Las tensiones del balotaje

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Las dos fuerzas políticas que irán al balotaje el domingo 24 se enfrentan en condiciones disímiles, y la fecha se avecina, implacable. El Frente Amplio hace caudal de ser la fuerza mayoritaria del país desde hace un cuarto de siglo, hoy con un 44%, según expresa una y otra vez el maestro en esas artes Agustín Canzani, presidente de la Fundación Liber Seregni. Con eso no alcanza, tan exigente es este balotaje.

Eso es cierto, pero también que 44% es bastante. El antecedente de una fuerza política que superara el 40% hay que encontrarlo recién en 1984 y en el Partido Colorado (PC), en las especialísimas condiciones del fin de la dictadura civil militar. Y también es cierto que el origen de la convivencia pecaminosa del Partido Nacional (PN) con el Colorado puede tener puntos de origen anteriores, pero sin duda lo tuvo en la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado; esa desgracia. Podrá no caer bien el razonamiento entre quienes asimilan progresismo a pureza, pero considérese que desde el FA se hizo la opción estratégica de movilizar todo lo posible a la fuerza política en el plebiscito para derogar la ley de Caducidad en 1989, con el objetivo que se entendió superior de activar y promover el crecimiento de la opción progresista en el país. Esto, luego que la ley de Caducidad se aprobara con una mayoría del 53%, y luego el plebiscito para derogarla tuvo sólo un previsible 41% de apoyo.

Esa cohabitación entre blancos y colorados ha venido avanzando desde entonces, no sin algún altibajo, y ahora –como sucede con tantas parejas– parece dirigirse hacia el matrimonio en una alianza formal en la que no hay hijos que reconocer sino, por el contrario, el temor a que la familia siga disminuyendo.

En ese marco, hoy la Coalición Multicolor (CM) tiene un PC que crece aun pescando en la pecera, y así le da protagonismo a la coalición. El FA crece 5 puntos sobre 2019 y vuelve a ser la fuerza política más votada, con 44% (y 46% de los votos emitidos): fueron 120.000 votos más para el FA. En la misma proporción decreció la CM; equilibrio significativo.

Hoy, el candidato Alvaro Delgado no tiene indicios de un apoyo monolítico a su candidatura de la CM, y si se sacan números, precisa en verdad sumar más votos que el FA. A su vez, el FA tiene la expectativa de lograr votos que en octubre votaron a la CM. Hay que suponer una fuerte fidelidad a Delgado de parte del PN, pero las fuerzas menores de la CM se achicaron (tal vez cansancio por la falta de incidencia real en las decisiones de la CM) y en el PC hay cambios mayores en el tema fidelidad. Más allá de las torpezas de Ojeda, el hecho es que tiene 2 de los 13 diputados colorados, y el resto responden a Pedro Bordaberry; hay allí una discusión pendiente sobre liderazgo. O tal vez no sea necesaria una discusión.

 

Además, en segunda vuelta lo importante es el criterio y juicio que se formen los electores, y en materia de gobernabilidad es evidente la ventaja del FA al dominar el Senado (https://www.laondadigital.com.uy/archivos/81246). Un gobierno encabezado por Delgado es posible, pero muy difícil de gestionar por el peso específico que tiene el FA a partir del poder que ya tiene asignado: mayoría propia en Senado, ser la fuerza mayoritaria en 12 departamentos, lo que implica otros tantos diputados, y haber crecido en todos los 19 departamentos.

De hecho, esta razón es más importante que otras que actúan en desmedro del PN: la reluctancia nacionalista que recibe su candidata a vice, la ausencia de terreno fértil en el nacionalismo para la naturalidad en la que deberían surjir los necesarios nuevos liderazgos y la ristra de pecados (bastaría con los conocidos) que jalonaron estos años de gestión. En cambio, en el FA, el MPP sacó el 27% de los votos del FA pero con listas jalonadas con adherentes que no son del sector, lo que refiere a la ausencia de pretensiones directrices y, por el contrartio, disposición desde el inicio a la concordancia. Y los nuevos liderazgos están llamados a ser parte de ese camino a recorrer, para que surjan con naturalidad.

El PN celebró haber tenido un porcentaje de votos inferior a los de 2019, lo que sugiere que sus expectativas eran aún mayores. Este pequeño desgaste implicó la pérdida de votos y también la inconsistencia entre la imagen positiva, del orden del 50%, de Lacalle Pou, y la imposibilidad de capitalizarla en términos electorales. Lo que lleva a colegir las dificultades de heredar en política y –esto es importante para el futuro de Lacalle Pou y sus planes personales– lo arriesgado de pretender que la realidad haga una acrobacia de cinco años y se reimplante en el país, al servicio de Lacalle Pou. Se puede alegar respecto al hoy la negativa influencia de las diferencias entre Lacalle Pou y Delgado, pero esas serían pérdidas peliagudas de revertir, además del costo que siempre tiene la fidelidad, particularmente en política.

Los intentos de la CM de hacer ofertas a personalidades del FA les demostró que era peor el remedio que la soledad que los tiene que haber embargado para hacer esas ofertas; que en dos oportunidades hicieron ante la terca realidad. Lo que lograron demostrar es que en la situación disímil en que se enfrentan, un supuesto triunfo de la CM no puede lograr un acuerdo de fondo sobre tema alguno sin la participación no de figuras del FA, que ahora comprobó que no se cortan solas, sino con el propio FA. Si levantaran la vista, verían que con sólo dominar el Senado, el FA tiene el control de la agenda parlamentaria.

Por Ventura Roman

 

 

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