integrante del Frente Amplio y por lo tanto al mismo Frente que, junto con la CNT, fueron capaces de resistir a la dictadura desde su instauración, con la huelga general y ocupación de los lugares de trabajo durante 15 días.

Ahora me voy a referir a quienes considero los principales responsables de este golpe de mano y habrá que considerar por ende a quienes integraban la mayoría circunstancial del CC del PS aquella noche del 2 de mayo de 1973. Asimismo opinaré acerca de las razones por las que lo que debía ser una acción quirúrgica y sin secuelas produjo en realidad el descalabro del Partido Socialista 48 días antes del golpe de Estado cívico militar del 27 de junio de 1973.

Hay cuatro responsables principales: José Díaz Chaves, Reynaldo Gargano, Ramón Martínez Guarino y en un segundo plano (porque no integraba la dirección) Guillermo Chifflet. Empecemos por Ramón. Un compañero que, por merecimiento propio y por su producción programática fue primero el Secretario de Organización y llegó, impulsado por los sectores juveniles, a la Secretaría General.

En realidad resultó sorprendente que alguien que nos conocía bien y con quien habíamos trabajado tanto (en su caserón de San Martín casi Luis Alberto de Herrera) fuera la punta de lanza y principal acusador con una versión conspiranoica que, indudablemente, había tenido meses de incubación y de manejo, con duplicidad y profunda hipocresía, sustentado en una delación puntual de una integrante del CC.

Ramón siguió siendo el Secretario General hasta 1974 y habría producido un documento algunas veces mencionado pero desconocido y poco más de un año después de haber actuado como inquisidor optó, personalmente, por irse a Buenos Aires. Seguramente fue un movimiento preparado con tiempo y su destino fue Neuquén, en la Patagonia argentina, donde bien lejos de la política se transformó en una eminencia del urbanismo y la planificación.

Durante medio siglo hizo un aporte muy reconocido a esas temáticas académicas. También escribió un par de libros de cuentos sobre su terruño original y la vida nos llevó a encontrarnos cara a cara hace unos treinta años.

Ramón actuó como docente invitado en la Maestría de Ordenamiento Territorial dictada acá en la Facultad de Arquitectura. Por esta razón y sin que ni él ni yo supiésemos que nos cruzaríamos, el encuentro se produjo una mañana en el hall de la Facultad, él como distinguido profesor invitado y yo como funcionario no docente de la que había sido su alma mater. Nos reconocimos y nos saludamos sin resentimientos, como si nos hubiésemos encontrado, como lo hicimos, el primero de mayo de 1973 en la explanada del Palacio Legislativo.

Ese primer encuentro no fue más allá de un intercambio de formalidades. Un par de meses después volvimos a cruzarnos en el hall y esa vez le hice una única pregunta “¿por qué te fuiste en 1974?” La respuesta fue “No había nada que se pudiera hacer”. Me quedó grabada porque fue para mi la confirmación de que aquel compañero había desarrollado una mentalidad cupular que terminó desconociendo a la mayoría de jóvenes universitarios y trabajadores de Montevideo y el interior, ingresados al Partido en el torrente militante, entre 1968 y 1973. Creo que ni él ni yo quisimos penetrar en el misterio de la actitud que adoptó entre enero y mayo de 1973.

Distinto el caso de José Díaz y de Reynaldo Gargano, ambos viejos dirigentes, indudablemente muy capaces y respetables, que se habían transformado en “viudos del poder”. Para ellos, el XXXVII Congreso, cuya votación democrática marcó la necesidad de que dieran un paso al costado (no afuera del partido sino al costado) resultó un atentado insoportable desde el punto de vista personal.

Durante casi veinte años se habían vuelto los dirigentes por excelencia, los mejores, los imprescindibles. Sin lugar a dudas egos poderosos incapaces de ceder el paso o la razón a nadie. Lo dejaron claro cuando, en 1974, sin que mediara una persecución definida resolvieron exiliarse y pronto terminaron bien ubicados como asesores del Partido Socialista de Cataluña (PSC) y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) viviendo todo ese período dictatorial en el exilio, participando en el Frente Amplio en el Exterior.

A su retorno, en 1985, desplazaron de un soplo a la dirección establecida en el país y se reinstalaron ellos como los supremos dirigentes. Está claro que calzaban los puntos para hacerlo, tenían la capacidad y la experiencia necesaria pero, por contrapartida, tuvieron un papel decisivo en el fenómeno que José Mujica señaló una vez en el sentido de que el PS se había convertido, durante los gobiernos frenteamplistas y en el exterior, en una máquina de conseguir cargos: la gestión se tragó a la política.

Finalmente Guillermo Chifflet (1926-2020), sin lugar a dudas uno de los grandes periodistas de nuestro país, socialista todo terreno influyente. Fue uno de los promotores de la versión “típica infiltración comunista” que generó el desastre del PS en 1973 xiv. En el ambiente de las publicaciones socialistas y la vieja imprenta muchos trabajamos bastante junto a Chifflet y le conocimos. Por elección propia Chifflet era un gran dirigente de segunda fila, un personaje valioso pero distante y muy preocupado por su propia imagen intelectual. Cuando se leen unos escritos hagiográficos recopilados por politólogos o historiadores, es posible encontrar, en el recorte y pegue, que se incluyen notas y editoriales que no son de su autoría, se trata de atribuciones benévolas pero incorrectas. xv.

Conspiración, alevosía y el uso del relato

Establecer un acuerdo secreto entre catorce personas, manteniendo una fachada de cordialidad y normalidad, para expulsar a otras siete miembros del Comité Central y a la secretaria administrativa del organismo, requirió como lo sostuvieron los conspiradores efectuar actividades de espionaje y seguimientos. Cosas que no se hacen de un día para otro.

Ahora bien, los “encargados de seguridad” a quienes se encomendó la investigación fueron Enrique Balla Dato (1935-2019) y Juan Angel Scardovi (este último integró la Agrupación de Militantes Socialistas encabezada por el Ing. Salles). Ellos fueron los encargados de supervisar el seguimiento a algunos de los integrantes del CC. Por otra parte, el lugar de las presuntas reuniones fraccionales habría sido en el domicilio de la familia Alfaro, en su apartamento de Avda. del Libertador y Galicia. Allí vivía con sus padres Walter Alfaro (h), Secretario General de la BJS y era público y conocido para todo el mundo en el PS que allí solíamos trabajar, especialmente Paco Laurenzo y yo. Otro lugar que frecuentábamos muchos integrantes del CC era la casa de Ramón Martínez Guarino, ya citada, ubicada en San Martín casi Luis Alberto de Herrera.

Como ya señalé, la supervisión de la vigilancia a los lugares de reunión o descubrimiento de lo que era por todos conocido, le fue encomendada a Enrique Balla y a Juan Scardovi. Con el primero de estos compañeros me reencontré en el exilio, a fines de 1977. Aunque nos conocíamos no habíamos militado juntos y él que ya estaba radicado y casado en Bogotá (desde 1974) me recibió en forma franca y solidaria. Entablamos una buena amistad y desde luego me dio información de primera mano sobre el relato conspiranoico y la participación que le cupo en los hechos de mayo del 73 que sinceramente lamentaba.

Enrique aseguraba que toda aquella versión de la fracción o la infiltración comunista había sido un invento que atribuía a los principales responsables que vengo de citar en párrafos anteriores. Con Enrique y algunos otros compañeros frenteamplistas trabajamos hombro con hombro para promover la libertad de los presos en Uruguay y apoyar a sus familias, así como para divulgar en Colombia lo que acontecía bajo la dictadura en nuestro país. En ese marco fue Enrique quien llevó a José Pedro Cardoso a mi casa y fue testigo de que el viejo puntal del socialismo se estrechó conmigo en un abrazo cordial (como si no hubiese sido quien menos de diez años antes había acompañado mi expulsión del PS, el 2/5/1973).

Ahora veamos que fue lo que sucedió el 2 de mayo de 1973 en la Casa del Pueblo. Es innecesario reiterar la densidad y complejidad de la situación política que se vivía en el Uruguay, al Estado de Guerra Interno del 15 de abril de 1972, le había seguido la Ley de Seguridad del Estado del 10 de julio del mismo año. Los comunicados 4 y 7 de las fuerzas armadas se habían dado a conocer el 9 de febrero de 1973. Independientemente de lo que se pensara respecto a todo lo que venía sucediendo, nadie podía ignorar la gravedad de la situación.

La concentración del 1º de mayo de 1973, convocada por la CNT en la explanada del Palacio Legislativo (aún no existía la Plaza Primero de Mayo tal como está ahora), fue un acto preparatorio de la huelga general que se sentía inminente ante los inocultables pujos que anunciaban el golpe cívico militar. La central obrera ya había manifestado claramente desde sus congresos de 1969 y 1971, que cualquier intentona antidemocrática – como la sucedida en Brasil contra el presidente Joao Goulart, en 1964 – sería enfrentada con una huelga general y ocupación de los lugares de trabajo que también contaba con el apoyo estudiantil y de organizaciones populares. La consigna para los socialistas era, como siempre, concurrir al acto del Primero de Mayo.

Allí nos encontramos todos los integrantes del Comité Central del PS. En esas circunstancias Ramón Martínez hizo una convocatoria personalizada a cada uno de los miembros de la dirección para una reunión extraordinaria del CC, al otro día a las 21 horas, instando a concurrir puntualmente pero sin revelar la orden del día. Aunque el CC del PS mantenía entonces un ritmo ordinario de reuniones frecuentes, las circunstancias que se vivían no llamaron la atención y el trato entre todos los que nos encontrábamos en el acto fue completamente normal.

Los que llegábamos a la Casa del Pueblo, en la noche del miércoles 2 de mayo de 1973, notamos que en la entrada y las dependencias de la planta baja había varios compañeros que no eran precisamente de los asiduos del local. En la sala de reunión, ubicada en el primer piso con ventanas a la calle Soriano, nos ubicamos los miembros del cuerpo sin orden especial alguno. Recuerdo encontrarme en un extremo de la gran mesa, Ramón Martínez ocupaba la mitad de la misma, que era más o menos la ubicación del Secretario General. Recuerdo que en el extremo opuesto se encontraba José Pedro Cardoso y en un pequeño escritorio colocado en un rincón de la sala se encontraba Bertha Sanseverino que no integraba la dirección pero asistía a las reuniones en su carácter de Secretaria Administrativa, una especie de secretaria de actas.

A esa altura se respiraba un clima de tensión importante. Los saludos y el trato deferente entre compañeros que no se había visto perturbado, el día anterior, en la jornada del Primero de Mayo, se había trocado en apenas algún gesto y actitud de frialdad por parte de los conspiradores.

La sesión empezó puntualmente con la lectura que hizo Ramón Martínez de una especie de pliego de cargos con una decena de carillas. Un querido compañero que tuvo en sus manos, semanas después, el pliego que utilizó Ramón Martínez esa noche me ha recordado que en el texto se establecía días y horas en que se habrían celebrado tales reuniones en el domicilio de los Alfaro xvi y además ciertas versiones proporcionadas por Alba Clavijo que decía haber sido testigo de lo dicho: “que había que fusionarse con el PC”, “que más valía ser cola de león que cabeza de ratón” y “que se debía haber aceptado la oferta rumana para una escuela de cuadros porque mientras otros andaban en jet nosotros andábamos en carreta”. Estos presuntos temas de conversación habían sido transformados en “orientaciones programáticas” o “conspirativas” y la delación correspondía a Alba Clavijo, exclusivamente quien había puesto todo “en conocimiento de Ramón Martínez” xvii.

No puedo hablar por la totalidad de quienes fuimos expulsados esa noche pero para mi fue una verdadera sorpresa. Los cargos eran ridículos se nos acusaba, con nombres y apellidos, de integrar una fracción que actuaba en contra del partido y de mantener reuniones a tal fin. Se citaba unos seguimientos que probarían la realización de reuniones fraccionales. Señalar que las acusaciones eran ridículas no servía porque, independientemente de que se trataba de la palabra de Alba Clavijo contra la de nosotros, se había tomado la versión de la conflictiva militante fernandina como “prueba” incontrovertible.

Llegados a este punto quiero señalar que lo de “cola de león o cabeza de ratón” era una figura de la que me hice responsable porque precisamente la utilicé para probar la necesidad de un partido socialista sólido y bien organizado (“un Partido de primera magnitud” era la consigna del 37º Congreso). Yo sostenía que no debía hacerse una imitación mímica del PC precisamente porque de hacerlo, independientemente de similitudes y diferencias programáticas, se podría inducir a la militancia y sobre todo a los cuadros medios a llegar a la conclusión de que era preferible ser “cola de león”. Es decir la imagen era precisamente lo opuesto a cualquier tipo de fusionismo o subordinación.

La acusación concluía en que se trataba de actos que merecían la máxima sanción: la expulsión inmediata del partido. Los cargos mencionaban genéricamente la intención de perjudicar al partido pero no daban cuenta de cualquier tipo de “doble militancia” (que si había sido corriente entre 1963 y 1967 y aún después en relación con el MLN-T) o de una relación concreta o de pertenencia al Partido Comunista. Eso lo agregaron los autores del golpe de mano después del 2 de mayo.

Lo primero que intentamos quienes fuimos sometidos a semejante violencia fue pedir las pruebas acerca de las actividades fraccionales de las que se nos acusaba. Que hechos concretos, publicaciones, instrucciones, directivas o manifestaciones habrían sido lesivas para los intereses del partido. Que imputación por acción u omisión se nos podía hacer en concreto además de lo delatado por Alba Clavijo (sus habladurías).

¿Cuáles eran los hechos? ¿Cuándo? ¿Cómo? Si los nombrados habíamos sido militantes absolutamente comprometidos y consecuentes, principales impulsores de la linea política decidida en forma soberana y transparente por el XXXVII Congreso pocos meses antes ¿qué razón podía tener una acusación tan destructiva para el PS sustentada en la versión de una sola persona y en reuniones que en modo alguno eran clandestinas o reservadas sino por todos conocidas?

No hubo respuesta alguna. Ninguno de los 13 acusadores (ya veremos porqué no 14) pudo (ni podía) exponer hechos, publicaciones o instrucciones o manifestaciones concretas de cualquiera de nosotros que pudieran sustentar la gravísima acusación.

Los acusados comprendimos que no había intención de permitirnos articular defensa. Era un golpe de mano, una medida de la máxima arbitrariedad. Los 13 estaban concertados. Nos habían juzgado, condenado y ejecutado en un solo acto brutal. No había acusaciones políticas, desviaciones, traición a la linea del PS de la que habíamos sido responsables en el XXXVII Congreso apenas cuatro meses antes y desde luego no las había hasta esa noche de mayo.

Los acusados como “fracción”, es decir disidencia organizada contra el partido, eramos en realidad una expresión de la gran mayoría de los afiliados. Quienes recuerdan las votaciones durante el congreso más reciente sostienen que la moción presentada por Salles tuvo a favor menos del 10% de los congresistas y más del 90% en contra. En tanto los votos obtenidos por mociones de José Díaz o Reynaldo Gargano recibían una tercera parte de las adhesiones y fueron rechazadas por las dos terceras partes de los congresistas. Las presentadas por Laurenzo, por quien suscribe, por Bosch fueron acompañadas por sólidos dos tercios de los congresistas provenientes tanto del interior como de la capital.

La reunión nocturna del 2 de mayo duró pocas horas. Por mi parte, al ver la mala fe y la brutalidad desplegadas, me despedí recordándoles la frase que Unamuno le espetó a Millán de Astray por sus gritos de “Viva la Muerte”: “venceréis pero no convenceréis”.

Fue duro, muy duro, muy doloroso pero los siete nos levantamos y nos retiramos en silencio porque estaba claro que no se nos permitiría defendernos. No querían escuchar nada, habían instaurado ese clima de violencia y querían sacarnos de en medio. Era una especie de asesinato político, perpetrado por individuos que nos conocían bien con los que habíamos mantenido una coincidencia sólida y de fondo en un Congreso celebrado 120 días antes y relaciones de camaradería y de objetivos fraternales en común. Hay que reiterar que en los cargos que se nos hicieron no figuraba una infiltración extrapartidaria o cualquier grado de involucramiento o coincidencia con el Partido Comunista. Ese fue un aderezo posterior para la campaña interna de persecución y sanciones que desarrollaron los conspiradores a partir del 2 de mayo.

Dibujo de Francisco Laurenzo

Los expulsados en ese acto fuimos: Francisco “Paco” Laurenzo, Secretario de Propaganda del PS que también integraba la dirección más reducida, el Comité Ejecutivo Nacional, el CEN (n.1945). Quien esto suscribe, Fernando Britos, era el Director Responsable del órgano del partido “El Oriental” y primer suplente en la Junta Departamental (n.1945). Carlos Bosch (1946-2017), era el Secretario Departamental de Montevideo del PS y edil titular en la Junta Departamental de la capital. Walter Alfaro era el Secretario General de la BJS y aunque no podría asegurarlo integrante del CEN (n.1945). Marcos Carámbula, importante dirigente departamental en Canelones y en el Frente Amplio (n.1947). Raúl Legnani (1949-2016), un cuadro dirigente a nivel universitario e importante periodista. Ángel Mandacen (1944-2017), era el Secretario del Interior, un vínculo y respaldo esencial de todos los comités departamentales del PS en el interior del país. Bertha Sanseverino (1946-2018) la secretaria administrativa y pieza esencial del funcionamiento del CC era dirigente estudiantil universitaria .

Cuando nos retiramos de la Casa del Pueblo, nos dimos cuenta que los conspiradores se habían preparado por si los expulsados hubiésemos reaccionado con violencia a lo que se nos infligía con alevosía. Habían citado a algunos compañeros poco conocidos para “protegerlos”. Aunque hay versiones distintas no me consta que estos individuos estuviesen armados pero si lo hubiesen estado tampoco me extrañaría. Jorge García Ramón, el autor del texto que publica Haberkorn, dijo que integraba ese grupo. Otros testigos, entre ellos responsables de seguridad de Casa del Pueblo, han dado ahora su versión. xviii

Los expulsados nos separamos esa noche y convinimos en reunirnos en el bar de la esquina de Soriano y Yi, al otro día, a efectos de intercambiar ideas sobre lo que había pasado y lo que se debía hacer. Todos éramos gente de equipo, acostumbrados a los organismos colectivos y sabíamos que debíamos tomarnos unas horas para reflexionar. Sin embargo, la noticia de las expulsiones se difundió rápidamente esa misma noche y, hasta donde yo lo se, no por iniciativa o convocatoria de los expulsados.

En aquellos tiempos yo vivía en José L. Terra y Gral. Flores. A las 8 de la mañana, llamaron a la puerta de mi casa y cuando abrí me encontré con una grupo de 20 o más compañeros de Canelones, que me conocían y habían militado conmigo durante la gira electoral del Frente Amplio en 1971. Venían en un camión y dijeron que me buscaban para ir a la Casa del Pueblo “para echar a la calle a los que nos habían expulsado”. Yo los disuadí lo mejor que pude, señalándoles que semejante conflicto nos debilitaría ante el gobierno represor y lo que se venía contra el partido y el FA. No muy convencidos se marcharon porque se proponían, en cambio, reclamar el cumplimiento de los estatutos del partido que, para el caso de expulsiones exigía que la medida fuera tratada inmediatamente por un Congreso Extraordinario.

El jueves 3 de mayo, nos reunimos en el bar como habíamos quedado. Recibimos también a decenas de mandos medios, compañeros de Montevideo y del interior. A todos les contestamos que no teníamos intenciones de enfrentar a los conspiradores para revertir nuestra expulsión, que no teníamos directivas o recomendaciones que darles y que lo fundamental era evitar un problema intestino en un partido integrante del Frente Amplio. En esa tesitura los expulsados fuimos unánimes.

También resolvimos visitar a Vivián Trías en su domicilio (el diputado del PS no integraba la dirección). Trías se mostró muy apenado, a él no le habían participado lo que iban a hacer y tampoco se encontraba en condiciones de incidir sobre lo ya consumado. Asimismo nos enteramos que Ignacio Huguet (1930-2018), el gran dirigente textil (fundador del Congreso Obrero Textil y de la CNT) que era integrante del CC se había negado a concurrir a la sesión del 2 de mayo cuando los conspiradores le comunicaron lo que iban a hacer. El principal y casi único dirigente sindical socialista se había negado a participar en el golpe de mano.

En las semanas que siguieron a la primera del mes de mayo se produjo una caza de brujas organizada por los conspiradores. Hubo varias reuniones seccionales y departamentales en las que participaron cientos de afiliados conmovidos por lo que había pasado. En esas reuniones, en forma espontánea, la militancia planteaba que se revirtiera la expulsión de dirigentes del CC y que se celebrara de inmediato un Congreso Extraordinario.

Quien más se distinguió como supremo inquisidor en esas reuniones fue Reynaldo Gargano. Hay testimonios de quienes participaron acerca de la agresividad e inflexibilidad desplegada por el “Polo” que incluso amenazaba con la expulsión a quienes reclamaban tratándolos de “fraccionalistas”. Ramón Martínez se dio cuenta que no se trataba simplemente de sacar de en medio a siete u ocho miembros de la dirección que habían sido sus más estrechos colaboradores, de modo que también se aplicó a la “depuración”. xix

También hubo reparto de sanciones severas, suspensiones en la condición de afiliado por dos años, lo máximo antes de la expulsión que se produjeron por delaciones, como la que relata Álvaro Rico a quien un amigo y copartidario denunció por comentarios personales sobre la crisis. O a Luis Senatore, en una situación similar. La Comisión de Disciplina del PS, constituida especialmente para reprimir expeditivamente a los que se oponían al golpe de mano estaba integrada por José Pedro Cardoso, José Díaz y Leonel Franzi (1920-2004).

En ese momento, no antes, aparece la acusación de “infiltración comunista”. Esto condujo a que, en las reuniones de la Mesa Ejecutiva del Frente Amplio (que se celebraban en la sede de entonces, en la calle Julio Herrera y Obes Nº 1234) los representantes del PS (Cardoso y Díaz) plantearon reiteradamente una queja contra el Partido Comunista a quien acusaban de una infiltración. A tal punto llegó esta queja impertinente que el Gral. Liber Seregni debió exigir que cesaran esos reclamos carentes de pruebas y absolutamente desubicados en relación con la situación política que se vivía. Todavía hay quien puede dar testimonio acerca de que esto efectivamente sucedió.

Los conspiradores habían subestimado a la base partidaria, cientos y cientos de militantes en todo el país, vieron el triste papel de una dirección irresponsable, que no ofrecía otra cosa que amenazas y expulsiones, ciega ante la sombra de la dictadura que se aproximaba. Exactamente ocho semanas después de aquella sórdida jornada del 2 de mayo de 1973, se producía el golpe de Estado (el 27 de junio de 1973). La enorme mayoría de la militancia reclamaba un lugar en la lucha contra la dictadura. Los conspiradores de la dirección del PS no tenían nada para ofrecerles. Entonces muchos pedimos un lugar en el Partido Comunista, o en la UJC. Algunos militantes, muy pocos, se fueron para su casa.

El PS quedó nuevamente desarbolado, sin militancia, con un puñado de dirigentes que, como dijera Ramón Martínez Guarino, concluyeron que “no había nada que hacer”, por eso se precipitó el exilio de los que impulsaron las expulsiones y difundieron la versión de un presunto fraccionalismo o infiltración comunista.

Es más, cuando el 90% de la militancia socialista buscó un puesto de lucha en otras tiendas, especialmente comunistas, solamente atinaron a concluir que eso era “la prueba de una infiltración comunista” y no el resultado del golpe que habían llevado a cabo. De aquel cascarón vacío se fueron no solamente Martínez, Díaz y Gargano, sino Melgarejo, Guerrini, Blasina, Maiztegui y otros.

A este punto dos precisiones: en primer lugar tener en cuenta lo que Álvaro Rico y Jaime Secco, cada uno por su lado, han escrito acerca de quienes dieron el paso de solicitar el ingreso al PC. “Luego de esperas, consultas y ambivalencias, las directivas que Arismendi le trasmitió al dirigente de la UJC Esteban Valenti” fueron especialmente restrictivas – dice Rico – (…) “Primero debían pasar por un periodo de prueba, otro más, pero ahora bajo una dictadura”. Después, los historiadores, los politólogos, los periodistas actuales que han comprado el relato cómodo del fraccionalismo o la infiltración comunista podrían comprobar, si realmente quisieran hacerlo, la trayectoria posterior de las víctimas del golpe de mano que estalló el 2 de mayo del 73.

La otra precisión es que el paso de los años hizo que los responsables de la expulsión y el descalabro del PS, mantuvieran, en general la llama del odio encendida pero no consiguieron extenderla a todo la militancia. No todos los que permanecieron en el PS después de mediados del 73 se hicieron eco del relato del “fraccionalismo”. Si es cierto que la mayoría de la militancia vivió el golpe de mano y la caza de brujas posterior como un episodio muy doloroso que marcó sus vidas y mostró una de las caras más feas de esos dirigentes que iban a abandonar todo en 1974 “porque no había nada que hacer”.

Hay testimonios aislados pero que pueden consultarse, por ejemplo el de Manuel Laguarda, más o menos contemporáneo de los hechos, y que llegó a ser Secretario General del PS a comienzos del siglo XXI. O el de Mónica Xavier, que era muy joven cuando sucedieron los hechos y que compró el relato de modo que 30 años después seguía lamentándose públicamente del dolor que le habían causado “los fraccionalistas” y Marcos Carámbula como comunista infiltrado xx.

En una noche de julio de 1978, entre unas cuchetas de la Escuela Lenin, en La Habana, me encontré con Frank Bueno quien me dio un abrazo a escondidas, me reiteró su aprecio y me dijo que en adelante no podía ser visto hablando o saludándome porque le podían aplicar una severa sanción. En efecto, como una especie de resabio muspiano no solamente se había prohibido hablar con los “traidores” so pena de expulsión sino que se había emitido una orden para que las o compañeros de los expulsados optaran entre abandonarlos/as o dejar de inmediato el PS.

Tampoco fue contaminada por el odio, la amistosa relación con Enrique Balla que ya referí y el abrazo que me dio José Pedro Cardoso a quien recibí cordialmente en mi casa nueve o diez años después de aquel 2 de mayo de 1973, cuando estaba en el otro extremo de la mesa del CC.

El “gallego” Manuel Nuñez (n.1947) (quien desde 1984 integró el CEN y el Secretariado del PS, participó en la conducción del Frente Amplio por su partido, fue edil y Secretario General de la Junta Departamental de Montevideo y después Senador) manifestaba a quien quisiera oírlo, “yo era de la fracción de ustedes, lo que pasa es que decidí quedarme”. Jaime Secco dice que Manuel usaba el término fracción en broma porque sabía que no había existido.

O la posición de un compañero fundamental para el funcionamiento de El Oriental, antes y después del golpe de mano del 2 de mayo, que nunca dio por bueno el relato del fraccionalismo o la infiltración, nunca justificó las expulsiones y se mantuvo al margen de la caza de brujas; se trataba de un gran periodista, Carlos Santiago (1941-2023).

La versión que Haberkorn adoptó

Ahora llega el momento de comentar la versión que el periodista Leonardo Haberkorn incluye en su último libro “Pacto de Silencio”. El autor de esa versión asegura que él no sabe si fue una infiltración organizada por el Partido Comunista o si fueron militantes y dirigentes “que descubrieron que coincidían con el Partido Comunista, pero en lugar de renunciar al partido equivocado y afiliarse al correcto según sus ideas, permanecieron en el PS tejiendo una organización clandestina dentro de este”.

Naturalmente, el personaje no pudo exponer ni una sola evidencia acerca de una linea infiltración, “fusión” o confluencia entre el PS y el PC. Lo que es verdad es que el XXXVII Congreso había reafirmado, precisamente a instancias de estos presuntos “equivocados” la necesidad de un partido socialista, organizado, militante, “un partido de primera magnitud” en el marco del Frente Amplio.

Lo que sucede es que los represores y muchos opinólogos nunca comprendieron, ni les interesó, ni participaron en el XXXVII Congreso, ni leyeron sus Tesis, ni compartieron su linea. Eran viscerales anticomunistas y sobre todo confunden unidad y coincidencia en la izquierda con sumisión y tramas conspiranoicas.

Los promotores de la acusación nunca pudieron aportar prueba de una “organización clandestina” simplemente porque no existió. García Ramón parecía interesado en seguirle sacando punta al cuento del 73 para incidir en el PS del 2015, 2020. Consideraba que el partido socialista “parece condenado a tener dos alas irreconciliables entre si, que se sacan los ojos una a la otra pero permanecen conviviendo dentro del partido”.

Aquí está el huevo de la serpiente, hay personajes, incluso muy menores, que pertenecen a la categoría de quienes medran y sobreviven en el escándalo, en la lucha interna, en la confrontación sin principios. Estas tesituras siempre se opusieron al respeto a las mayorías, al funcionamiento leal y democrático de las fuerzas políticas, a la unidad de acción y a la resolución fraternal de las diferencias.

Dibujo de Francisco Laurenzo

¿Qué fue lo que hicieron los conspiradores de mayo del 73? La mayoría circunstancial del CC traicionó irresponsablemente a la legalidad partidaria, violó todos los principios fraternales de unidad de acción y lucha de ideas que deben caracterizar a un partido político, especialmente si se trata de un partido de izquierda e integrante del Frente Amplio.

Después, el autor de la versión publicada por Haberkorn hace un salpicón al mejor estilo de la Guerra Fría, convocando a los fantasmas del anticomunismo, el estalinismo y apunta contra el XXXVII Congreso, aludiendo a discusiones en su núcleo y falseando lo que fueron realmente los intercambios que se dieron en el seno del PS entre 1968 y 1973.

Después viene la historieta rocambolesca y falsa de la presunta demostración de que “la fracción comunista” actuaba como un partido dentro del partido. Artigas Melgarejo (1942-2018) no tuvo ni arte ni parte en este asunto. Es cierto que era uno de los conspiradores, muy cercano a Gargano y a Díaz, pero los seguimientos que se presentaron en la reunión del CC del 2/5/1973 no habían sido desarrollados por el Yuyo.

Que algunos miembros del CC solíamos trabajar en el apartamento de la familia Alfaro no era un misterio para nadie. Allí incluso concurrían otros miembros del CC, como Alba Clavijo (1935-2017) o Carlos Machado (1937-2019), que en la noche en cuestión apoyaron nuestra expulsión sabiendo que trabajar donde los Alfaro no tenía nada de clandestino ni impartía directivas o instrucciones de tipo alguno. En particular la militante fernandina, que había sido Secretaria de Finanzas del PS, fue la que nos denunció (el suyo fue un testimonio solitario).

A propósito los que le contaron el cuento al autor ni siquiera fueron precisos acerca de donde se encontraba el apartamento de la familia Alfaro (en Avda. del Libertador y Galicia y no en la lejana esquina de Rondeau y La Paz). El cuento de Melgarejo disfrazado es una paparrucha que habría avergonzado al mismísimo Yuyo.

El relato fantástico sigue con la participación de García Ramón, entre “los leales” que habían sido convocados por los promotores del golpe de mano. Aquí quiero detenerme en un pasaje que demuestra mala fe. “El primero en bajar la escalera pasando por el altillo que yo estaba ocupando fue Raúl Legnani. Yo era un guacho inocente que no sabía lo que estaba pasando y cuando Legnani pasó entre nosotros, lo saludé con toda cordialidad. Recibí a cambio una mirada inolvidable que decía “Te vas a la reputísima madre que te parió”.

En primer lugar, el “leal” sabía perfectamente que lo habían convocado para repeler a los “comunistas”, sabía para que estaba allí. En segundo lugar, no era un tierno joven. El “guacho inocente” que aparentemente conocía y era conocido por Raúl Legnani en ese entonces era mayor que Raúl. En tercer lugar, la interpretación de la mirada que Raúl podría haberle dirigido puede ser cierta o imaginaria pero lo verdadero es que no hubo intercambio de palabras alguno.

El relato tiene otras notorias imperfecciones. Por ejemplo ubica a Gonzalo Carámbula (1952-2015), el hermano de Marcos, abandonando una reunión en la que no estuvo, entre otras cosas porque no integraba el CC aunque naturalmente era detestado por los conspiradores.

Después hace aparecer en escena a Jorge Guldenzoph, el Charleta, el conocido delator y represor a quien enrola en los “fraccionalistas”. Aunque asegura no haberlo conocido se muestra aterrorizado por la posibilidad de que el Charleta lo descubriera y lo metieran preso. Guldenzoph estaba en la Brigada Juvenil Socialista (BJS) como integrante del Encuentro Nacional de Estudiantes que se creó en AEBU. Pasó a la UJC y recién en 1975 se conoció su traición.

Ninguno de los expulsados el 2/5/1973 tenía relación o contacto con este criminal y los que sufrimos la represión no fue por una delación o acción de Guldenzoph. El Charleta delató y torturó brutalmente a compañeros de la UJC, algunos de los cuales fueron ex-BJS como fue el caso de nuestro querido Gonzalo Carámbula.

Después de 1985, parece que el temor y la presencia del Charleta fue olvidado completamente aunque este se mantuvo activo en la Dirección de Información e Inteligencia hasta 1996 e impune por sus crímenes hasta el 2020 (actualmente preso por diez años desde el 2024).

Otra parte del relato es que “los fraccionalistas” se habrían retirado masivamente después del 2/5/1973. “Simplemente se borraron” dice cuando sabe perfectamente que la persecución se desarrolló durante meses, incluso después del golpe de Estado. El relato se redondea con un par de perlas. Asegura haber estado en la Casa del Pueblo cuando llegaron un par de vehículos militares y entraron a desalojarla. “Nos dejaron ir porque una compañera masacró al encargado del operativo discutiéndole…”. Para ese entonces “de los fraccionalistas ya casi no quedaba nadie, se habían ido todos al PCU”.

Esta declaración demuestra que era falso lo de la migración de cientos de militantes inmediatamente después de las expulsiones del 2 de mayo (como si esa migración hubiese sido concertada y no como resultado de la crisis y las circunstancias que se vivían en el país) y, por otro lado, que la caza de brujas había continuado por varios meses con delaciones y actuación permanente de la Comisión de Disciplina hasta descalabrar definitivamente al partido y su capacidad de resistir a la dictadura. Poco después, en 1974, los promotores del desastre se marcharon.

Finalmente García Ramón se remitió al año 1992. Asegura que como periodista cubrió el Congreso del Partido Comunista para el diario La Mañana. “No podía creer – dice – viendo a aquellos mismos exsocialistas que habían pasado en masa al PCU, denunciando 20 años después, entre otras cosas, el sovietismo acrítico, el estalinismo….”. ¿A quiénes vio? ¿Realmente vio a alguien? ¿O todo es parte de las viejas mentiras? Nunca se sabrá.

Los historiadores, politólogos, periodistas y todos los interesados en promover la comprensión seria del pasado reciente pueden investigar todos los cabos sueltos de estos fenómenos. Pueden contextualizar, como se dice, lo que parece indispensable cuando hay versiones que miran la realidad por el ojo de la cerradura y pueden confrontar las versiones con los hechos. Hay mucho por hacer aunque las mentiras resulten en la comodidad finalmente perniciosa como la de los plásticos desechables en nuestra vida cotidiana.

Conclusión 1

Creo que el testimonio de un juvenil Jaime Secco, acerca de su alejamiento del PS, a fines de 1973, es más elocuente de lo que yo pueda escribir sobre estos episodios. Este es testimonio de Jaime: “Estando encargado en solitario de la guardia de Casa del Pueblo, tenía base en la biblioteca, donde no había ventanas que pudieran ser atacadas. Un día veo sobre el escritorio de Ramón Martínez, el secretario general, que estaba en esa pieza, un papel con una lista para citar a la Comisión de Disciplina que me incluía.

Calavera no chilla. Cuando se fueron los de febrero (se refiere a los de la AMS) se aplicó la absurda tesis de que al irse debilitaban a la vanguardia de la revolución y, por tanto, favorecían al enemigo y como tales había que tratarlos. Más irracional cuando algunos -muy pocos- siguen utilizando ese criterio con la gente de entonces, cuando el PS hace ya rato que no tiene la concepción mesiánica y vanguardista que le daría sustento.

Un día de principios de junio se me había acercado al mostrador de la guardia alguien que consideraba “de la mayoría” y me preguntó que opinaba. Comencé a decir una frase y me cortó: “Ah, ta”, y se fue. Me di cuenta de que me había buscado la lengua y me habrían expulsado si no hubiera sobrevenido el golpe. No por opinar distinto, sino por hacerlo ante alguien que no era de mi organismo.

A fin de año, una enfermedad me tuvo cuatro meses en cama. Quedara lo que quedara en mi barrio, no era razonable pensar que mi lugar siguiera siendo ese, que se había vuelto inhabitable. Había sido el último socialista en entrar a Casa del Pueblo, la tarde en que declararon asociación subversiva al PS, el PC, la CNT, el Sunca, el Untmra y otras organizaciones. Adentro, atrás de los libros, quedaron una escopeta, un par de revólveres y alguna otra cosa, todas con mis huellas. Nunca “aparecieron”; algunas familias de policías ocuparon el local y vendieron todo lo que pudieron aprovechar, incluyendo muebles y libros.

Pasado el verano (ya en 1974), llamé al encargado de finanzas y le entregué la llave de Casa del Pueblo y unos libros y altoparlantes para auto que había rescatado del local Mateotti, de la Unión.

Tenía 19 años. Me alejé aunque quedaron muchos de mis mejores amigos. Y, como muchos otros, sigo sintiendo esos años en el Partido Socialista como los más felices de mi vida. Seguramente porque los que siguieron fueron de dictadura; seguramente porque éramos jóvenes; seguramente porque la velocidad de las cosas no nos dejaba aburrir, y seguramente porque creíamos estar haciendo grandes cosas. Y quizá sí”.

Conclusión 2

Es difícil terminar esta reflexión sin un par de recuerdos que remiten a magnitudes muy distintas. Empezaré por la pequeñez, por la miseria política. En las elecciones nacionales de 1971, el flamante Frente Amplio resultó ser la segunda fuerza en Montevideo (por detrás de los colorados y bastante por delante de los blancos). La lista 90 que llevaba al Secretario Departamental Carlos Bosch en primer lugar lo consagró como edil; el primer suplente fue quien suscribe.

A los ediles titulares y a los primeros suplentes, la Junta Departamental entregaba una medalla de bronce lustrado, en la que figuraba nombre apellido y el cargo para el que habíamos sido electos por el periodo que se tratase. En aquella época, los ediles no gozábamos de ningún privilegio o emolumento como los que ahora se estilan excepto la tal medalla, que solía ponerse en el llavero y que obraba como pase libre en el transporte colectivo montevideano. Bastaba con mostrarla al guarda para hacer el viaje dentro del departamento.

En aquella época todos trabajábamos pero las tareas políticas ocupaban mucho tiempo y el PS, en ese periodo, no tenía funcionarios rentados. Por lo menos ninguno de los expulsados percibía dineros por concepto alguno. Por esa razón, el “pase libre” era bienvenido porque recorrer Montevideo para cumplir funciones demandaba muchos viajes en ómnibus y la pobreza del PS era proverbial. En aquellos tiempos los jóvenes no teníamos auto ni moto y a veces ni bicicleta. Recién con el dinero recibido de la Corte Electoral por los más de 35.000 votos que se obtuvieron en 1971 fue posible comprar un auto, un Plymouth del año 1954 que un panadero de la calle Rivera tenía parado y sin uso por años en el fondo de la cuadra.

Ese sedán de cuatro puertas, debidamente acondicionado por González y Cantero (ambos socios, uno socialista y el otro comunista, en su taller mecánico en la calle Domingo Aramburú) se usaba exclusivamente para las giras y las visitas que se hacían a las agrupaciones partidarias del interior del país. En la capital los recorridos se hacían a pie o en ómnibus. El Oriental se repartía en una vieja Fordson 1950 que se guardaba en la imprenta de la calle Isla de Flores.

Pues bien, una semana después de la sórdida noche del 2 de mayo, recibí en mi casa a uno de los “leales” quien con gran zalamería vino a pedirme que le entregara la medalla de bronce de la Junta Departamental. Se la entregué de inmediato y no se a manos de quien habrá ido a parar; en todo caso su uso caducó el 27 de junio de 1973 cuando la dictadura disolvió el Parlamento y las Juntas Departamentales que reemplazó con las llamadas Juntas de Vecinos, grupos de corifeos y adulones que en la capital integraban la corte de Oscar Rachetti, el Intendente Municipal que sirvió a la dictadura hasta 1983.

En otro extremo recuerdos como el de Manuel Capella (1946-2013) entrañable cantor y compañero del partido que el 10 de octubre de 1972 produjo “Se trata de caminar”, una canción que fue emblemática de toda esa época. Manuel me pidió un editorial de El Oriental que yo había escrito y que el pensaba que era la definición de la linea política que el país necesitaba y compuso la canción.

Sus actuaciones en los actos preparatorios del XXXVII Congreso de 1972 son inolvidables. Manuel era español, había nacido cerca de Salamanca pero no quería abandonar América Latina (según él era “galleguayo”). En 1973, Manuel marchó al exilio y finalmente se estableció en Ecuador. En 1978 volvimos a encontrarnos en Quito, regresamos juntos al país por primera vez en 1984.

Por eso, al escuchar las grabaciones y la presencia de Manuel en Youtube no puedo dejar de recordar a tantos queridos compañeros como Raúl Legnani, como Ángel Mandacen, como Bertha Sanseverino, como Gonzalo Carámbula, a quienes no pueden enchastrar las mentiras por más que se repitan. Para ellos aplica el estribillo de Mi canción, de El Alemán (Gerardo Dorado) “¿Cómo quieren que me olvide si ese sueño vive? No se va a borrar jamás de mi memoria esa bella historia de buscar la gloria, que alguien me contó”.

Lic. Fernando Britos V.

NOTAS

iHaberkorn, Leonardo (2025) Pacto de silencio. Ed. Planeta, Montevideo.

iiYaffé, Jaime (editor) (2022) El Partido Socialista de Uruguay desde sus orígenes hasta nuestros días. Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo.

iiiSin ánimo taxativo recordamos : “Oficialismo y oposición: la interna del Partido Socialista de Uruguay” por José Gabriel Lagos en la revista Lento del 1º de diciembre del 2015; “La rosa y su espina” en Lento del 16 de enero del 2020 por Gabriel Quirici; “Los dos cuerpos del socialismo uruguayo” por Fernando Errandonea en Lento del 1º de agosto del 2020; “La turbulenta década del 60” por Jaime Secco en La ONDA digital Nº750; “Memorias de comienzos de los 70” por Jaime Secco en La ONDA digital Nº 751 que era parte de una serie de notas; el reportaje que J.G. Lagos hizo a Manuel Laguarda en la revista Lento del 6 de agosto del 2022; Vivián Trías, el espía bohemio, por Jaime Secco en La Onda Digital Nº 838. Notable y muy importante es una extensa nota de Jaime Secco titulada “Causas de un alejamiento” (en el Nº 750 de La ONDA digital). En esa pieza Jaime se refiere documentadamente y con perspicacia a la relación de Emilio Frugoni con el Partido Socialista y a las verdaderas razones de su alejamiento. Este artículo es decisivo si se trata de comprender a los partidarios de Don Emilio que siempre se mantuvieron en el PS y a los neo frugonianos que han surgido en los últimos años.

ivEn 1974, destituido quien suscribe de sus cargos docente y técnico de la Universidad de la República, volví a trabajar en radiodifusión privada (en CX-30 como informativista y en CX 22 como locutor de cabina). Radio Universal, de Carmelo Imperio y su hijo Oscar, estaba en una casona de la calle Soriano (donde hoy se encuentra el Centro de Protección de Choferes) frente por frente a la Casa del Pueblo. Allí, me desempeñaba en un programa que desarrollaban todas las tardes Gustavo Adolfo Ruegger y Sara Otermin. Durante todo el programa, el locutor de cabina estaba sentado junto a los conductores en la cabina de trasmisión; mi función era leer los avisos, en vivo. Habitualmente concurrían invitados y participantes regulares, uno de estos era el Comisario Alejandro Otero (1933-2013) que, hasta 1970 había sido Director de Inteligencia y Enlace de la Policía. Otero, ya apartado de su cargo policial, era además juez de fútbol FIFA y en el programa veía a hacer comentarios de actualidad futbolística. En los momentos en que no estábamos al aire, la pareja de conductores y el invitado charlaban amigablemente como si yo no estuviera presente. Otero era un hombre bien informado y Ruegger le preguntó acerca de la biblioteca de Casa del Pueblo. Otero le dijo que buena parte debía haber sido enviada a la papelera Ipusa en Pando pero que, por medio de un intermediario, una parte de la biblioteca habría sido negociada por las Fuerzas Conjuntas con una universidad estadounidense.

vAlgo, muy poco, se puede encontrar en el libro del español Eduardo Rey Tristán: Rey Tristán, Eduardo (2006) A la vuelta de la esquina, La izquierda revolucionaria uruguaya 1955-1973. Editorial Fin de Siglo, Montevideo. En esa obra (pp. 121-122) Rey Tristán dice que en 1967 el PS prácticamente desapareció de la escena pública y anota que José Díaz le dijo que habían adoptado una estructura de tipo leninista más adecuada para la organización clandestina.

viLa famosa “Historia de los orientales” (1973) era originalmente una serie de artículos que publicábamos en El Oriental. Convencimos a Raviolo, de Banda Oriental, para publicarlos como libro. Rápidamente Carlos Machado se volvió el autor más leído en el Uruguay.

viiFernández, R. Y Segovia, F. (setiembre 1970) “La enseñanza en la estrategia imperialista”. Editorial Brigada, Montevideo ( la portada es de Paco Laurenzo). Además en la página Web Sitios de Memoria puede verse el facsímil del Nº15 del periódico Brigada, del 15/8/1972, que era el órgano de la Brigada Universitaria Socialista (BUS).

viiiEs posible que Carlos Terzaghi también hubiese sido recluido en el Penal de Libertad. Es algo que habría que confirmar.

ix En 1948, por ejemplo, un grupo importante de dirigentes sindicales e intelectuales habían abandonado el PS debido al anticomunismo y la distancia de los trabajadores. Entre otros José D’ Elía (1916-2007), Ruben Castillo (1922-2002), Roque Faraone (n. 1929), Milton Schinca (1926-2012), Walter Sanseviero (n. 1930) , Gerardo Cuestas (1917-1981) y Julio Rodríguez (1927-2006), que crearon la Agrupación Socialista Obrera y se declararon marxistas leninistas. Para más información ver “La unidad, un cuentito que pasó” por Jaime Secco en La ONDA digital Nº 913.

x Algunos militantes de la vieja etapa frugoniana profundamente anticomunista, habían permanecido en el partido después del alejamiento de Don Emilio, en 1963, pero, se fueron antes de 1973. Es el caso de Ernesto de los Campos quien en una entrevista que le hicieron a principios del 2003 dijo que militó “durante los años sesenta y me separé, esto no es fácil decirlo, cuando empezó toda aquella onda de los procomunistas. Entonces, también hubo errores del partido”. Cuando se le preguntó sobre su militancia anterior, durante el “pachecato” y aquella clandestinidad, De los Campos declaró: “Sí, en los años del pachecato yo estuve clandestino. José Díaz era mi contacto, junto a Carlos Altesor y otros compañeros”. Refiriéndose a su militancia bajo el golpe de Estado, respondió: “En esos días yo estaba alejado del partido. Me había ido en el 71. Milité como frenteamplista independiente. Fundé comités de base, tanto funcionales como barriales…”. La entrevista completa puede verse en https://www.lr21.com.uy/politica/207391-el-legado-de-ernesto .

xiComo expresión del clima que se vivía en aquellos momentos hay que recordar que hubo un atentado con bomba en la puerta del Palacio Peñarol, en la mañana del 7 de diciembre, que en modo alguno consiguió desalentar a la masiva concurrencia.

xiiCarlos Pérez Pereira señala que Salles y sus compañeros (Sobrino, Rodríguez, Domínguez, Ares, etc.) no se fueron sino que fueron expulsados.

xiii En noviembre de 1982, el docente e historiador colorado Alfredo Traversoni (1923-1994) polemizó con el doctor Sanguinetti señalando el perfil autoritario y dogmático de la ley.

xivCfr. Chagas y Trullen (2011).

xv Chagas, Jorge y Trullen, Gustavo (2011), Guillermo Chifflet, el combate de la pluma. Editorial Rumbo, Montevideo.

xviEsos seguimientos que Enrique Balla me dijo habían sido solicitados por José Díaz y Ramón Martínez no fueron llevados a cabo por él en persona. Jaime Secco que tuvo conocimiento directo de la persona que los hizo, menciona al “petizo de pelo oscuro” que formaba parte de la seguridad de Casa del Pueblo; sostiene que este compañero “cuyo nombre empezaba con S y estudiaba cerrajería en la UTU” fue el detective principal. Después recuerda Jaime, cuando a fines de 1984, “cuando todos habíamos pasado mil cosas, fui como periodista de La Hora al Palacio Peñarol” donde se celebraba un congreso del PS. “Golpée la puerta y no salía de mi asombro al encontrar a este botija que seguía en el mismo lugar que 13 años antes. No llamó a nadie para hablar conmigo pero nos saludamos bien”.

xvii Alba Clavijo era efectivamente la Secretaria de Finanzas del PS e integrante del CC. A mediados de agosto de 1972, su domicilio en Maldonado, donde residía con su compañera Delia Rodríguez Barrios, fue allanado por las Fuerzas Conjuntas. De inmediato, el diputado Vivián Trías viajó a Maldonado para acompañarla y manifestar el respaldo del PS. En una intervención en la Cámara de Diputados Trías denunció enfáticamente la provocación contra el PS y el Frente Amplio que se estaba llevando a cabo en Maldonado, Treinta y Tres y Cerro Largo. De hecho, el comunicado de las Fuerzas Conjuntas reiterado por El País y otros voceros derechistas decía, refiriéndose a la intervención de Trías: “diputado del PDC colabora entregando a tupamara requerida”. El comunicado que produjo el Departamento Nacional de Propaganda del CC del PS repudiando la provocación se publicó, entre otros, en Brigada, el boletín de la Brigada Universitaria Socialista (BUS) Nº15. El mismo puede leerse en: https://sitiosdememoria.uy/sites/default/files/2025-11/02/brigada-n15_f8-1972.pdf

xviiiJaime Secco, quien con junto con Tato Gambaro, más “un compañero de Veterinaria medio rubio que nunca hablaba de política y otro más petizo de pelo bien negro”, se turnaban para hacer las guardias. “Esa noche – dice Jaime refiriéndose al 2/5/73 – yo estaba encargado de la guardia. No me acuerdo cuantos vinieron – dice refiriéndose a los refuerzos que había pedido Martínez – pero no diez o doce. ¿Habían elegido el 2 de mayo porque le pidieron a algún secretario seccional afín que mandara gente afín? No puedo decirlo. Pero desde mi punto de vista, no hubo nada demasiado distinto. Cuando se fue el CC cerré la puerta, fuimos a la sala del CC y armé los turnos, como siempre, no veo motivo por el que hubiera hecho algo distinto”.

xix Carlos Pérez Pereira sostiene que “siempre rechazaron la aplicación de los estatutos y se negaron de plano a la convocatoria de un Congreso Extraordinario porque sabían que perdían por destrozo. Hay que explicar claramente – dice – que la mayoría del CC del 2/5/1973 era una franca minoría y que los expulsados no trataron de que se fuera alguien del PS. La corrida era imparable por la actitud de los conspiradores y se demoró porque nadie quería perjudicar al partido. Los conspiradores adujeron que la demora se debía a que “los fraccionalistas” querían arrastrar consigo a la mayor cantidad de gente. Pero después vino el golpe de Estado, alguien se fue hastiado del clima de odio y persecución, otros siguieron y fue el desbande”.

xx La Dra. Mónica Xavier es recordada por haber declarado que “no hay historia oficial del PS ni la va a haber”.(declaración efectuada durante el lanzamiento del libro editado por Jaime Yaffé (Ob.Cit.). Véase en La ONDA digital.

 

 

 

 

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