Tras la forja de un mejor mundo

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“La solidaridad con los que están más lejos te ayuda
a aprender a ser solidario con los que tenés más cerca”

Un grupo voluntario de comunistas uruguayos, exiliados a causa de la dictadura militar de 1973, conformados en brigada civil, participa de la reconstrucción de Angola, cuando esta inicia el camino hacia el socialismo. Serán cuarenta y tres voluntarios, quienes practican el internacionalismo, hay maestros, obreros de la construcción y de otras profesiones: mecánica, diseñador gráfico, odontología, agronomía, carpintería, medicina, pediatría, asistencia social, docencia universitaria, psicología social, contadora, ingeniería, arquitectura, tornería, administración, panadería, enfermería, restauración.

El autor de este libro, Roberto López Belloso, es periodista y poeta. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en tres ocasiones, así como los premios Onetti y Bartolomé Hidalgo. Fue jefe de redacción de Brecha. Actualmente es el director de la edición uruguaya de Le Monde Diplomatique.

A partir de veinte entrevistas realizadas a algunos de los participantes directos, intercalando recuerdos que le dan un tono de crónica periodística algo novelesca, y apoyado en un conjunto de archivos desclasificados y fuentes documentales, va desarrollando las distintas peripecias del grupo de cuarenta y tres uruguayos en un medio totalmente extraño, bajo condiciones hostiles de guerra, en el marco de la Guerra Fría. Está contada desde las anécdotas o por las referencias de las fuentes consultadas, yendo de lo general a lo personal, de ida y vuelta. Además, hay cambios de perspectiva, como de quienes estuvieron en Angola siendo niños y su relacionamiento con sus pares del lugar: “ellos nunca iban a la casa de esos niños (…) No sabían dónde vivían”, lo cual generaba una distancia, una extrañeza. “Nombrar a los hijos en alguna de las lenguas locales será una señal del pasaje por Angola para varios…”.

El 13 de noviembre de 2025, en el Café la diaria, se hizo la presentación de la segunda edición del libro, en el marco de los 50 años de la independencia de Angola, y que contó con algunas personas que estuvieron allí.

La labor de los integrantes de la misión resuelven problemas concretos de la construcción del socialismo angolano, sorteando diversos escollos.

Circunstancias

A raíz de la independencia, en noviembre de 1975, y la posterior invasión del país africano por Sudáfrica y Zaire, que pudo ser controlada, el 4 de febrero de 1977 llega el primer contingente uruguayo. No hay antecedentes de algo similar, puesto que los comunistas que participaron en la defensa de la República Española o los que se entrenaron para reforzar la guerrilla del Ché en Bolivia, eran parte de una misión armada, y esta es totalmente civil. La llegada de este primer grupo, y posteriormente del resto, se da tras un acuerdo entre Agostinho Neto, presidente de Angola, y Rodney Arismendi, secretario general del Partido Comunista de Uruguay (PCU). Lo que se intenta es la solidaridad con el pueblo de Angola y dotar de experiencia profesional para la construcción del socialismo, al mismo tiempo que se buscaba “contrarrestar, en los hechos, el acercamiento de la dictadura uruguaya con el régimen del apartheid de Sudáfrica” (que gobernó ese país entre 1948 y 1992).

Entre junio y setiembre de 1976 se realiza la evacuación de los comunistas uruguayos de Buenos Aires hacia La Habana, a raíz del golpe de Estado en Argentina. Inmediatamente arribados a Luanda, la capital de Angola, se integraron a la Misión Civil cubana. Cincuenta mil cubanos participaron en las tareas civiles de reconstrucción entre 1977 y 1991, mientras que desde octubre de 1975 ya hay asesores militares cubanos colaborando con el Movimiento Popular de Liberación (MPLA) de Angola. 

Los integrantes del contingente uruguayo habían sido seleccionados por Arismendi por su alto nivel profesional y por confianza política. “Las condiciones de seguridad son demasiado precarias. Apenas el año anterior la invasión extranjera había sido detenida a veintitrés kilómetros de la capital” (batalla de Quifangondo). En ese entonces la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), de Jonas Savimbi, es la amenaza más importante para el gobierno, por el apoyo de Estados Unidos y Sudáfrica, a pesar de su origen pro chino y que habían combatido a los portugueses desde el año 1957. Angola tenía necesidad de profesionales ya que tras el éxodo masivo de los portugueses residentes en el país, habían quedado sin técnicos capacitados para que funcionaran las distintas fábricas y empresas, por ello irán llegando búlgaros, polacos, checos, soviéticos y, a nivel individual, chilenos y dos o tres argentinos, “…sólo los cubanos y los uruguayos estábamos de manera organizada”. De los vietnamitas, dicen: “Los vietnamitas no entienden nada del idioma y es muy difícil entenderlos a ellos. Pero son de fierro. Siguen y siguen para adelante”.

La primera mención del grupo, es del 18 de febrero de 1977: “Una brigada de médicos exiliados uruguayos llegó a la República Popular de Angola para prestar servicios. El grupo está integrado por dos pediatras, dos estomatólogos y varios docentes en ciencias básicas. El grupo comenzará en breve a prestar sus servicios en Luanda” (noticia publicada en Granma, periódico cubano). A pesar del clima, al que no pudieron adaptarse del todo, de las duras condiciones de vida, precarias, sólo una gran convicción política los hizo desarrollar una tarea necesaria y útil. Durante los primeros cuatro años “su labor será gratuita, recibiendo de los cubanos casa, comida y un pasaje aéreo anual para vacaciones”.

No faltará, en su momento, el recuerdo sobre el Meme Altesor, caído en Nicaragua, poco tiempo antes del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la huida del dictador Somoza. Se realizarán las Jornadas Afro-Latinoamericanas contra el Racismo y el Apartheid en África Austral y el Fascismo en Uruguay y otros países de América Latina, con el MPLA, el ANC de Mandela, el Frente Patriótico de Zimbabue y la Organización del Pueblo del África del Sudoeste de Namibia, más la CNT y la FEUU, con delegaciones de treinta y siete países. La poesía uruguaya de combate, en una tirada de diez mil ejemplares, se reparte gratis. Incluso, harán un boletín para el gobierno, hecho después del horario de trabajo, gracias a la confianza que el MPLA tenía en su labor, a tal punto que “en la universidad las personas nos veían como gente del MPLA”.

El ejercicio de la medicina, el crear médicos angoleños, fue una de las principales metas al comienzo: “No caímos en el error de tratar de imponer un esquema institucional que fuese una réplica de lo que habíamos aprendido en Uruguay, [sino que tratamos] de entender la sociedad que nos rodeaba y actuar en función de ello”. Con cortes de agua constante y bajo nubes de mosquitos, las enfermedades se reproducen, como el paludismo, por ejemplo. Con el conflicto armado, un psiquiatra dice: “muchos casos tienen que ver con el desarraigo del campo. Gente que llega a la ciudad y cae en episodios sicóticos. Intenta muchos abordajes hasta que se da cuenta de que lo mejor no es medicarlos sino lograr que regresen a su lugar. Puede parecer un gesto de impotencia, pero también la búsqueda de un remedio de normalidad en esa demencia colectiva que es una sociedad en guerra”. “Las más de las veces (…) casos de trauma de guerra y con una cultura a la que le cuesta entender que la enfermedad es un proceso”. Es la descripción de otro mundo, con otros valores más, si se quiere, primitivos, o que comporta formas primarias de conducta.

Formar profesionales es el principal desvelo, “…el angolano (…) es un hombre socialmente muy alto y muy amigable”.

La roja tierra

Mientras tanto la situación política es inestable y hay un intento de golpe de Estado de una fracción del MPLA (que habían sido expulsados del comité central), toman el aeropuerto, la radio y varios cuarteles. Una versión dice sobre la participación cubana en retomar el control y salvar al gobierno de Agostinho Neto, y luego hubo una purga con cifras que alcanzan a los treinta mil muertos (según la agencia Swissinfo). Los fraccionalistas al parecer eran “amigos de la Unión Soviética” (de hecho hubo una puja entre los cubanos y los soviéticos por imponer su estrategia militar durante todo el período), pero luego de derrotado el intento golpista, el gobierno renueva el apoyo de la URSS, calificando a los fraccionalistas de “pro albaneses o maoístas”.

Estará la masacre de Cassinga, en Namibia, en un campo de refugiados de la SWAPO –guerrilla por la independencia de Namibia–, con seiscientos muertos: “La sombra de un nuevo My Lai”, ocurrido diez años antes en Vietnam, donde hubo 504 vietnamitas muertos.

A pesar de estar prohibida, por las lesiones que causa, las bombas de fragmentación hizo estragos, y por ello los médicos, “además de los mutilados de miembros inferiores, hay que atender a quienes pierden parte de la carne”.

La situación política interna en medio del conflicto regional, se divide en torno a dos posiciones, una liberal-nacionalista, que busca acercarse a Estados Unidos y a Sudáfrica, y otra de tipo progresista-socialista, alineada al campo socialista. La rectificación de rumbo: “Por primera vez en nuestro país, trabajadores de todas las generaciones, de todos los sectores, tuvieron la oportunidad de, libre y francamente, exponer sus críticas, a veces duras, violentas y justificadas a los organismos de dirección del partido y del gobierno”. Sin embargo eso derivó en una burocratización que enlenteció la propia rectificación.

La edificación del socialismo: imaginar el construir a partir de las ganas de que fuera algo

La actividad de construir una nueva sociedad “…se refleja en la acción de gobierno (expropiadora y creadora), en la formación ideológica “hacia un partido de los trabajadores” y en la “agitación” en las organizaciones sociales ligadas al gobierno, con un rol preponderante del Departamento de Organización…”. Habrá confiscaciones, creación de entidades y sub entidades, formación y organización de cuadros partidarios, folletos, libros editados en Portugal (el Instituto Nacional del Libro y el Disco), poemarios y novela histórica, el festejo del Día de la Mujer (Organización de la Mujer Angolana – OMA). Gabinete de Estudios y Proyectos para hacer proyectos para el Estado (facultad de Arquitectura), un Instituto de Computación, el Instituto Angolano de Cine (portuñol y francés).

El impacto del cine al aire libre para grandes sectores de la población que nunca habían visto una película, inicia una política de entretenimiento sano, puesto que no había cafés ni otras distracciones. Los libros serán baratos, para impulsar la lectura. No hay televisión. La cultura tradicional de la poligamia impulsará métodos novedosos para combatirla. Pero la guerra impide el movimiento por las rutas y distorsiona las relaciones comerciales y humanas. “La realidad social –dice una asistente social– impactaba por la brutalidad que había ejercido el colonialismo y las secuelas dejadas en la población. Era la primera vez que me enfrentaba a problemas tan dramáticos vividas por seres humanos en situación de necesidad extrema, y con esta realidad conviví durante todos los años que estuve allí”. Por ello el objetivo primordial es formar gente, ya que “un grupo reducido amplifica, en su micro mundo, lo bueno y lo malo”.

En 1979, Rodney Arismendi hará una gira por Angola, porque quiere estar al tanto de todo, y allí dice que “el derrumbe de las dictaduras en América del Sur es importante no solo para los pueblos de nuestros continente, sino para los de África, el derrumbe de los racistas en África importa para todas las fuerzas democráticas de América del Sur”. Poco después de esa visita muere el presidente, Agostinho Neto, con un entierro multitudinario, donde había “todo un pueblo llorando”.

La realidad los golpea. Gente subnutrida, enferma, “…la inequidad social extrema y las precarias condiciones de vida que encontraban en la mayor parte de la población; villas miseria, falta de higiene y cuidados médicos, enfermedades graves, mortalidad infantil, cortes de agua, analfabetismo, y una ignorancia generalizada”, con el telón de fondo de la guerra. Integrados a la Misión Civil cubana, la brigada desarrolla actividades en las zonas calientes, donde la guerra es impredecible y las condiciones de seguridad son variables. ¿Por qué van, entonces? “En el caso de los uruguayos (…) porque lo de Angola se vive como “la continuidad de la lucha”. Una forma de asumir el exilio, no como un refugio sino como una trinchera”. Para los cubanos, la experiencia de Angola marcará una época: “Si a los cincuenta mil cooperantes se le suman los trescientos ochenta mil soldados (…) [se] calcula que cada familia tuvo un integrante vinculado a la larga misión africana”. “La mayoría –escribe una académica alemana– fue persuadida no solo por el concepto de internacionalismo sino por la convicción de que estaban haciendo lo correcto”. A eso se le pueden adjudicar otras motivaciones, “el deseo de ver mundo”, o un prestigio singular para quienes vuelven. “Habría que acotar que en la Cuba de entonces no era fácil negarse a ese voluntariado, con muchos elementos de presión…”.

Hay anécdotas duras, como por ejemplo: en una fazenda, “…hubo un problema  cuando la invadieron los monos. Pero manadas de monos. Rompían todos los bananeros. Entonces tuvo que ir un grupo importante de tiradores a matar a los monos. Uno de los tiradores era otro compañero de la brigada. “No voy nunca más a una cosa de estas”, me dijo al final. Porque ¿sabés qué? Los monos, si solo los herías, se tiraban al suelo y lloraban. Como criaturas…”.

La guerra se intensifica y los cubanos “se hacen cargo de manera directa de los combates obteniendo la victoria decisiva de Cuito Canavale” (Ver Lecciones de historia: La batalla de Cuito Canavale, de Sergio Schvarz, en La Onda Digital Nº 936).

La intención de la dictadura de Salazar, en Portugal, era que “Angola fuera la capital del imperio portugués en África. Por otro lado, había una población local de blancos nacidos en Angola que estaban muy orgullosos de su origen”, y cuando se van los portugueses, todo deja de funcionar: “Luanda, la capital, es una ciudad colapsada. Los transportes públicos no funcionan. Los autobuses, faltos de mantenimiento, yacen abandonados en los solares yermos de la capital, la mayoría de las veces con menos de dos años de rodaje. Cualquier gestión administrativa es una aventura en el mundo de los papeles, que puede durar días o meses. La escasez de alimentos, unida a la anarquía de los abastecimiento, originan colas gigantescas los días de distribución…”. El Congreso Extraordinario del MPLA, ve la “necesidad de castigar a los dirigentes, responsables técnicos, agentes de Defensa y Seguridad, y a todos los trabajadores del sector estatal en general, que practiquen, encubran o sean cómplices, o por cualquier otra vía estén ligados a prácticas contrarrevolucionarias”. No puede haber contemplaciones.

La guerra, mientras tanto, continúa. Pretoria lanza una nueva operación militar.

Siempre estuvo presente el regreso a Uruguay

Los integrantes de la brigada se enterarán del plebiscito de 1980, porque “estábamos siempre de cara al Uruguay”, y se enterarán, también, de la situación de Polonia, Lech Walesa y Solidarnoc (Solidaridad), aunque esto último no impacta en Angola porque “el de Angola era un proceso de independencia nuevo y, en realidad, lo que pasaba en el resto del mundo, fuera de lo que era África Austral, ni siquiera salía en la prensa».

“Las enfermedades eran una posibilidad que estaba alrededor” nuestro, se tomaba quinina todos los lunes para el paludismo (la quinina tiene efectos secundarios), y antes de ir hubo que vacunarse un montón de veces, “en especial contra la fiebre amarilla”. Además, estará la enfermedad del sueño, la mosca tse-tsé y luego el sida, que se transformará en un problema muy grave, así como el cólera y el sarampión. Los mosquitos proliferaban y no había nada para combatirlos. La luz permanecía encendida y los espirales eran difícil de conseguir, por eso el uso casi permanente del ventilador y al final el aire acondicionado. Pero era un verdadero problema.

A pesar de las circunstancias, se participa en un torneo de ajedrez con portugueses, rusos, cubanos y uruguayos, y el fútbol es una pieza importante, una referencia, formará parte de la identidad entre los niños de los brigadistas. “El choque estuvo en lo afectivo”, y la integración nunca es completa, “ya que la mirada siempre está puesta en Uruguay”. El Uruguay era “el lugar lejano en el que estaban sus abuelos, tías y primos, afectos muy presentes…”. Porque “el exilio tiene de todo. Pero lo que no tiene es familia”, apenas los hijos y los padres. Y, sobre todo, “Uruguay era el lugar al que había que volver”, ya que si bien hubo discusiones sobre la vuelta, primó el sentido de pertenencia. La falta de agua será una pesadilla, y las sensaciones olfativas se verán incrementadas por el calor: “El olor a tierra. El olor a petróleo. El olor fuerte de la gente. El olor fuerte de los bichos”.

Se contará, aquí, alguna de las historias de la gente que pudo escapar de la dictadura, en la figura de “el Abuelo”, con setenta años, que había sido el médico de Minas. Le toca una tortura brutal, “lo sacan del cuartel y lo tiran en una cuneta para que no se les muriera adentro. Pero el viejo era duro. Siguió” (murió a los 93 años), porque la historia que se cuenta habla de la brigada en Angola pero nos muestra la talla de sus componentes.

En 1981 “se consolida el nuevo formato de la brigada uruguaya”. Se independizan de la misión cubana y pasan a ser “cooperantes” (con contratos laborales específicos). Tendrán una situación híbrida, “entre la solidaridad del internacionalismo proletario de los partidos que compartían una misma ideología, y la solidaridad de las organizaciones sociales o personas individuales del mundo capitalista”, con un salario de 200 dólares mensuales, “pero la mayor parte de ese sueldo estaba destinada a ser enviada a Uruguay a los efectos de subvencionar los gastos del PCU en la clandestinidad”.

“Uruguai um povo en luta”, era una audición de Radio Nacional de Angola, en español y traducido al portugués, que significó una visibilidad popular a la lucha contra la dictadura uruguaya.

Para los más jóvenes, la música que se escuchaba alternaba las murgas La Reina de la Teja, Falta y Resto o Araca la cana y Canciones para no dormir la siesta, con las canciones tradicionales angolanas. “Había cosas que asociaba con Uruguay, pero porque le gustaban mucho a mi madre o le gustaban mucho a mi padre, o le gustaban mucho a algún amigo de mis padres. La música, tal vez. La música así, como más solemne, tipo Zitarrosa, y toda la parte como de tango, pero más por mis viejos”. En definitiva, ¿qué era el Uruguay?, era una pregunta para aquellos que casi no habían vivido en el país: “Una idea absolutamente extraña (…) medio incomprensible”. “Uruguay era todo. Nosotros estábamos ahí siempre sabiendo que íbamos a volver”, pero donde la identidad se trasmite por los padres: “…vivía en una cosa un poco extraña, como un limbo (…) como esas familias de diplomáticos que un año están en un lugar, después dos años en otro…”. “No se hablaba específicamente de eso (de la guerra). Capaz que era una forma de mantenerse lejos…”.

Las armas en el territorio: el fusil de asalto AK-47, una pistola Makárov y una granada, era lo que tenían los más integrados a la dinámica de la misión civil cubana (pero no se puede asegurar que todos tuvieran esas armas). Se les enseña, a los niños, el manejo de las armas, con campamentos militares para niños y adolescentes, lo que es, sin duda, una locura, pero así es la guerra. Dice alguien “…a mí, con diez años, papá me enseñó a armar y desarmar la Makárov…”. “A mí me quedó una ligazón muy fuerte con África, son una belleza de gente. Ver lo que hacen, la alegría que tienen. Cómo en medio de todo ese desastre siguen teniendo un corazón puro”.

Contradicciones de un proceso

Dice Brezhnev, en 1981, justificando la intervención militar soviética: “Cuando hay fuerzas que son hostiles al socialismo y tratan de cambiar el desarrollo de algún país socialista hacia el capitalismo, se convierten no solo en un problema del país concerniente, sino un problema común que concierne a todos los países comunistas”. Estados Unidos también se involucra en el conflicto armado tanto en Afganistán como en Sudáfrica, aunque en el país africano hay diferencias dentro de los mismos norteamericanos: “Lo curioso del momento es la ausencia de consenso en Estados Unidos respecto a las acciones de sus socios sudafricanos. Mientras Reagan muestra su apoyo a quienes ve como el escudo contra el comunismo en esa parte del mundo, industriales y banqueros opinan que sostener al statu quo racista es hacerle el juego al enemigo. Un cambio de régimen moderado y sintonizar con quienes se oponen al apartheid podría ser la mejor carta a jugar por Occidente para detener la influencia soviética y cubana en Angola…”. De hecho en agosto de 1981 Sudáfrica invade Angola y penetra más de doscientos kilómetros, con quince mil soldados. El final del apartheid, por tanto, es fundamental para Angola y Namibia.

La estrategia y la táctica de la guerra, se expresa en la idea de Fidel Castro: “propone dejar en la frontera algunas unidades livianas, trasladar el grueso de las tropas más adentro en el territorio y desarrollar la guerra de guerrillas en la retaguardia sudafricana. Si ustedes quieren darle un combate –sostiene Castro– hay que obligarlos a llegar hasta la línea que defienden las tropas cubanas, donde comenzaremos a tener la supremacía. Enviar las brigadas al contraataque significa lanzarlas a una acción irracional, sin posibilidades para el éxito”. De hecho esta estrategia se coronará con un éxito total en Cuito Canavale.

Dentro del gobierno angolano la lucha contra la corrupción enfrentará a los nacional-liberales y los progresistas-socialistas, sobre todo con “…sospechas sobre la naviera estatal Angonave y acerca de una red de tráfico de diamantes…”, con “prácticas mafiosas (…), por funcionarios corruptos y empresarios sin escrúpulos”. Es en ese contexto que el autor se aventura a narrar uno de los episodios más sonados, que involucra a uno de los brigadistas: Esteban Valenti, el que es acusado del supuesto “robo” de diamantes o el enriquecimiento personal. El propio involucrado dará su versión, que desmiente, en forma terminante, tal acusación.

Las diferencias entre los progresistas-socialistas y los liberal-nacionalistas son cada vez más pronunciadas; ganarán los últimos. “Aquí son los candongueros [estafadores o contrabandistas], que hoy crecen a la sombra de pequeños negocios más o menos lícitos, de transportes de personas o mercancías, intercambios desiguales con los campesinos o los pequeños comercios en las ciudades, desvíos y robos, falsificaciones de documentos, los que van acumulando capital, convirtiéndose en una nueva clase salvaje de empresarios que luego, cuando la cáscara de la utopía ya no sirva, van a crear impúdicamente el capitalismo más bárbaro (…) empresarios que van naciendo en los intersticios del “poder popular”, amparados en los avances de los “liberal-nacionalistas” ”.

Hay un cierto desconocimiento de la realidad: “Los compañeros responsables del partido tuvieron la gentileza de hacerme varias charlas para explicarme lo que era Angola, pero no estaba en condiciones de entender. Me hablaban de la situación, de la guerra, del conflicto que nos dejaba aislados, como nos dejó varias veces aislados, realmente, y terminaban esas conversaciones diciendo: “Pero el problema es el agua”. Y en esas circunstancias, donde faltaba el agua hasta para lo más elemental, se resaltaba el compromiso. “Angola como aprendizaje, es el lugar donde se te van las ganas de hacerte problemas por cosas menores”. Además, “al lado de los angolanos siempre éramos privilegiados”, y “la gente del pueblo nos quería mucho, creo que porque no éramos orgullosos”.

Las negociaciones entre Angola y Sudáfrica, incluyen a Namibia, la Swapo y las presiones de Estados Unidos de un lado y la Unión Soviética del otro. La presión que sufrió Botha, presidente de Sudáfrica, fue “por parte de los norteamericanos en el sentido de entregar la independencia de Namibia a la Swapo y luego intentar sustraerlo de la influencia soviética”.

Se cae la dictadura. 1983

Los hechos que pautan el fin de la dictadura se van dando, uno a uno. La creación del PIT, la Asceep, la concentración del 1º de mayo de 1983, el Río de la Libertad en el Obelisco, el 27 de noviembre, repercuten entre los integrantes de la brigada. Si bien ya había pasado el plebiscito de 1980 y las elecciones internas de 1982, lo que sucede ese año es un verdadero sacudón. Las visitas de algunos que vienen del país, aseguran el final, por más que antes hubieran pensado que la dictadura podía durar mucho tiempo.

La relación de los comunistas uruguayos: con el PCP (portugués), con la Swapo (Namibia), y el Frente para la Liberación de Timor Este e incluso con el Frelimo (Frente para la Liberación de Mozambique), “pero nada se parece a la estrecha relación con el ANC [Congreso Nacional Africano] de Mandela”. Cuenta un brigadista: “Oliver Tambo [que era el presidente del ANC desde 1967] era el otro gran amigo (…) Era el Mandela libre. En realidad fue el jefe de Mandela. Yo trabajé con él dentro de Sudáfrica (…) Cuando Tambo iba a Italia la agenda de reuniones se la preparábamos desde el PCU”.

En el territorio, sin embargo, los combates arrecian y Fidel Castro sostiene “que el punto central de la resistencia a cualquier avance de la Unita o de Sudáfrica debe ser Cuito Canavale, y retira las tropas cubanas del este de Angola, que está a 250 kilómetros de las líneas de defensa. Mandela dice, sobre la estrategia cubana: ·”Destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco [e] inspiró a las masas en la lucha de Sudáfrica… Cuito Canavale fue el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente y de mi pueblo del flagelo del apartheid”. Y esa segregación se expresa, plásticamente, así: “Cuando los negras viejas venían caminando por las calles de la zona de casa y pasaban por delante de donde yo estaba, si iban fumando se tragaban el cigarro. Lo dejaban atrás del labio y después que pasaban lo volvían a sacar. Porque en la época de la colonia ellas no podían fumar delante de un blanco”.

La guerra contamina todo: “había mucho juego vinculado con la guerra”, por ejemplo, “tres casquillos chicos valían uno grande, un poco como pasaba con los bochones y las bolitas en Uruguay”.

La brigada, que primero estuvo integrada a la Misión Civil cubana y luego como “cooperantes”, con un salario que la mayor parte se entregaba al PCU, finalmente alcanza un nuevo estatus, donde ese salario queda, en su mayor parte, para la familia, por la posibilidad que se abre entre 1984 y 1985 para el retorno.

La despedida

Las diferencias entre los soviéticos y los cubanos son notorias, y de este modo se justifican los soviéticos: “no es que nosotros estemos contra la cosa clásica. Si el enemigo actuara clásicamente ya lo habríamos derrotado, pero hasta ahora no lo ha hecho así”. Por otra parte, el asunto de los diamantes y el tráfico se hace público: En octubre de 1984 El País de Madrid da cuenta de que el juicio de los 123 acusados en el proceso por tráfico de diamantes y divisas se salva en Luanda con una pena de muerte y prisión contra decenas de inculpados, incluyendo a varios portugueses residentes en Angola”. “Sin embargo, casi todos los acusados del caso Kamanga saldrán libres al año o año y medio de prisión efectiva”. Se habla “de unas diez mil personas ganándose la vida con la minería artesanal (…) cualquier persona armada con una pala y un tamiz puede recogerlas, por lo que a las grandes mineras les resulta complicado quedarse con ellas”.

“Caímos en emboscadas y también fuimos a buscar a otra gente que había caído en emboscadas, para sacarlos, para salvarlos. (…) …íbamos con un poder de fuego importante (…) …un AK-47 con su cargador y a la cintura seis cargadores más (…) La Makárov y otra que era como un fusil, la Browning 9 mm”, “esa flexibilidad” (la de los civiles que deben estar armados para defenderse de los ataques) es algo habitual…”, y por ello “todos reciben entrenamiento militar  básico”. Para Fidel Castro, “la eficiencia de las actividades civiles disminuye el número de vidas que se sacrifica en esta lucha”.

Aunque no se hablaba de eso en voz alta, había indicios de que no todo estaba bien en los países del campo socialista, pero nunca imaginaron el desplome que sucedió después.

 “El regreso también está pautado por el partido. Hay quienes vuelven unas semanas antes de las elecciones. Otros el mismo día en que asume Julio María Sanguinetti, el primero de marzo de 1985”. Fue una experiencia, la del retorno, muy organizada. Enrique Rodríguez (dirigente histórico del PCU) habla de “la necesidad de que, al caer la dictadura, los compañeros regresaran”. Y “todo ese proceso final fue bravo. Porque mucha gente, yo creo que casi todos, tenía ganas de quedarse más. Habíamos generado una experiencia tan peculiar, una relación tan profunda con la gente…”. Además, “la mayoría volvió con una mano atrás y otra adelante”.

Las despedidas son varias: “el ANC organiza un espectáculo artístico de despedida. No son los únicos”. Y “la peripecia del desexilio se amplifica en el caso de los hijos de los brigadistas”, porque retornan a un país que no conocen. “El sentido era volver (…) aunque el país no nos estaba esperando para nada y no fue del todo amable con nosotros”. “El partido no era que te obligara a volver, pero siempre decía que había que estar de cara a Uruguay”.

El mantra de los exiliados es que no son “ni de allá ni de acá ni de ningún lado”. “Todo lo que tus (los) padres te habían dicho que era Uruguay no existía”. La reinserción, tanto para los niños-adolescentes como para los adultos, fue difícil. “Esa misma nostalgia  que nos habían transmitido sobre un Uruguay que no conocía, en la adolescencia me afloró sobre un país al que no podía volver y que en el fondo tampoco conocía”.

La solidaridad, también es de vuelta, con la creación del Comité Uruguayo contra el Apartheid (Cucap), las manifestaciones frente a la embajada de Sudáfrica, las conferencias, la exposición de arte correo, el Centro Cultural Agostinho Neto, y la otorgación del título Honoris Causa a Mandela por parte de la Universidad de la República, entonces todavía preso, en 1988. El Cucap se vuelve uno de los orígenes de Mundo Afro.

Durante el Congreso Extraordinario de 1992, el PCU vive una crisis que lo lleva a la división. “En el PCU, hasta ese momento, la dictadura del proletariado era una de las piedras angulares de toda su historia teórica, y del propio nacimiento del partido en 1921. Era el perno de su definición leninista, de la polémica de Arismendi con los eurocomunistas en las conferencias de los partidos comunistas en los años 60. Era un cimiento. Y sacudir los cimientos es duro, muy duro. Todos éramos capaces de ser críticos hasta que llegábamos a las puertas de los templos sagrados, allí reinaba el silencio. Y Jaime [Pérez] se animó”, dice Valenti”. En ese momento Jaime Pérez, quien era el secretario general del partido, rechazó, públicamente, “cualquier tipo de dictadura”.

 “Seguir militando en Uruguay es la realidad más evidente que se plantean casi todos al retornar”, pero vino el fin del socialismo real. En Checoslovaquia, después de la caída del socialismo, “…lo único que les importa son los autos”.

“Angola tuvo la desgracia de que Agostinho Neto se le murió en el segundo año de su independencia; médico, poeta, en fin, un tipo con un carácter impresionante. Lo único que sé, y por eso no quiero ir nunca más a Angola, es que hoy existe un capitalismo salvaje…”. Por eso no volvieron. La idea que los motivó, la construcción del socialismo, murió, asesinada por el capital.

Sirva como cruda constatación de todo lo que sucedió después en Angola, como en otras partes del llamado campo socialista, la reflexión final de un brigadista: “el capitalismo es una máquina devoradora de gente”.

Por Sergio Schvar

(Hijos de África (La brigada de comunistas uruguayos en la guerra civil de Angola), de Roberto López Belloso, editorial Fin de Siglo, 2024, Montevideo, Uruguay, 237 páginas)

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