“EL VIGÍA”

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EL VIGÍA                                                         Luis Fabre y Alfredo Falero

Torre Einstein del Instituto de Astrofísica de Potsdam en Alemania

 

El vigía visualiza lo que viene y también lo que se fue
Por Luis Fabre

 Una significativa entrevista a Gerardo Caetano desnuda, a partir de sus consecuencias,  mi percepción personal declarada desde tiempo ha. Proficuo analista, Caetano reclama una actitud propositiva del Frente Amplio independiente de la crítica a iniciativas de la hoy coalición gobernante.Para fundamentarla refiere a la “construcción de propuesta” para el primer gobierno de Tabaré Vázquez disminuida paulatinamente a “problema de libreto“ en el tercero. Es un diagnóstico absolutamente acertado que comparto, aunque merecería mayor  explicitación de los síntomas.

Tentando una explicación
La construcción de propuestas se generaba en la Comisión de Programa del Frente , un órgano deliberativo, plural, con participación de colectivos políticos afines, incluso sin representación parlamentaria. En actividad continuada y delegados idóneos en una organización abierta a los aportes de pensadores y técnicos de toda índole. Como si esto fuera poco, era alimentado por Comisiones Temáticas mediante una estructura flexible extendida a todo el país con una reconocida característica uruguaya_ el compañerismo conjugado en trabajo honorario para la causa. En  extensas, profundas deliberaciones las conclusiones y productos se decidían por consenso y retroalimentaban con los órganos ejecutivos .No encuentro información sobre un  colectivo como este en ningún otro país.

A 15 días de ser electo por primera vez, Vázquez suspendió el accionar de la Comisión de Programa. Guardo un pergamino de agradecimiento firmado por él. Una explicación sobre la suspensión de la comisión nunca fue dada. Sólo atino a comparar con lo hecho por Vázquez cuando asumió la Intendencia de Montevideo, poniendo distancia con la fuerza política para actuar ejecutivamente en la inédita circunstancia. Nobleza obliga, con positivos resultados.

La trampa del pragmatismo
Sin embargo, el pragmatismo como método de acción político-social tiene vida limitada. Los cambios profundos para una sociedad deben integrarse con participación de la misma. En el afán de priorizar soluciones posibles a corto plazo, los ejecutores desprendidos de los programas corren el riesgo de alejarse de los objetivos trascendentes. Lo hemos vivido con otros presidentes, declarados pragmáticos, con leyes de discutible justicia en el trabajoso período post-dictadura.

Volviendo a la entrevista
Caetano centra la ausencia de Propuestas contundentes en la ausente sobre la reforma jubilatoria reclamando al Frente una “reforma audaz, amplia, integral”. No podría adjetivar mejor sobre lo que, en este mismo medio, he discurrido al respecto.

El aliado incondicional
El histórico movimiento de trabajadores, expresión masiva de la pluralidad y conciencia de nuestra sociedad, pervive en el corazón y también en la cabeza de sus participantes. Y renace en cada circunstancia donde se integran las mejores prácticas democráticas: desde los gremios y sus manifestaciones hasta la masiva participación en referéndums a nivel nacional. No me sorprende   que una iniciativa como la rebaja de horas de trabajo provenga de estos colectivos. Nos ocuparemos de este último tema en tanto la referida Comisión, ahora también renacida con nuevos integrantes recupera, en insumos y elaboración, el lugar que nunca debió dejar.

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Diálogos con taxistas, sentido común e ideología de derecha

Alfredo Falero[i]

Mientras me conducía a la terminal marítima en Buenos Aires, el taxista de unos 40 años, luego de enterarse que vivía en Uruguay, no dejó de señalarme lo bien que estábamos comparado con la situación complicada de Argentina. Pese a que no había pasado por estas tierras y desconocía cuestiones básicas, no dudaba en la afirmación.

Respecto a cómo consideraba su situación general local, obviamente no fue una sorpresa. Debe tenerse en cuenta que la inflación no solo tiene efectos económicos y sociales en general sino de expectativas en cuanto a incertidumbre hacia el futuro inmediato. De modo que no puede sorprender su mezcla de desazón y enojo sobre la situación de Argentina aunque, en este caso, sin autoclasificarse aquí o allá en función de la próxima contienda electoral.  Más bien no veía opciones.

Lo que llama la atención es que alguien que demostraba capacidad de analizar la coyuntura, afirmara sin desconfianza alguna, una visión tan positiva de la situación uruguaya que iba mucho más de la “estabilidad”. Obviamente que entendía como el cambio favorecía a los uruguayos cruzando el río, pero parecía que la situación social uruguaya y el tema no pasara  del cruce masivo por la ventaja del cambio. Y la realidad, sabemos, es muy diferente. En ese marco traté de explicarle en forma muy sintética lo absurdamente caro que se ha vuelto vivir en Uruguay y en particular el costo de la comida por decir lo básico y que afecta particularmente a la clase que vive del trabajo.

Un segundo caso que quiero traer aquí sucedió con una taxista en Porto Alegre, poco antes de la primera vuelta de las elecciones en Brasil. La taxista, una mujer de unos 50 años que claramente tenía competencia comunicativa y manifestaba su firme rechazo a la corrupción tanto en su vida cotidiana como a nivel de elites políticas, aseveraba que tenía las cosas claras: la continuidad de Bolsonaro era la solución. Su argumento principal: los otros son los corruptos. Políticamente esto incluía a Lula a nivel local y a Cristina Fernández en Argentina pero no su opción.  Me preguntó por Uruguay y se sorprendió cuando le indiqué en forma muy somera algunos problemas, por ejemplo –nuevamente- el precio de los alimentos.

Su posición igualmente no debería sorprender: estaba en línea con lo que ocurrió después y los fuertes apoyos que recibió el ex presidente de ultraderecha pese a perder la elección. Tampoco llama la atención en función de la historia reciente de Brasil. Desde 2013 año de importantes movilizaciones y protestas que fueron luego reabsorbidas como movimiento que llevó al golpe parlamentario y a la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff. La elección de Bolsonaro no puede explicarse sin ese contexto social previo ni sin lo que fue (¿es?) la capacidad de la ultraderecha de expandir su discurso en el tejido social.  Y de generar apoyos masivos con la participación de iglesias pentescostales o similares que trabajan a nivel de territorio.

A diferencia del primer caso, en la taxista de Porto Alegre abundaron las perspectivas conspiracionistas en clara conexión con el discurso de la extrema-derecha: hay una amenaza de un “nuevo orden mundial” -que sin tener claro quienes estaban atrás- implicaba “generar un solo país comunista en América”. A ello le agregaba otras consideraciones típicas del perfil de votante de derecha “los pobres tienen esa condición como consecuencia del problema de las drogas y de la falta de voluntad para trabajar” y así se podría seguir.

Caben dos reflexiones, entre otras posibles, sobre la construcción del sentido común en el tejido social. En primer lugar, la capacidad de la derecha política –en su versión liberal de democracia limitada y en su versión militar Bolsonarista de convertirla en una cáscara vacía- de reproducirse ideológicamente en el tejido social y de que se repitan discursos acríticamente. Para ser claros: de vender soluciones falsas. Esto implica a las redes sociales pero las trasciende pues implica considerar el poder que tienen algunos medios de comunicación convertidos en verdaderos operadores políticos. Por supuesto no se trata de postular que existe una aceptación pasiva de las sociedades sobre lo visto y escuchado, sino que las herramientas analíticas con que se cuenta para poner en cuestión lo reproducido es cada vez más limitada. Es decir, le resulta cada vez más difícil a buena parte de las sociedades examinar críticamente discursos e imágenes sin caer en estereotipos o esquemas rápidos sin fundamentación.

En segundo lugar, no deberíamos estar tan indiferentes de la venta de la “estabilidad” de Uruguay en la vecina orilla, pues no se trata meramente de atraer inversiones extranjeras directas. Se trata de una apuesta transnacional para proyectar nuevamente -como en la década del noventa- una solución falsa que favorece a los intereses de siempre. De ahí la imagen de Uruguay fuera de fronteras: un orden liberal de centro-derecha puede neutralizar la inestabilidad y por tanto la incertidumbre. Se verá en Argentina quien encarna esa postura y si Milei puede ser el Bolsonaro local. En América Latina, la transnacional de la derecha política, favorable a la balcanización de la región, vive y lucha disputando el tejido social frente al marcado electoralismo de la centro-izquierda y la debilidad de los movimientos sociales para generar puentes transnacionales activos y abrir otras alternativas de sociedad.  Pero esto ya es tema de otra columna.

Mayo 2023

[i] Dr. en Sociología, SNI – ANII.

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La razón de un nombre,
“EL VIGÍA”  y una Semblanza de Luis Fabre y de Alfredo Falero

 

 

 

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