CINE | “Perfectos desconocidos”: Hipocresía en clave posmoderna

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La hipocresía, la mentira y la infidelidad son tres de los componentes temáticos de “Perfectos desconocidos”, la disfrutable y por cierto reflexiva comedia dramática del realizador y guionista italiano Paolo Genovese, que indaga en las conductas disfuncionales de la burguesía.

En esta oportunidad, el autor de recordados títulos como “Una familia perfecta” (2012), “Todo es culpa de Freud” (2014) y “¿Alguna vez has estado en la Luna?” (2015), indaga en una de las más arraigadas patologías sociales del presente: la dependencia de los celulares.

Es claro que en las dos primeras décadas del tercer milenio, la tecnología se ha transformado en un potente instrumento de inclusión y democratización de la comunicación y la información.
Sin embargo, esa tendencia hacia la presunta socialización no ha logrado cerrar las dramáticas brechas y groseras asimetrías que se observan en las sociedades.

En ese contexto, el mercado es el que marca las pautas y hasta las conductas sociales en tanto induce, permanentemente, a adquirir productos no siempre necesarios y casi siempre subsidiarios.
No en vano las personas que son más susceptibles a los mensajes y a la colonización psicológica que aherroja voluntades, suelen vivir cotidianamente obsesionadas por los sms, los mails o los WhatsApp que llegan a sus casillas personales.

En esta modalidad de comunicación rápida subyace, sin dudas, la inmediatez contemporánea, casi siempre pautada por abreviaturas, monosílabos, grotescos errores ortográficos o meras voces que articulan vocablos a menudo ininteligibles.
En esta auténtica era de la abolición del lenguaje, la palabra lucha denodadamente por subsistir y perdurar como herramienta de diálogo y mutua comprensión entre pares o diferentes.

Es en esta escenografía temporal que transcurre esta película coral, que reúne a siete personas en el acotado espacio de un departamento con vista privilegiada.

Como todos son amigos, el pretexto del encuentro es una cena íntima en una noche de eclipse de Luna, que bien puede modificar sus respectivas vidas.

Los anfitriones de la velada son el matrimonio integrado por Rocco (Marco Giallini), un cirujano plástico, y Eva (Kasia Smutniak), una terapeuta, que tienen una hija adolescente, quienes reciben en su aparentemente apacible hogar a cinco personas. Los invitados son los recién casados Bianca (Alba Rohrwacher) y Cosimo (Edoardo Leo), el matrimonio integrado por Lele (Valerio Mastandrea) y Charlotte (Anna Foglietta) y Peppe (Giuseppe Battiston), el único soltero del grupo.

Todo comienza y termina en esa noche aluvional con cena incluida, en la cual mientras afuera el eclipse lunar avanza inexorablemente, los comensales practicarán una suerte de “travestismo” que denunciará sus ocultas disfuncionalidades.

Además del suculento menú gastronómico regado por abundantes libaciones de finos vinos italianos, el postre serán las confesiones que constituirán la comidilla de la coyuntura.

La idea de abrir celulares con altavoz al máximo de decibeles, se transforma, a la sazón, más que en un pasatiempo en una suerte de de azarosa aventura individual y colectiva. Como nadie quiere despertar sospechas, todos aceptan participar en el juego y, por supuesto, asumen los riesgos emergentes de tal actitud de aquiescencia.

En una suerte de puesta teatral en la cual prevalece el lenguaje gestual sobre las palabras, Paolo Genovese transforma la reunión en un auténtico festival de suspicacias.

En efecto, cada sonido de celular pone en guardia a todo el auditorio, generando lógicas exclamaciones y espontáneas reacciones de estupor, que pautan algunos de los pasajes más humorísticos de esta comedia con trasfondo dramático.

Más allá de eventuales subterfugios como el cambio de teléfonos entre dos comensales para evitar llamadas inconvenientes, las revelaciones comienzan a horadar la confianza de este grupo de amigos que creían no tener secretos entre ellos y, por el contrario, como lo proclama el título, son perfectos desconocidos.

Esa atmósfera teatral, que recorre sin solución de continuidad el comedor, el living, la cocina y los balcones del amplio departamento, se transforma, en algunos casos, en amargura y decepción.

En ese clima ambiental signado por la expectativa y la tensión, afloran infidelidades, romances heterosexuales y homosexuales, parejas que no son sinceras, palabras no dichas a tiempo y celos, entre otros comportamientos presuntamente descarriados.

Como no es políticamente correcto cuestionar algunas conductas que exceden a lo meros parámetros del statu quo, algunos guardan un prudente y cómplice silencio. Otros, en cambio, reprochan, fustigan y condenan, demostrando toda su soterrada intolerancia.

Si bien “Perfectos desconocidos” es una comedia liviana y picante que intenta rescatar una auténtica tradición del cine italiano, igualmente convoca a la reflexión respecto a algunas grietas subyacentes de la sociedad del presente.

Los diálogos afilados e incisivos que se alternan con la entrada, la pasta y el postre, constituyen auténticos retratos de la hipocresía y la doble moral de una clase media más obsesionada por la evolución de un eclipse que por sus propias vidas.

En tal sentido, el propio fenómeno astronómico es una suerte de metáfora sobre la cultura del ocultamiento, tan habitual en una sociedad cada vez más contaminada por la frivolidad, la falta de compromiso y el individualismo más rampante y exacerbado.

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

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