Una influencer, la veinteañera catalana Ada Lluch, con más de 436.000 seguidores, le hizo cambiar a Vox su propuesta ultraderechista, corriéndola más hacia la derecha al incluír entre sus postulados «la defensa de la raza blanca». Fue la señora el moscardón que insistió en el tema y lo relacionó con el planteo de otras organizaciones extremistas de derecha en Europa.
Hasta ahora, Vox era la formación de referencia de la ultraderecha xenófoba en España, pero su argumentario antiinmigración se ceñía a la defensa de la cultura, la seguridad y la “prioridad nacional” en el acceso a servicios públicos, sin adentrarse explícitamente en el terreno racial o étnico.
En un proceso de reuniones públicas y privadas en los primeros cinco meses del año, la defensa de la raza “blanca” ganó fuerza en la ofensiva xenófoba en España de la mano de Vox, y se consolidó tras la consigna en una reunión hecha en Oporto, Portugal, el 30 de mayo.
El evento de Oporto, conocido como Cumbre de Remigración 2026 (Remigration Summit 26), estuvo enfocado en promover la deportación masiva de inmigrantes para defender la tesis de una «Europa blanca». En representación de Vox asisteron los diputados Rocío de Meer y Carlos Hernández Quero.
También estuvo Alternativa para Alemania (AfD), con la diputada Lena Kotré, Forum voor
Democratie (FvD), y Partido de los Países Bajos, con la diputada Lidewij de Vos. Se agregaron «intelectuales» analistas de extrema derecha:la analista política neerlandesa Eva Vlaardingerbroek y el ultraderechista austriaco Martin Sellner, líder del Movimiento Identitario en Austria. Asimismo, sectores del supremacismo de EEUU, como Asiste Jared Taylor y Gregory Bovino, exjefe del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) / Patrulla Fronteriza de EEUU. Y además, activistas de extrema derecha procedentes de Bélgica y Eslovaquia.
Así, Vox pasó a reivindicar una Europa “blanca”, y estrecha vínculos con activistas que usan abiertamente tesis raciales. Sus postulados son, naturalmente, radicales. La veinteañera catalana Ada Lluch, por ejemplo, sostiene que “en Europa, los gobiernos están cometiendo genocidio blanco”. Esto se integra en una narración donde los negros aparecen como odiadores de unos blancos amenazados, agredidos. Sobre todo, las “mujeres blancas”, la “verdadera minoría vulnerable”, como publicó ella en abril rescatando la foto de una ucraniana a punto de ser asesinada por un varón negro en EEUU “¿Cómo hemos permitido que los europeos blancos nos convirtiéramos en una minoría abusada en nuestros propios países?”, se pregunta en otro mensaje.
En reciprocidad al entusiasmo de Luch por Santiago Abascal, el partido lleva meses promocionándo a Luch a a través de la Fundación Disenso, donde se destaca su “defensa de los valores tradicionales”, y de diversos canales de propaganda. Sus contactos con el partido van a más. El mes pasado, Lluch se reunió con Samuel Vázquez, portavoz de Inmigración de Vox. Antes, en marzo, participó en una cumbre en Hungría donde se fotografió con Abascal y con el dirigente Jorge Buxadé. El año pasado Luch ya fue ponente en la Cumbre de Remigración, celebrada en Italia.
Aunque Luch no figuró en el programa de Oporto, eso no rebaja la presencia española. Por el contrario, le dan relieve a dos dirigentes de Vox: la diputada Rocío de Meer y Carlos Hernández Quero. Éste, además de ocupar un escaño en el Congreso, es miembro del equipo encargado de negociar con el PP. Esas asistencias suponen un salto en la trayectoria de Vox. Ya no es solo darle visibilidad a una agitadora que habla de “genocidio blanco”. Ahora el tercer partido de España se suma a una cita promovida por una corriente de la ultraderecha que usa de forma sistemática argumentos raciales. Ahora acude a la llamada de un movimiento organizado a escala europea para defender la idea de que la nación corre por la sangre.
La asistencia de De Meer y Quero supone un salto en la trayectoria de Vox. Ya no es solo darle visibilidad a una agitadora que habla de “genocidio blanco”, ahora el tercer partido de España se suma a una cita promovida por una corriente de la ultraderecha que usa de forma sistemática argumentos raciales. Ahora acude a la llamada de un movimiento organizado a escala europea para defender la idea de que la nación corre por la sangre.
Aunque Vox es la formación de referencia de la ultraderecha xenófoba en España, su argumentario antiinmigración se ceñía a la defensa de la cultura, la seguridad y la
Cumbre de Remigración se metió de lleno en el tema, con mensajes según los cuales la Europa “blanca” está cometiendo un “suicidio étnico”.
La organización corrió por cuenta de cuatro estandartes de una ultraderecha para la que el color de la piel sí importa: el austriaco Martin Sellner, el italiano Andrea Ballarati, el belga Dries Van Langenhove y el portugués Afonso Gonçalves. Además, los organizadores de la cumbre portuguesa anunciaron por sorpresa la participación de Greg Bovino, el excomandante en jefe de la Patrulla Fronteriza de EE UU, que durante el segundo mandato de Donald Trump ha sido el máximo estandarte de las tácticas más violentas de la campaña antiinmigración impulsada por el presidente.
Los cuatro presentan bajo amenaza un nosotros “blanco”. Sellner insiste en la necesidad de erradicar la “culpa blanca” para defender las “naciones blancas”. Ballarati y Van Langenhove alertan —como Lluch— del “genocidio” contra los “blancos”. Similares discursos mantienen ponentes confirmados como la neerlandesa Eva Vlaardingerbroek, que en la edición de 2025 dejó el mensaje de que “los europeos étnicamente blancos” serán “pronto” una “minoría” en sus “propios países”. No dicen solo “occidental”, o “europeo”, o “nativo”, o “cristiano”. Dicen “blanco”.
Una fuente conocedora de la estrategia del partido, citada por El País, Madrid, atribuye la asistencia de Vox al “pánico” a “lo que se esté creando a su derecha”, en referencia a la miríada de grupos radicales que presentan a Abascal y los suyos como una fuerza blanda, por ejemplo por no ser tan excluyente con los latinoamericanos como con los africanos.
Quique Badia, investigador experto en extremismo violento de ultraderecha, ve “significativa” en la trayectoria de Vox la asistencia a una cumbre con posturas “racistas”, pero advierte contra la simplificación: “No hay que pensar que todo el partido se acerca en bloque a esas tesis. Hay una tensión. Por una parte, Vox quiere abarcar toda la extrema derecha y sabe que al haberse ensanchado la ventana de Overton [es decir, aquello sobre lo que es concebible debatir], hay posiciones antes marginales que ahora ganan legitimación; pero, por otra parte, discursos así ponen en peligro su búsqueda del voto latino y la proximidad a individuos considerados neonazis entra en conflicto con su alianza estructural con el sionismo”.
Estos discursos son también definitorios de Frontera, grupo de activistas nacido en 2025 que identifica como representante al propagandista Juan Cárdenas, con una comunidad digital de más de 35.000 seguidores a la que lanza el mensaje de que “el único racismo real es contra los blancos”.
El mes pasado, Frontera celebró en Madrid una “conferencia sobre remigración” que sirvió para que se exhibieran representantes de al menos cinco grupos de esta creciente red extremista, entre ellos Afonso Gonçalves, de Reconquista Portugal, uno de los organizadores de la cumbre de Oporto, que aprovechó su visita a España para mantener una reunión con Quero.
Contribuyó a darle notoriedad a la conferencia la participación, sin ir en representación de ningún grupo, de Juan García-Gallardo, exvicepresidente de Castilla y León por Vox, hoy alejado de Abascal.
Un mensaje de Frontera en X —más de 17.000 seguidores— en la antesala del encuentro madrileño da pistas sobre su ideario. Consiste en dos fotos de niños en Inglaterra, una de 1966 en la que todos son blancos y una de 2026 en las que hay múltiples no blancos. Y un texto: “Inmigración es genocidio”.
Solo con publicaciones de marzo, abril y mayo, puede sintetizarse la cosmovisión de Frontera, colectivo según el cual en Occidente los “blancos” son atacados y discriminados con la cobertura del “odio genocida” de la izquierda. Integrantes de Frontera han publicado una web con argumentos a favor de la “remigración”, entre ellos la necesidad de proteger la “diversidad de grupos étnicos”, en lo que puede interpretarse como una forma eufemística de oponerse a la mezcla étnica.
Enfrentado ahora a la dirección de Vox, González es otro denunciante del “racismo antiblanco”, que protesta además por la “criminalización” de cualquier “apelación a los blancos”, mientras los “negros” sí pueden enaltecer a sus “ancestros”, todo ello según sus propias publicaciones en las redes, donde mantiene compartido este mensaje: “Si no eres negro, amarillo o marrón, no les interesas [a la izquierda]”.
A ellos tampoco les interesan quienes no sean «blancos puros». El rechazo a los «panchos», los mexicanos, por no ser puramente blancos, promete problemas en las relaciones entre las ultraderechas de Europa y América Latina. Tal vez el desarrollo de este racismo llegue a necesitar de certificados de pureza racial. Y este no es un chiste.
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