Fallecio el Dr. Fernando Rama / una entrevista para conocerlo mejor

Tiempo de lectura: 23 minutos

Hace muy ocas horas falleció, nuestro amigo y compañero del mil vivencias desde el movimiento estudiantil (entre otros lugares la vieja Facultad de Humanidades y Ciencias), Psiquiatra CASMU y Policlínica de La Teja/ Profesor de la Facultad de Medicina, entre otros tantos lugares que lo tuvieron como profesional. Pero la vida continuo azarosamente para quienes tuvimos que afrontarla en los años 70 y pico… Con la actitud de un luchador permanente como consecuencia del mundo que nos ha tocado vivir, Fernando le toco estar en el exilio. Allí le toco ocupar un  duro y desconocido frente de lucha. De esto da cuenta este reportaje de Esteban Valenti y que permite conocer más quien fue. (Roberto Pereira)

Fernando también en muchas oportunidades escribió Columnas en La ONDA digital. Aquí de testimonio y homenaje de nuestro portal. (“Angola” | Una aclaración necesaria) https://www.laondadigital.com.uy/archivos/23221 /Fernando Rama

 

****

Ocho años de solidaridad, todos los días: La brigada del PCU en Angola Reportaje al doctor Fernando Rama

Por Esteban Valenti (*)

Este es un largo reportaje a uno de los integrantes de la Brigada solidaria del PCU con Angola. Una de las páginas más nobles, más exigentes que vivieron los uruguayos en el exilio. A la lejanía de la Patria, de las familias, de los amigos y compañeros, se sumaban las muy difíciles condiciones de vida. Fernando las relativiza, casi nos las relata.

Al principio eran realmente muy duras. Había que ser solidarios, cumpliendo con pasión e inteligencia las funciones profesionales, pero además tratando de conseguir comida, transporte, agua y todo lo necesario para vivir. Y todo se hacía más difícil con varios niños a cargo. Y lo hicieron.

Durante un buen tiempo ir a trabajar, comer todos los días, mantener la poca ropa disponible y hacerlo sin ningún sueldo o  remuneración era solidaridad en serio. Sin declamaciones. Y lo siguió siendo cuando mejoraron en algo las condiciones.

Voy a relatar una anécdota. Muchos años después, en 1995 o 1996 viajé a Luanda para tratar de instalar el TIPS un programa de nuevas tecnologías e información de los países del sur, desarrollado por las Naciones Unidas. Y visité la oficina de la ONU en Luanda, y cuando le anuncié a una funcionaria que era uruguayo, se puso a llorar incontenible. Me quedé paralizado. Me preguntó entre sollozos si conocía a los doctores Fernando Rama y Eduardo Seguí. Acentuando la pronunciación en la palabra doctor . Obviamente los conocía.

Me abrazó y me pidió que cuando los viera los abrazara de parte de María Asunción y su familia, porque le debían mucho, muchísimo. Uno había atendido a su padre con una patología siquiátrica seria y el otro había atendido, como odontólogo a sus hijos cuando eran pequeños. Se hizo una rueda de funcionarios y varios recordaban a Uruguay un povo en luta , la audición de la brigada.

Podría contar una infinidad de anécdotas maravillosas o dolorosas de esa gente, de esos compañeros y compañeras que se jugaron en serio por la solidaridad.

Durante la visita del Presidente Jorge Batlle a Luanda, la primera en la historia de un mandatario uruguayo a África, lo recordó en su discurso principal, con grandeza y generosidad. Y las autoridades angoleñas lo recibieron a la altura del prestigio que tiene Uruguay en ese país.

¿Usted integró la brigada de uruguayos en Angola?

En efecto, integré la Brigada del PCU que trabajó en la entonces llamada República Popular de Angola, desde su origen en febrero de 1977 hasta 1985, cuando la mayoría de sus integrantes regresamos a Uruguay en función de la recuperación de la democracia. Fueron en total ocho años de intenso trabajo llevado a cabo en diferentes circunstancias. En principio fuimos unos 20 o 21 compañeros que permanecimos un año integrados en lo que dio en llamarse la Misión Civil Cubana en Angola. Luego se fueron incorporando nuevos camaradas hasta totalizar alrededor de 40 militantes. El núcleo inicial partió de Cuba y llegamos a Luanda con una escala en Guinea Conakry. En los años subsiguientes se fueron incorporando compañeros provenientes de diferentes países: Hungría, Checoeslovaquia, Suecia, la República Democrática Alemana, la Unión Soviética.

– ¿Qué edad tenía y en qué sector debía aportar Ud.?

Tenía 33 años y mi compañera, Beatriz Sienra 32. En ese entonces teníamos cuatro hijos y como en el inicio de la misión internacionalista que integramos no había condiciones para llevar niños  fui sólo. Posteriormente, al año siguiente, es decir en 1978, la Embajada de Cuba instaló una escuela primaria y entonces fue posible incorporar a nuestros hijos que tenían 9,7, 5 y 3 años.

Cuando partimos de Cuba los primeros integrantes teníamos diferentes profesiones o destrezas. En mi caso yo tenía una carrera como docente universitario. Había ganado por concurso cargos en la Facultad de Medicina primero y luego en las Facultades de Veterinaria y en la de Humanidades y Ciencias. Eso implicaba trece años de experiencia en la enseñanza en una de las disciplinas básicas que se dictaban en esas Facultades. Al mismo tiempo, en el año 1969, había ingresado en el Instituto de Profesores Artigas al haber aprobado el correspondiente examen de ingreso que ese año tuvo como tema prefijado el análisis de la generación española del 98. Me había recibido de profesor de Literatura en 1974, cuando militaba desde 1971 en el sector universitario del P.C.U., en tareas de organización. Ya en ese entonces la militancia era una especie de semiclandestinidad, al menos en mi caso, debido a las funciones que desempeñaba en el Frente de Organización. Al producirse la intervención de la Universidad por parte de la dictadura yo y todos los militantes comunistas de la Universidad sabíamos que seríamos destituidos, cosa que indefectiblemente ocurrió cuando masivamente nos negamos a firmar el llamado certificado de fé democrática. También sabía que sería excluido como profesor de enseñanza secundaria donde llegué a dar clases en el horario nocturno del Liceo 17, cerca del Palacio Legislativo. La conciencia de ese ineluctable destino me llevó a inscribirme, en virtud de una especie de vocación postergada,  en el post-grado de Psiquiatría en 1973, post-grado que tuve que interrumpir en octubre de 1975 cuando se desató la llamada operación Morgan contra el P:C.U..

Cuando partimos para Angola no tenía ni idea de en qué sector podría hacer un aporte. Afortunadamente, una vez instalados en Luanda resultó que el gobierno del M.P.L.A. (Movimiento para la Liberación de Angola) estaba pensando en reabrir los cursos universitarios y fue allí que pude integrarme inicialmente.

A su vez mi compañera Beatriz había concluido sus estudios en la Facultad de Química y se había recibido de Ingeniera Química y al mismo tiempo iniciaba su carrera como docente de Química Inorgánica. Ella también militaba en el P.C.U.  y fue destituida. Cuando se incorporó a los trabajos de la Brigada también se desempeñó como docente en la Facultad de Ingeniería y por un par de años también en la Facultad de Ciencias. 

En la Brigada había médicos generalistas y pediatras, maestras, asistentes sociales, mecánicos calificados, panaderos y compañeros con otras calificaciones. Todos íbamos con la misma expectativa: trabajar en lo hiciera falta para la reconstrucción de un país destruido por la guerra.

¿En qué condiciones económicas fueron?

En los primeros tiempos, durante un año o más, no percibíamos salario alguno. Estábamos integrados en la Misión Civil Cubana que nos proporcionaba alojamiento y comida. Posteriormente se realizó un acuerdo con el gobierno del MPLA en virtud del cual se nos contrató como cooperantes , es decir como técnicos que recibíamos un sueldo en dólares que pagaba el gobierno de Angola. Ese salario era igual para todos y con independencia de la tarea que hiciéramos. Según Beatriz el monto percibido era de U$S 200 mensuales.  Pero la mayor parte de ese sueldo estaba destinada a ser enviada a Uruguay a los efectos de subvencionar los gastos del PCU en la clandestinidad.  Los montos de los sueldos fueron variando con el tiempo. Inicialmente viajamos con un pasaporte emitido por el gobierno cubano y luego de un tiempo el gobierno de Angola nos proporcionó un pasaporte angoleño. Según las circunstancias utilizábamos uno u otro pasaporte. Debido a que nosotros no recibíamos el salario en forma directa seguíamos dependiendo para obtener los insumos indispensables de la Misión Civil Cubana. Posteriormente, cuando pasamos a tener el estatuto de cooperantes tuvimos acceso a una tienda especial donde podíamos adquirir suministros importados de diferentes partes del mundo.

Es necesario aclarar que durante toda nuestra estadía en Angola las condiciones políticas y militares impidieron el desarrollo de un mercado ya que la relación del campo y la ciudad estaba cortada. Con el tiempo se fue desarrollando un mercado donde existían algunos productos, principalmente importados. También fue una característica de ese período la masiva emigración de campesinos a la ciudad, lo que generaba diversos problemas de abastecimiento. La UNITA de Jonas Savimbi, apoyada por Estados Unidos y el régimen de apartheid cortaban sistemáticamente, mediante atentados de extrema violencia, el suministro de agua y electricidad a la ciudad de Luanda, lo que ocasionaba las principales dificultades de nuestro diario vivir. Con el tiempo nos fuimos acostumbrando a tener agua durante dos o tres horas al día y a soportar apagones que a veces duraban varios días. Tal vez el atentado que produjo mayores trastornos fue la explosión perpetrada por la UNITA en la refinería de petróleo de Luanda.

En el caso de nuestra familia, la Universidad nos asignó una casa de su propiedad, que era bastante grande y donde solíamos reunirnos para tratar los asuntos de la Brigada y para planificar la multitud de tareas que teníamos que llevar a cabo en forma colectiva, más allá del trabajo particular de cada integrante de la Brigada.

¿Cuáles fueron sus principales experiencias profesionales en Angola?

La dictadura de Zalazar en Portugal mantuvo a los pueblos colonizados en África en la mayor de las opresiones. Los territorios de Ultramar que eran Angola, Mozambique, Guinea-Bissau y Cabo Verde, las islas de Sao Tomé y Príncipe constituían una sucursal del imperio colonial británico en África o, para decirlo con mayor precisión, Portugal era un subimperio colonial enormemente atrasado, aún en comparación con otras estructuras coloniales africanas. La lucha anticolonialista comenzó inmediatamente después de terminada la Segunda Guerra Mundial y tuvo diferentes manifestaciones. En el caso de las colonias portuguesas los movimientos nacionalistas surgieron ya en la década del 50. El Movimiento para la Liberación de Angola fue fundado por Agostinho Neto el 10 de diciembre de 1956. Pero a partir de los acontecimientos en el Congo y el asesinato de Patrice Lumumba la lucha anticolonial adquirió el carácter de lucha armada. Esa lucha fue particularmente violenta en Guinea-Bissau y en Angola. El asalto a las cárceles de Luanda el 4 de febrero de 1961 que coincidió ex profeso con el arribo a Luanda del barco portugués secuestrado por el capitán Humberto Delgado tuvo una gran repercusión internacional. El MPLA, por su parte, llevó a cabo una campaña de solidaridad internacional que generó exigencias a nivel de la O.N.U. Esas exigencias fueron potenciadas, además, por los avatares de la Guerra Fría y por el influjo creciente del Movimiento de los países No Alineados. 

En respuesta a estas exigencias la dictadura de Salazar se vio obligada a tomar dos medidas contrapuestas. Por un lado se enviaron tropas a todos los territorios coloniales y por otro se hicieron inversiones en materia de infraestructura y en la educación de los nativos , que hasta ese momento sólo disponían de estudios primarios y de acceso a estudios secundarios fundados por las Iglesias protestantes. En una de ellas se formó Agostinho Neto, quien luego se trasladó a Portugal para culminar sus estudios de Medicina. Fue así que en 1963 la dictadura zalazarista creó los estudios universitarios de Angola, reservados en principio para los hijos de los colonos blancos y para algunos nativos .

Esta introducción algo extensa permite dar cuenta de que cuando llegamos a Angola yo me encontrase con la una realidad inesperada. Había algunas estructuras universitarias en Medicina, Ingeniería y Ciencias en especial con un nivel aceptable, incluso con instalaciones que significaban una cuantiosa inversión, como, por ejemplo, el laboratorio de Microscopía Electrónica instalado cerca del aeropuerto.

Cuando se acercaba el momento de la independencia de Angola, después de la revolución de los claveles en 1974, que derrocó al movimiento de Marcelo Caetano en Portugal y de los acuerdos de Alvor celebrados en ese mismo año, alrededor de un millón de portugueses huyeron a la metrópoli, por temor a las represalias que las nuevas autoridades podrían adoptar. No obstante no todos adoptaron esa actitud. En el caso de los médicos un grupo permaneció en el territorio, algunos por su pertenencia al Partido Comunista Portugués y otros, la mayoría, porque eran hijos de portugueses nacidos en Angola y que había adherido al MPLA. Resulta pertinente aclarar que el MPLA tenia, desde su fundación, un carácter nacionalista decidido con firmeza a combatir el racismo y las divisiones étnicas existentes en el vasto territorio de Angola. Los otros movimientos, el FNLA de Holden Roberto y la UNITA, fundado por los altos mandos portugueses con el apoyo de Estados Unidos, eran francamente racistas y  además, se dedicaban a combatir al MPLA y no al colonialismo portugués.

De modo que cuando llegamos a Angola se daba la siguiente situación. El gobierno de Agostinho Neto estudiaba la posibilidad de crear una Universidad nueva aprovechando las instalaciones existentes. Finalmente se optó por abrir los estudios universitarios en ese momento y no postergarlo para más adelante. Debido a que la masa crítica de médicos era la más numerosas y a la imperiosa necesidad de formar cuadros para estructurar un sistema sanitario el entonces Vice-Ministro de Educación, el hoy extraordinario novelista Arthur Pestana, conocido con el seudónimo guerrillero de Pepetela, comandante de la toma de Benguela durante la lucha de liberación nacional, convocó a un grupo de futuros docentes, entre los cuales me encontraba, para solicitarnos la redacción de un reglamento sencillo y práctico que permitiese echar a andar la nueva Universidad. Recuerdo haber asistido a la reunión inaugural de ese embrión de Universidad en una sesión especial presidida por el Secretario de Organización del MPLA y mano derecha de Agostinho Neto, el Sr. Lucio Lara. Fue esa la primera emoción fuerte que recuerdo de ese primer año en Angola.

En las disciplinas básicas a mi se me asignó la tarea de ocuparme de la enseñanza de Histología y Embriología, que era mi especialidad. El Prof. António Cadete Leite, eximio anatomista portugués quedó encargado de la enseñanza de Anatomía y el Dr. Moura Pires quedó encargado de la enseñanza de Bioquímica.

Recuerdo que una de las primeras tareas que realicé, además de poner en orden el sector que me correspondía, fue la de realizar un curso para formar preparadores de Anatomía Patológica, es decir técnicos capaces de confeccionar preparaciones histológicas y embriológicas, tarea que realicé en conjunto con un técnico cubano muy bien formado que había participado en la guerra contra el FNLA y la UNITA. En dos o tres meses formamos cuatro o cinco técnicos, de los cuales recuerdo con mucha emoción a una señora de nombre Filomena. Fue la mejor alumna del curso mencionado, era una trabajadora incansable y lograba trabajos perfectos. Era parte de una comunidad que sufría un injusta discriminación por parte del resto de los angoleños porque pertenecía a las familias que huyeron al Zaire en los comienzos de la lucha armada. Se vestía del modo tradicional africano y siempre estaba de buen humor. Tenía varios hijos y después de uno de sus partos había quedado bastante gorda. Yo se lo dije y ella, con una gran sonrisa, me explicó que para los africanos cuando la mujer está gorda significa que está feliz y bien tratada. Filomena se inscribió en los cursos de Medicina y con gran solvencia recibió su título. Después de mi partida no volví a saber más de ella hasta que en uno de mis viajes a Porto me enteré de que había llegado a Inglaterra y había obtenido un doctorado en alguna rama de las Ciencias Biológicas. Es uno de los casos de superación individual más extraordinarios que conozco y eso me emociona.

Ese mismo año de nuestra llegada iniciamos los cursos del primer año lectivo posterior a la independencia en la Facultad de Medicina. Creo que en ese primer curso se inscribieron unos 30 o 40 alumnos y en los años sucesivos el número fue incrementándose sin cesar. Entre los primeros alumnos elegimos a los más destacados para incluirlos en la plantilla docente ya que la principal preocupación fue, desde un principio, formar cuadros que pudieran seguir con nuestra tarea una vez que los tres mosqueteros iniciales tuviéramos que retirarnos. Al año siguiente recibimos el invalorable refuerzo de docentes enviados desde Cuba para cubrir las disciplinas básicas que faltaban y que haciendo de tripas corazón nosotros cubríamos como podíamos: es decir estudiábamos cada clase del programa y luego tratábamos de hacernos entender al dar la clase. Los docentes cubanos cubrían todas las materias lo que nos dejaba más tiempo para organizar poco a poco una estructura universitaria cada vez más eficiente. Los docentes cubanos permanecían un año y luego eran substituidos por un nuevo equipo que permanecía otro año más.

En lo personal los rápidos progresos realizados en la organización de la Facultad de Medicina me permitieron asumir la tarea de psiquiatra en el hospital de Luanda. No fue esa una elección mía sino la respuesta a una invitación que me realizara el entonces director del Hospital Psiquiátrico, un hombre que se había formado en Francia y que después de un tiempo se fue, al igual que otro psiquiatra que se ocupaba de la Policlínica. Había un tercer psiquiatra, que había estudiado en Rumania y que al poco tiempo fue designado Rector de la Universidad. Quiere decir que durante cuatro o cinco años fui el único psiquiatra que ejercía en el país. Incluso durante un par de años me encargué de dictar el curso de Psiquiatría. Debo aclarar que también en este rubro el gobierno de Cuba también enviaba cada año un equipo de especialistas pero ellos se ocupaban principalmente de los pacientes internados.

En determinado momento se decidió habilitar un segundo hospital en las afueras de Luanda y, junto a dos excelentes enfermeros, me encargué de organizar ese nuevo centro asistencial, destinado a los pacientes crónicos. Se trataba de una población de pacientes portadores de patologías graves, por lo general abandonados por sus familias, que hablaban en los dialectos del país, de modo que me fue muy difícil confeccionar sus historias clínicas. En algunos casos lo logré debido a que los enfermeros que me acompañaron en esa patriada conocían a los pacientes. Lo cierto es que durante ese período, antes de concurrir a la Policlínica compraba algunos ejemplares del periódico de Angola y lo llevaba para que los pacientes tuvieran algo que hacer. También logré que el director del Hospital principal de Luanda un enfermero con el cual tuve dificultades de relación comprara unos juegos de damas. Los enfermeros que colaboraban conmigo organizaron una pequeña huerta en la cual algunos pacientes trabajaban.

Sobre esta experiencia como psiquiatra en Angola podría relatar infinidad de anécdotas pero voy a limitarme sólo a algunas. La población que concurría a la Policlínica era muy variada: campesinos no asimilados a la cultura europea , personas ya integradas a la cultura portuguesa, militares y civiles, mayoritariamente mujeres pero también hombres. A pesar de las dificultades de todo tipo el suministro de psicofármacos todos  los que eran de uso corriente en aquella época- siempre estuvo disponible, de modo que los recursos terapéuticos eran la intervención con medicamentos combinada con lo que suele llamarse terapia de apoyo. Afortunadamente nunca hubo equipamiento para realizar E.C.T. ( el famoso electroshock).
Una realidad que me llevó cierto tiempo comprender fue el hecho de que cuando le preguntaba a las mujeres por el número de hijos que tenían respondían- al menos las que hasta hacía poco habían sido campesinas- con números elevados. Pero luego, al profundizar en la relación médico-paciente, resultaba que el número de hijos era siempre el de nacidos vivos. Aquellos que habían muerto en un país que tenía 200 o 300 por mil de mortalidad infantil, también figuraban en la cuenta de la madre. Aquella era una situación desgarradora. Muy cerca del Hospital Psiquiátrico se encontraba el pabellón denominado de infecto-contagiosos, que era en realidad el depósito transitorio de los niños que nacían con tétanos neonatal y morían indefectiblemente dentro de las 24 horas de nacimiento. Esta cruel realidad la vivieron los dos pediatras que formaron parte de la Brigada, el Dr. Godofredo Fernández y la Dra. Margarita Groismann ( no estoy seguro de que ese fuese su apellido), que hicieron un gran trabajo. Esta alta morbilidad por tétanos se debía a que la mayoría de los partos se realizaban en domicilio, es decir en viviendas muy precarias.

En las consultas que hacían las mujeres tuve que acostumbrarme a los conflictos generados en el seno de la poligamia, que era algo muy extendido en aquella época. Nunca era la angustia a la que estábamos acostumbrados: él me engaña con otra ; la indignación provenía de conflictos derivados de un apoyo económico desigual o de un incumplimiento sexual o de la ruptura de las prioridades que en ese sistema deben ser respetadas.

La mayoría de los pacientes distinguían con precisión la medicina tradicional de la medicina del colono , que era la que hacíamos nosotros. Para aliviar el malestar que los aquejaban concurrían a ambas consultas. Pero ocurría que consideraban la consulta conmigo del mismo modo que en la medicina tradicional, o sea era una consulta en la cual uno debía resolver el problema de inmediato. Fue después de una conversación con el Director de la Facultad de Medicina que me dí cuenta de por qué muchos pacientes dejaban de concurrir a las consultas con cierta regularidad. A partir de ese aprendizaje pasé a empeñarme más en el logro de un apego regular al tratamiento.

Un buen número de consultas se relacionaban con el llamado síndrome por estrés post-traumático, muy frecuente en una población que había sufrido una cruenta guerra civil y que seguía en guerra. Se trataba de personas a las cuales un obús había matado a la mitad de la familia, o de soldados que habían sufrido un bombardeo de la aviación sudafricana o de quienes habían perdido un miembro al pisar una mina, etc. La frecuencia de estas incidencias propias de la guerra me obligó a ir a la biblioteca y leerme todo el tomo de la Enciclopedia francesa de enfermedades mentales dedicado a la psiquiatría militar. Aprendí mucho sobre el tema.  

Una corta anécdota. Cierto día llegué al local de la Policlínica y me encuentro con un negro que debía medir dos metros, que estaba profundamente dormido y atado de pies a cabeza con una cuerda de una pulgada de espesor. En una de las piernas tenía una herida de bala. ¿Qué había pasado?. Se trataba de una persona que padecía una grave epilepsia y que sufrió lo que se denomina una crisis de furor epiléptico durante la cual había prendido fuego su casa y se proponía seguir incendiando todo el barrio. Los vecinos acudieron al ejército y a alguien se le ocurrió una insólita medida de contención: pegarle un tiro en una pierna para dejarlo inmovilizarlo y así poderlo llevar al Hospital donde una buena dosis de diazepam intravenoso surtió su efecto. Ordené que lo desataran, no sin cierta duda, y que cuando despertase viniese a conversar conmigo. No sé que pasó porque siguió durmiendo varias horas más.   

Creo que en algún mes de 1980 me relacioné con un neuropediatra alemán, de la R.D.A., por supuesto. El estaba preocupado por conseguir a alguien que le ayudase a montar un laboratorio de electroencefalografía. Se trata de la técnica que permite registrar la actividad eléctrica cerebral mediante la colocación apropiada de un juego de electrodos en la superficie del cuero cabelludo. Una técnica inventada por Berger en 1924. Yo hablé con uno de los preparadores que trabajaba conmigo en la Facultad, un individuo de excepcionales condiciones personales, quien accedió a participar. De modo que el neuropediatra alemán le enseñó a preparar a los pacientes y a hacer el registro.

De la lectura del mismo se hacía cargo el neuropediatra, por supuesto. Ocurrió, sin embargo, que un día el médico de la R.D.A. cumplió con sus dos años de servicio internacionalista y volvió a su país. Como habíamos establecido una muy buena relación él me propuso que yo aprendiese a leer los registros y a hacer los informes correspondientes y yo acepté. Asistí al curso final que él dio, me leí un libro sobre el tema y a partir de ahí dedicaba parte del domingo a leer las rayitas de los ocho canales y a redactar el informe. Como puede observarse siempre que se brinda solidaridad quién más recibe es el que la brinda.

Se me hace necesario aclarar que si hubo algo de mérito de parte mía en todo esto es Beatriz, la verdadera heroína de esta historia porque además de trabajar en la Universidad se ocupaba de la casa, de la cocina, de conseguir los insumos, de los cinco hijos en 1979 nació Ana, el quinto embarazo y parto ; no es de extrañar que Beatriz me rezongara con toda razón por esta nueva tareíta que me había agenciado. Verdadera heroína, además, porque tenía que aguantarme a mi, que soy un inútil sin referencias.

¿Y a nivel político, cómo vivió todo ese proceso?

Se puede decir que con mucha intensidad y en varios planos o dimensiones.

Comenzando por casa, es decir, como militante del P.C.U.  debo decir que el estímulo y hasta la admiración por nuestra labor nos proporcionaba una retroalimentación positiva proveniente de la dirección del partido en Cuba, del encargado de atender a la Brigada desde Roma, Esteban Valenti, y de las altas esferas localizadas en la Unión Soviética. Teníamos una vida orgánica , como se decía entonces, plena y bastante intensa. Había muchas tareas que realizábamos como Brigada, no individualmente, que generaban las correspondientes discusiones. Había un responsable político de la Brigada, que fue variando con el tiempo, y un secretariado que integré varias veces. Como en Angola no existían militantes del MLN ( Tupamaros) nos peleábamos entre nosotros, a veces por estupideces que ya ni siquiera recuerdo. A pesar de que recibíamos con cierta regularidad el informe del partido nos costaba bastante seguir lo que ocurría en Uruguay. Eso empezó a cambiar allá por el 82 con el triunfo del NO en el plebiscito organizado por la dictadura y con la visita de algunas personas que venían directamente de Uruguay. Recuerdo dos visitas significativas. Una, la reunión que tuvimos con el director de los Cuadernos de Tercer Mundo, el brasileño Neiva Moreira y, en especial, el informe que nos proporcionaron los compañeros Ciganda y otro cuyo nombre no recuerdo, que habían participado en el 1 de Mayo del 83. Recién en ese período nos convencimos de que la dictadura estaba herida de muerte como se nos venía diciendo en los informes desde hacía tiempo. Pero no tuvimos que pasar por las discusiones sobre el voto en blanco en el plebiscito del 82 y por otras pugnacidades que debieron afrontar otros colectivos del exilio. A partir de cierto momento pudimos reestablecer las tareas de educación partidaria. En lo que me es personal considero que la vida interna del partido me ayudó a madurar políticamente. Rodney Arismendi y otros dirigentes de alto nivel del partido como Félix Díaz y Alberto Suárez significaron una oportunidad de aprendizaje nada desdeñable.

Cuando se acercaba el momento del regreso las maestras que integraban la Brigada se encargaron de trabajar con los niños de la agrupación para explicarles lo que era Uruguay. Cumplíamos puntualmente con la consigna de estar en el exilio de cara a nuestro país. En 1983 concurrí, junto a la compañera Luz Diez, a un encuentro de exiliados que se realizó en Praga, una reunión donde aprendimos mucho y que estuvo cargada de honda emotividad.

Nuestras relaciones políticas con las autoridades del MPLA no podían ser ni más intensas ni de mayor nivel. El encargado de la Brigada tenía contactos permanentes con la dirección del partido de gobierno. Pero en forma simultánea diferentes integrantes de la Brigada manteníamos relaciones permanentes y estrechas con las más diversas organizaciones sociales del país. Con la Unión de Escritores Angoleños, con la Organización de la Mujer Angoleña, con el sindicato de trabajadores, con la Radio Nacional de Angola, con la agencia de noticias ANGOP y con dirigentes del MPLA de primer nivel. Estábamos plenamente integrados a la vida del país, participábamos como Brigada en las manifestaciones del 1º. de Mayo y puede decirse que en la gran mayoría de los hechos sociales y políticos del país estábamos presentes. A pesar de que por distintas vías conocíamos las tensiones que existían en el seno del MPLA nunca cometimos el error de inmiscuirnos para tomar partido por algún sector en especial.

Creo que ese fue el principal acierto del PCU en este rubro. A partir de esta actitud recibimos un enorme apoyo político y un aprecio incondicional en todas las organizaciones de la sociedad civil con que entramos en contacto.

Otra dimensión de nuestras relaciones políticas tiene que ver con los contactos permanentes con otros grupos que residían en Angola en aquel momento. Para no aburrir quisiera destacar dos vínculos que mantuvimos a permanencia. Uno de ellos fue la estrecha relación que durante un par de años mantuvimos con Mr. Uriah Mokeba y con su señora Florence Mokeba, responsables del Congreso Nacional Africano (ANC).

En muy amistosas reuniones que mantuvimos con ellos casi todos los domingos pudimos apreciara la calidad humana de estos luchadores y aprendimos con mayor acuidad que en cualquier libro sobre la magnitud de la lucha que sobrellevaba el ANC en el interior de Sudáfrica. Recuerdo que cierta vez organizamos una jornada en una fábrica junto con militantes de ANC, que terminó en un partido de fútbol con una pelota de trapo entre uruguayos y sudafricanos. Eran una gente extraordinaria. Cuando nos despedimos de Angola para regresar a Uruguay ellos organizaron un espectáculo de despedida que quedó grabado para siempre en nuestras emociones más intensas.

Otra relación permanente fue la que mantuvimos con el responsable del Partido Comunista Portugués en Angola, el teniente de la revolución de los claveles Augusto Baptista, amigo del alma hasta ahora. El centro de nuestra mutua relación fue durante varios años la participación de la Brigada en las celebraciones del 25 de abril de 1974.

En forma conjunta y con la participación entusiasta de toda la Brigada organizamos múltiples actividades, desde actos solemnes en el principal cine de Luanda hasta una especie de quermese que resultaba siempre divertida.

Más puntuales fueron las relaciones con el representante del movimiento de liberación de Namibia (SWAPO) y con el responsable en Luanda del Frente para la Liberación de Timor Leste. En una oportunidad una delegación de la Brigada concurrió a Maputo para establecer contactos con dirigentes del FRELIMO ( Frente para la Liberación de Mozambique).

De todos modos la relación más permanente, yo diría carnal, fue la que mantuvimos con los compañeros cubanos. A todos los niveles, con quienes trabajaban junto a nosotros en las diferentes tareas, con los distintos embajadores de Cuba en el período de la Brigada, con las autoridades de la escuela a la que concurrían nuestros hijos.

¿Hacían actividades relacionadas con Uruguay?

Por supuesto. Sería interminable relatar este aspecto y por ello me voy a limitar a dos eventos de gran importancia. Uno de ellos fue la organización de las Jornadas de Solidaridad con Uruguay y los pueblos en lucha de África Austral. Esta iniciativa fue programada al más alto nivel por Agostinho Neto y Rodney Arismendi y contó con el apoyo de otros colectivos del exilio. Las jornadas fueron precedidas por una gira de ambos dirigentes por varias ciudades de Angola y fue particularmente importante el memorable discurso que pronunció Agostinho Neto en Lubango, centro de los ataques más violentos de la aviación sudafricana. Fue el último discurso público del líder del MPLA, que fallecería ese mismo año de 1979 en la Unión Soviética.

Las jornadas en sí duraron una semana, según recuerdo. Desde el exterior concurrieron Daniel Viglietti, Héctor Numa Moraes y un cantante chileno de apellido Rodríguez. El presidente de la Unión de Escritores de Angola, el excelente escritor Luandino Vieira nos ofreció editar una antología de poesía uruguaya en el exilio y designó un traductor, Caetano, para que se encargara de trabajar conmigo en la preparación de los textos. Yo tenía algunos materiales, no muchos, y Alfredo Gravina me envió desde Cuba una serie de textos que pudo conseguir con mucho trabajo. Dedicamos varias noches con Caetano a realizar las traducciones y cuando le presentamos a Luandino el manuscrito recibimos la insólita sorpresa de que habían decidido hacer una impresión de 10.000 ejemplares.

Creo no equivocarme si digo que nunca una muestra de poesía uruguaya alcanzó tal tiraje. Desde el exterior llegaron unos calendarios con las fotos de León Lev y Jorge Mazzarovich, que en ese momento estaban detenidos en Uruguay. El compañero Pacho Nalerio trabajó muchísimo en el armado de una exposición en la plaza principal de Luanda, el famoso largo de Kinaxixe, tema de uno de los poemas más logrados de Agostinho Neto. El día de la inauguración de la muestra, donde se exponían armamentos capturados a la UNITA y al ejército sudafricano,  junto a nuestros libros de poesía la concurrencia del público fue masiva. Recuerdo que Beatriz tuvo que ir a rescatar a nuestros hijos mayores, Álvaro y Leandro, y a Carina, la hija de Nalerio, de una turba de gente que peleaba por llevarse un ejemplar de las poesías y las estampitas con las fotos de León y Jorge. 

La otra actividad que a mi juicio merece destacarse fue la confección de una audición de radio que se llamaba Uruguai, un povo em luta . Había un equipo, dirigido por el Dr. Daniel Otero, que se encargaba de redactar los textos y de hacer la locución. Fue impresionante la repercusión que tuvo ese programa radial que se emitía para toda Angola. Años después, cuando nuestro hijo Leandro volvió a Luanda, allá por el año 2010, al pasar por la aduana y mostrar el pasaporte uruguayo el funcionario se lo devolvió con una amplia sonrisa y la frase Uruguai, un povo en luta .

¿Quiere recordar a algunos compañeros suyos integrantes de la Brigada?

Desde el punto de vista afectivo quisiera recordarlos a todos. Si pienso en términos de apoyo laboral a la reconstrucción del país mencionaría a varios. En primer lugar el trabajo que realizaron los médicos pediatras y al Dr. Cora, quien trabajó durante mucho tiempo en el hospital general de la ciudad, el Américo Boavida.

De Francia llegaron, creo que en 1979, los compañeros Pacho Nalerio y su esposa Marité Derregibus. Se animaron a venir con su hija, Carina, que padecía una diabetes tipo I que requiere grandes cuidados y el suministro permanente de insulina. Pienso que adoptaron una decisión de enorme valentía. Al mismo tiempo Marité se desempeñó como docente en la Facultad de Ciencias y el Pacho , que era arquitecto, con una carrera docente de mucho mérito en Uruguay, levantó desde los propios cimientos una Facultad de Arquitectura, lo que representó una labor titánica. Formó cuadros muy valiosos y diseñó los planos del edificio de la Facultad, que dejó admirados a muchas personas en Angola. Ambos fueron, entonces, un apoyo de valía para la presencia uruguaya en la Universidad Agostinho Neto .

El Dr. Eduardo Seguí y su esposa Miriam fueron parte de la Brigada desde el primer momento. Eran odontólogos y montaron una clínica de estomatología, como decían los cubanos, donde se asistieron infinidad de pacientes. Creo que cubrieron una de las necesidades más urgentes de la población en aquellos primeros años. Formaron, además, técnicos muy capacitados que según tengo entendido aún siguen trabajando.

Con el flaco Vaz, entrañable compañero, compartimos experiencias intransferibles, en especial durante el primer año de vida en Angola. Lo que más nos impactó fue, sin duda, el haber vivido  el intento de golpe de estado llevado a cabo por un integrante del MPLA en el año 1977. Este individuo sostenía tesis ultraizquierdistas y a pesar de haber sido un destacado guerrillero se dejó seducir por la prédica de un sector disidente de la juventud comunista portuguesa. Cuando aquel 27 de mayo de 1977, apenas tres meses de haber llegado a Angola, nos despertaron los misiles volando por toda la ciudad y los ruidos de ametralladora no lo podíamos creer. Habíamos vivido el golpe de estado aquí, en Uruguay (1973); habíamos presenciado, estando en la primera estación del exilio en Buenos Aires, el golpe de Videla. ¡Y ahora en Angola otro golpe¡

En ese momento no entendimos nada. Simplemente nos limitamos a observar cómo los compañeros cubanos volvían a ponerse los uniformes de combate y salían a defender al gobierno de Agostinho Neto. Recuerdo el rostro de Agostinho Neto cuando habló por televisión. Tenía un rostro de honda tristeza y se lamentó por los valiosos compañeros que habían caído en aquellas sangrientas confrontaciones. Recuerdo también la enorme tristeza con que encontré a mi madre angoleña, dona Delfina, que era la encargada de la limpieza en la Facultad. Delfina siempre estaba preocupada por mi alimentación y también intentó enseñarme, en vano, a hablar en quimbundo.

No puedo dejar de mencionar a nuestro gran amigo, el Cacho Pisani. Integrante del primer grupo de brigadistas fue quien estuvo más cerca de nuestra familia a lo largo de varios años. Fue el único que se casó con una angoleña, de nombre Clementina. La reunión del casamiento se hizo en nuestra casa con la presencia de toda la brigada, un lechón asado y muchísimos invitados. El Cacho se destacó trabajando como panadero en el Hotel Presidente, donde residía una parte importante de la misión civil cubana.

Falleció en nuestra casa, luego de volver de Cuba con un cáncer de pulmón generalizado. De acuerdo a la tradición de la zona de Luanda su esposa Clementina durmió durante un mes entero en la cama donde había fallecido el Cacho .

¿Tuvieron reconocimiento y valoración por vuestro trabajo? ¿De parte de quienes?  

Nuestro trabajo, tanto técnico como político, fue reconocido por todos aquellos con quienes entramos en contacto. El gobierno de Angola, en primer lugar, la dirección del colectivo cubano en segundo término y por un sinnúmero de amigos que fuimos cosechando a lo largo del tiempo. Cada integrante del grupo tenía su círculo de amistades y yo me animo a decir que la valoración de nuestro trabajo era unánime. En el caso particular de nuestra familia trabamos amistad con una periodista inglesa, Jane Bergerol, que fue quien nos vinculó con la gente de A.N.C. Realizó la carrera de Medicina en Luanda y luego revalidó su título en Gran Bretaña. Hoy trabaja como médica especializada en Medicina Laboral en aquel país. Beatriz estuvo con ella en Escocia. También era muy cercana a nosotros una yugoeslava, Mira Strvac quien experta en montaje cinematográfico y trabajó en el desarrollo del cine en Angola.

¿Quiere destacar alguna actividad que hayan organizado en Angola?

Si. Dos. Una actividad que contó con el aporte de la brigada fue la realización del primer censo que se intentó hacer en la ciudad de Luanda. Beatriz , Marité y Álvaro ( que era un adolescente)  participaron al máximo nivel de coordinación junto a las autoridades angoleñas. Otros integrantes de la brigada realizaron tareas de importancia. Otra actividad que nos tocó encarar fue un trabajo

Fuente: www.bitacora.com.uy/auc.aspx?7812,7
 
 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.