Argentina: Tensa calma

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En una época lejana, pero no tanto, existía en Buenos Aires un diario vespertino que vendia centenares de miles de ejemplares, LA RAZON, cuando la TV  y los diarios digitales no eran soñados.

Este diario tenía como director a un excepcional periodista, Felix Laiño, quien era a su vez un genio titulador de sus ediciones.

Cuando no había  demasiadas novedades  para resaltar, solía titular en su portada , con letras catástrofe: “Tensa calma en los mercados”, que en sí mismo era casi un oximoron.

Y es lo que está ocurriendo en estos días luego de la tormentosa crisis del dólar por la que atravesó – sin seguridad que aún haya concluido-  la economía argentina.

Son diarios los fenómenos que podrían afirmar o alterar sustantivamente esa aparente calma del mercado cambiario, resultado de hechos, no sólo  generados por el  Gobierno sino producidos por la oposición, alguna de cuyas acciones parecen ser un auxilio para el oficialismo, mientras que por otra parte, como los tiburones oliendo sangre, a la menor manifestación de problemas, aparecen sectores que no dudan en exacerbar su actitud crítica y confrontativa.

Luego de un par de días de relativa serenidad en el mercado de cambios, nuevamente el clima se tornó a caldear, casi en paralelo con una agobiante serie de manifestaciones, paros, cortes de calles y entorpecimientos de todo tipo, que por fuera de los reclamos comprensibles producto de la convulsión económica actual,  dan muestras de querer generar un clima de conmoción social que contribuya a acrecentar el malestar general evidente en todos los sectores, inspirado en móviles no sólo sociales sino políticos.

En este marco se están llevando a cabo acciones tendientes a:

  1. Sancionar una ley de presupuesto para el 2019 que contemple un saneamiento de las finanzas públicas, tendientes al déficit fiscal cero.
  2. Un nuevo acuerdo con el FMI, superador del suscripto hace poco más de tres meses, en base a las nuevas condiciones del mercado, y que coadyuven a la tranquilidad necesaria para estabilizar la plaza cambiaria y financiera.
  3. Modificaciones impositivas en función de los puntos anteriores, que distribuyan la carga del profundo ajuste a concretar, entre los distintos actores sociales.
  4. Aumento de programas sociales que proporcionen algo de alivio a los sectores más humildes, con el propósito claro de paliar las necesidades crecientes producto de la exacerbación de la inflación, a la vez que desalentar posibles manifestaciones violentas de aquellos más castigados por la baja del poder adquisitivo. Y por supuesto, tratar de limitar esa sensación de desasosiego social para evitar su aprovechamiento por los sectores más radicalizados de la población, promotores de los casi diarios movimientos de protesta, cortes de calles y manifestaciones de todo tipo, algunas de ellas de mayor violencia.

Deterioro
La realidad actual muestra  un empeoramiento de las variables que tienen que ver con el ingreso.

Inflación: el propio gobierno está estimando un nivel para el año de 42% y analistas esperan no menos del 45%, a la vez que todos proyectan una fuerte caída en la actividad económica: el Gobierno supone que no será inferior al 2,4% mientras que los consultores plantean un horizonte de baja del 3%.

Descenso en el  empleo: el mercado laboral agudiza su estancamiento de cara a fin de año. Las expectativas netas de generación de empleo para el cuarto trimestre del corriente año, son las peores desde el 2007. Asi lo asegura un relevamiento hecho por una consultora especializada, Manpower, que proyecta para el último trimestre 2018 una baja de 3 puntos porcentuales respecto al inmediato anterior, y de 6 puntos en su comparación interanual. (1)

La industria automotriz, factor importante en la ocupación por su poder multiplicador en los sectores que la proveen, acusa un 25% de descenso en agosto, en comparación con su similar del año anterior, según las cifras de patentamiento de vehículos. De esta forma, la caída se registra por tercer mes consecutivo, dado que junio y julio han decrecido 17 y 16 por ciento respectivamente. (2)

A su vez, las restricciones presupuestarias determinarán, con seguridad, un relativo freno al impulso acometido por el Gobierno en materia de obras públicas, que se suma a la desaceleración de todo lo que tiene que ver con la construcción a nivel privado, atento a las fluctuantes condiciones del mercado.

Otra consecuencia negativa la constituye que el Gobierno, una vez más , debe ver frenado su intento de reforma de la legislación laboral, prevista no hace más de un año luego del triunfo electoral del 2017, que contó con acuerdo de varios sectores, y que propendía a dotar de mayor competitividad al devenir empresario argentino. La oposición sindical es total en la actualidad, y los gremios que influyen directamente sobre los legisladores opositores, no están ni siquiera dispuestos a facilitar las prescripciones más  obvias en tal sentido del proyecto, como por ejemplo aquellas que podrían reducir el nivel de litigiosidad  que existe hoy en contra de las obras sociales (aprovechada por los estudios de abogados laboralistas) y fijar un nuevo programa médico obligatorio. Un evidente retroceso en la búsqueda de mejorar una situación arcaica y regresiva en la industria local.

Tal como se observa,  inflación, cotización del dólar, tasas de interés, nivel de actividad, ocupación y malestar general, son manifestaciones de un   clima social que no ofrece  mucho margen para el optimismo.

Errores del Gobierno
Mucho se está hablando de los errores del Gobierno, que podrían haber conducido a una situación de crisis como la actual.  Si bien es cierto que nunca tuvo mayorías parlamentarias, enfrentando a un congreso más dispuesto a poner palos en la rueda que a ayudar a su tarea, que a su vez recibió un cuerpo económico social deteriorado en sus bases fundamentales luego de la década K, y que se topó en el último año con fenómenos internaciones  que estaban fuera de sus posibilidades modificar (enrarecimiento del mercado de capitales hacia los países emergentes, aumento de la tasa de interés internacional, suba en el precio del petróleo, guerra comercial entre China y los EEUU, entre otros), no es menos cierto que se cometieron errores en la gestión oficial.

  • Los analistas estiman  que se subestimó el impacto de la devaluación en  los precios de la economía, en la idea  que  no se habría de trasladar en forma tan intensa como la ocurrida.
  • El Gobierno creyó desde sus inicios que, merced a la excepcional mejora de la inserción internacional de la Argentina, afluirían capitales que empujarían al crecimiento económico genuino. El programa económico oficial  suponía que se crecería durante años a más del 3% del PBI, cosa que nunca ocurrió. Quizás se haya omitido considerar que la inversión privada tiene condicionamientos insalvables (por fuera de la inserción política) como ser la  seguridad jurídica que brinda el país, la estabilidad prevista de los parámetros económico- financieros,  y perspectivas de rentabilidad, todos estos requisitos que deben presentarse de manera concurrente. Y los inversores entendieron que aún no estaban dadas todas esas condiciones.
  • Además se confió que el mundo iba a financiar los desequilibrios presupuestarios el tiempo que fuera necesario. Teniendo en cuenta lo que son los mercados emergentes, y los flujos de capitales hacia ellos, era al menos una hipótesis arriesgada. Y lo que podía sobrevenir, que efectivamente ocurrió, es que los mercados cortaran el flujo de fondos. Por eso, hubo que recurrir al FMI.
  • La suposición que un gobierno no puede hacer ajustes importantes porque eso hace perder imagen al Presidente, y que conviene ir hacia adelante evitando pagar los costos políticos, puede resultar una estrategia errónea. La realidad se impone, y cuando no se hace el ajuste por las buenas, se termina haciéndolo  en condiciones críticas, obligado, tal como ocurrió. (3)
  • Déficit comunicacional del Gobierno. Un sector dentro del oficialismo creía en la vía de las redes sociales. Mientras tanto la comunicación masiva, tradicional, brillaba por su ausencia. Y ese vacío era ocupado por comunicadores, genuinos o comprados, que echaban permanentemente leña al fuego o economistas y politólogos  que en muchos casos, con o sin intención, aumentaban la desconfianza y  el temor. El Gobierno omitió así, una tarea de información y persuasión  a la opinión pública.
  • En plena crisis, una presentación del Presidente de menos de dos minutos, lejos de calmar los mercados, los enfervorizó. Enfrente, una pléyade de medios y canales opositores lanzaban llameantes mensajes de catástrofes. El mutismo o la parquedad gubernamental no fue una adecuada

Efectos colaterales o algunos brotes verdes.
El actual escenario, duro, complicado, tiene a su vez, paradojalmente un efecto inverso: arreglar por los malas, en algunos aspectos,  lo que no se pudo o no se quizo arreglar por las buenas: en efecto la gran devaluación regularizó muchas variables (fundamentalmente un tipo de cambio atrasado) , licuó el gasto  y  la enorme deuda públicos,  y coadyuvó a mejorar sensiblemente  la balanza comercial y la de pagos. (4)

A su vez, desde el lado de la actividad económica,  dos sectores asoman con firmeza:

  • el turismo revirtió sus flujos, transformando una oleada de viajeros locales hacia afuera, en una corriente mucho más intensa de turismo interno, más la afluencia, a mérito del tipo de cambio actual, de contingentes de extranjeros deseosos de conocer las bellezas turísticas argentinas, a precios ahora, para ellos, sumamente accesibles.
  • en materia energética se observan señales muy esperanzadoras, donde el potencial argentino excede la coyuntura y apunta firmemente al largo plazo.  Si bien la crisis financiera enfrió la búsqueda de inversiones en varias industrias, la energética continúa a toda máquina.  Las perspectivas, sea en las áreas tradicionales petrolíferas, como en el campo de las energías renovables y no convencionales llevan el mayor anuncio de desembolsos por parte del sector privado en mucho tiempo, constituyéndose, mucho más que una perspectiva, en una realidad

Las fake news.
Está claro que cuanto más se acerque la fecha del próximo acto eleccionario, octubre de 2019, mayor será el nivel de conflictividad y entorpecimientos por parte de aquellos que no se han resignado a perder el poder (fuente de negocios, riquezas y también corrupción).

Será incesante su acción obstructiva, frente a la cual poco podrá hacer el Gobierno. Uno de los tantos ejemplos se puede encontrar en la oleada de noticias falsas que se propalan a través de las redes: un conocido provocador,  a través de un tuit, a su vez reproducido en forma casi textual por un periodista K señaló que las autoridades de un banco privado” le informaron”  que al día siguiente no habrían de tener dólares para vender ni para retirar de las cuentas. Noticia falsa que desnuda, por un lado, las peores intenciones de sus autores (provocar una corrida),  y por otro lado, quizás más preocupante todavía, que esta peligrosísima maniobra, no haya merecido el masivo repudio del arco opositor, donde militan estos personajes.

Lo que vendrá
Inserto en este contexto, la población argentina, una vez más padeciendo una situación muy complicada, da muestras aun de no querer volver a procesos políticos que  habían sido derrotados en las últimas dos elecciones.

Y si bien exhibe un grado de desencanto y cansancio por la situación  actual, según las últimas encuestas, aun es mayoritario el deseo de no recorrer el camino del pasado, senda que nos habría de llevar a situaciones cercanas a las que azotan a la realidad venezolana.

Referencias del diario LA NACION de Buenos Aires:

(1) 11-9-18; (2) 4-9-18; (3)9-9-18; (4) 2-9-18.

Por Pablo Broder
Economista argentino

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