Pionera sin proponérselo

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En la mañana del 3 de julio de 1927, Rita Ribeiro se convirtió en la pionera del sufragio femenino en América latina. Ese día cumplió el acto de votar en las elecciones de Cerro Chato, a 250 kilómetros al noreste de Montevideo, aunque no se enteró que estaba poniendo un mojón luminoso en la larga lucha de las mujeres para que les fueran reconocidos sus derechos.

Cerro Chato, un centro vital de una vasta zona agropecuaria del Uruguay, se levanta sobre la Cuchilla Grande y tiene los campos bañados por el río Yi y el arroyo Cordobés. El pueblo tiene la particularidad de que sus calles y casas están asentadas sobre la mismísima triple frontera que separa a los departamentos de Treinta y Tres, Durazno y Florida. Nació junto a una estación de trenes sobre el propio lomo de la Cuchilla y el caserío se fue extendiendo hasta instalarse sobre tres jurisdicciones distintas sin que nadie manejara ese crecimiento. En 1921 hubo un intento de legisladores nacionales de Treinta y Tres de tomar esa posesión, pero sólo lograron agitar una polémica. En 1926 el Consejo de Administración de la República elevó “a la categoría de pueblo al grupo de casas conocido por Cerro Chato” y resolvió que debían modificarse en unos pocos kilómetros cuadrados las fronteras departamentales para que la localidad quedara dentro de una sola jurisdicción.

Pero no estableció en que jurisdicción quedaría y determinó que los propios vecinos del pueblo expresaran sus deseos de pertenencia. En 1927 se llamó a un referéndum para poner fin a algunos enojosos conflictos entre tres administraciones y la Corte Electoral dictó un decreto por el que se permitía votar a todos los vecinos “sin distinción de nacionalidad y sexo”, en tiempos en que ni en Uruguay ni en el resto de América latina las mujeres tenían reconocido ese derecho.

En 1911, en Buenos Aires, Julieta Lanteri –una médica y feminista ítaloargentina- había logrado sufragar solitariamente tras un sonado juicio por el que pudo inscribirse en el padrón municipal, pero el resto de sus congéneres recién pudo hacerlo en 1951. En 1917 la Constitución plebiscitaria del Uruguay había otorgado a las mujeres plenos derechos civiles y la posibilidad del voto femenino, pero el instrumento legal recién se reglamentó por ley en 1932 y se hizo efectivo en 1938, al finalizar la dictadura de Gabriel Terra. Sin embargo, en aquel año de 1927 la Corte Electoral autorizó a votar en Cerro Chato a todas las mujeres que quisieran hacerlo.

La campaña electoral fue sorprendentemente apasionada y se cruzaron enojosas acusaciones. Una Comisión de Vecinos de Treinta y Tres, en su mayoría integrada por mujeres, llamó a la abstención “para cruzar el paso a las burlonas turbas de reclutados que quedarán absortas en su deleznable posición mercenaria” y una asociación de mujeres de Durazno reclamó que se votara para que el pueblo quedara completamente bajo la jurisdicción de su departamento.

El 3 de julio de 1927 Cerro Chato fue el escenario de aquel hecho histórico. La primera en ingresar al local de votación fue Rita Ribeiro, una vecina del pueblo, madrugadora, que se anticipó a todas sus congéneres. Escuchó las instrucciones que le dieron las autoridades electorales, caminó pausadamente hasta el cuarto secreto y salió casi enseguida, se detuvo un instante ante la mesa, observó con curiosidad aquella caja y luego introdujo por la ranura el sobre conteniendo su boleta. Después, dio media vuelta y se alejó despaciosamente, sin hacer comentarios, y sin imaginar siquiera que en ese instante se convertía en la pionera del sufragio femenino en el continente.

No ha quedado constancia de cuál fue el departamento elegido por Rita. En realidad, la mujer no era oriunda de Durazno, ni de Treinta y Tres ni de Florida. Ni siquiera era uruguaya. Rita Ribeiro era una inmigrante brasileña, una negra de 90 años, de pasos lentos pero firmes, de caderas todavía generosas y una sonrisa bailándole en el fondo de las pupilas.

Después del escrutinio, el Comité Pro Anexión de Cerro Chato a Durazno informó que se registraron 354 votos para su departamento y 2 para Florida y que un sufragio fue anulado por haberse hallado en el sobre tres listas distintas. Ninguna papeleta fue para Treinta y Tres. Pero el acto electoral fue completamente inútil. Nadie tomó en cuenta aquellos supuestos resultados y el plebiscito nunca fue reconocido. La pequeña localidad mantiene hoy su administración pública multiplicada por tres en todos los órdenes.

Muchos años después, Cerro Chato y Valentines se convertirían en centro de un conflicto, con los productores agropecuarios y los trabajadores rurales amenazados por la actividad de la minera Aratirí, perteneciente al grupo anglo-suizo Zamin Ferrous, que en 2008 comenzó prospecciones en Treinta y Tres y las extendió a los departamentos de Florida, Durazno y Cerro Largo, prenunciando un grave impacto ambiental sobre 100.000 hectáreas

Pero esa es otra historia. Aquel 3 de julio Rita Ribeiro fue una heroína sin proponérselo y escribió una página sin saber dibujar las letras. Pero aun así, involuntaria adelantada de un tiempo que no conocía, cumplió un mandato de género y dio alas al sueño de sufragistas y maravillosas mujeres luchadoras.

Por William Puente
Periodista

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