Nací en un pueblo pequeño del interior profundo. Así que mis primeras salidas de vacaciones fueron al campo! Antes de cumplir los siete me subían al motocar que giraba en Algorta y ponía rumbo a Fray Bentos donde mi abuelo, agrónomo jubilado, me enseñó a hacer la quinta en el fondo de su casa y me llevó a pescar al puerto del Anglo. Pero la mayor experiencia fue con Andrés Sluzar, después tío político.
Tenía una quinta en una chacra cercana donde hacía el ciclo completo; sembraba, regaba, cosechaba y llevaba a la ciudad frutas y verduras que vendía casa por casa! Un verano a pleno sol le ayudé a levantar nabos, lavarlos y encajonarlos y en una sola tarde aprendí a respetar el trabajo en el campo. Comparando, la mañana siguiente, el recorrer el empedrado urbano bajando y subiendo del carro con llanta metálica, valga la expresión, era una “papa”.
En el campo
También iba a la estancia de mi tío Miguel, en Tambores. Era criador ovino y con su numerosa prole allí vivían. Del pueblo traían algunos víveres secos, incluida la infaltable galleta de campaña. Lo demás se producía en el campo. Gallinas, patos, pavos, conejos, hortalizas y frutas silvestres o plantadas, conformaban una variada dieta que se completaba con los lácteos de varias lecheras. Claro que había que trabajar! Dar de comer a los animales domésticos, incluidos los perros, cuidar la quinta, regar, traer y llevar las vacas para ordeñar. Carnear para consumo. Lavar ropa y vajilla, planchar, cortar leña y prender cocina y estufa. Pintar. Todo agregado al trabajo de la producción; recorrer, curar, juntar, contar, bañar y tropear culminaban en la zafra anual de la esquila
con varios días de trajín intenso en que el galpón se llenaba de trabajadores y lana embolsada. Se agregaba en ocasiones la doma o la yerra: impresionantes demostraciones de fuerza, destreza y coraje que admiro desde entonces.
En el pueblo
En Guichón, rodeados del mismo y sus habitantes, no había distingos entre la ciudad y el campo. Ni entre sus trabajadores y nuestros padres, ni entre sus hijos y nosotros, compañeros en escuela y liceo. Los hacendados colaboraban con las instituciones del pueblo, algunos participaban en las Comisiones junto a los pobladores e incluso invitaban a enormes almuerzos el día de remate anual de su producción animal. Los estancieros iban a la Feria ganadera a comprar y vender, participar del mercado y compartir noticias y saberes. Crearon su propia asociación que llamaron Liga del Trabajo en cuya sede y local de feria se trabajaba por sus intereses. Sólo comencé a notar algunas diferencias algunos años después. Conocí a pocos estancieros en las tardecitas donde cargábamos en el camión y viajábamos de noche, animales para el frigorífico o alguna feria. Peones y capataz trabajaban hasta tarde, donde compartíamos el austero fogón antes de partir y madrugar para realizar tareas que había conocido de chico. Pocos vivían con la familia. Casi todos en elementales habitaciones compartidas. Pocos habían ido a la escuela. De vez en cuando pocos iban al pueblo. Poco ganaban.
Fuente Foto portada: rotafolio
Por Luis Fabre
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