“El amor duerme en la calle”: El contundente drama de la pobreza

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  La pobreza, la indigencia, la indignidad, la indiferencia, la pasión y la solidaridad son los cinco potentes ejes temáticos de “El amor duerme en la calle”, el contundente documental del realizador uruguayo Guzmán García, quien construye un contundente testimonio en torno a la dramática situación de las personas que sobreviven, como pueden, en la periferia de la sociedad, sin un techo bajo el cual guarecerse del frío, de la lluvias y del intenso calor. En este caso, el inalienable derecho a la felicidad de miles de uruguayos está en cuestión.

 Esto no es ficción, sino realismo puro, alimentado por la condena que castiga a las víctimas del sistema, que, aunque cueste asumirlo, suman más de 600.000 pobres, según la última medición difundida por el Instituto Nacional de Estadística, en función de los parámetros de la pobreza multidimensional. Este número, equivalente al 18% de la población y prácticamente duplica el guarismo medida por ingreso que regía hasta el momento. Esta es la realidad y no el burdo maquillaje del gobierno de derecha que padecimos durante cinco años, cuyas políticas ruinosas hicieron crecer sustantivamente la pobreza infantil y precisamente la indigencia. 

No en vano, Uruguay fue el país de la región que menos gastó en atender los problemas sociales derivados de la pandemia, según lo reportado por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Esta grave omisión del Estado provocó que 100.000 uruguayos más hayan caído bajo el umbral de la pobreza en 2020. Si bien en los años siguientes la tasa descendió, igualmente se mantuvo en registros históricos intolerables.

Obviamente, esa tendencia al deterioro social de vastos sectores de la población tuvo su correlato en las personas en situación de calle, cuyo número creció más de un 50% en el quinquenio 2020-2024, transformarse en una grieta y en una auténtica afrenta para la mejor tradición humanista de nuestro país.

Hoy, cuando apenas han transcurrido los primeros ocho meses del gobierno de Yamandú Orsi y pese a las medidas de emergencia aplicadas por el MIDES, que amplió su cobertura en refugios nocturnos en 2.000 cupos para amparar a la población más vulnerable en los meses de invierno, la situación permanece casi incambiada. Empero, se creó el Plan Comunidad a la Calle, que consiste, en esta primera etapa, en la  creación de nueve Centros Comunitarios “Puertas Abiertas” en Montevideo y la implementación de 50 “duplas itinerantes” compuestas por técnicos sociales y agentes comunitarios. Este nuevo proyecto aborda el problema de la espera prolongada por un cupo en centros nocturnos y la escasa activación de servicios de captación, ofreciendo un espacio de espera digno, servicios básicos y seguimiento personalizado, con el objetivo de dignificar la atención y construir vínculos duraderos. 

Naturalmente, se trata de medidas de emergencia, en un contexto de restricciones económicas heredado del gobierno anterior, mientras se aguarda la aprobación del nuevo presupuesto, que prevé créditos incrementales de 22 millones y medio de pesos para 2026 y de 24 millones de pesos para 2027.

En ese marco, fue lanzado el  primer encuentro hacia la construcción de la 1ª Estrategia Nacional Integral para el Abordaje de la Situación de Calle, que tendrá un gestión interistitucional y con amplia participación de organizaciones sociales. La iniciativa apunta a elaborar una batería de medidas integrales basadas en las voces, saberes y experiencias de quienes atraviesan la situación de calle, así como de quienes trabajan en centros de atención, organizaciones de la sociedad civil y distintos niveles de gobierno, incluyendo al sector educativo y académico, así como a actores empresariales, sindicatos y la comunidad en general.

El proceso se desarrollará en tres etapas, comenzando con una serie de encuentros participativos regionales, en los cuales se comenzarán a articular medidas concretas para el abordaje de una problemática social que impacta y lastima. 

En el marco de la primera jornada, se debatieron causas y consecuencias de la indigencia y se elaboraron secuencias explicativas que permitieron identificar nudos problemáticos y posibles alternativas de abordaje. El intercambio grupal fue luego socializado entre mesas, con el objetivo de integrar miradas, condensar coincidencias y registrar los aspectos en los que no hubo consenso. 

Según un relevamiento realizado por el MIDES entre personas que duermen a la intemperie y no pernoctan en refugios -que no es representativo de la totalidad de las personas en esa situación- siete de cada 10 personas declararon que consumen a diario alcohol u otra droga, mientras que la mitad señaló haber estado preso y el 36% reveló haberse sometido en algún momento a un tratamiento psiquiátrico, 

A su vez, 9 de cada diez son varones y su promedio de edad es de 40 años. Asimismo, en materia educativa, cuatro de cada diez cursó como máximo el nivel primario y el 40% el ciclo básico liceal o de educación técnica.

La magnitud del problema ha empeorado en los últimos cinco años, ya que en 2020 el número de personas asistidas por el MIDES fue de 5.953 y, a partir de 2023, la cifra ascendió a más de 11.000 las personas que requirieron ser alojadas en refugios.

Por su parte, casi 4.000 individuos ingresaron el año pasado por primera vez al sistema de atención del MIDES para personas sin hogar.

Conmovido por esa situación y en la misma línea del director Jorge Fierro, autor del documental  “Señor, si usted existe, por qué no me saca de este infierno”, Guzmán indaga en esa suerte de submundo paralelo habitado por miles de uruguayos que pernoctan cotidianamente a la intemperie. Empero, lo realmente novedoso es que en este caso pone su foco en parejas de indigentes, con el propósito de registrar historias de amor tan reales como las de cualquier uruguayo, sin soslayar los eventuales conflictos y patologías, como la adicción a la pasta base, que sigue provocando estragos en nuestra sociedad.

Son tan uruguayos como nosotros y tienen los mismos derechos, aunque la pobreza les niegue un derecho elemental: el derecho a ser felices. Con frecuencia, estas personas son miradas de reojo, con desprecio y hasta con temor, porque algunos de ellos son presos excarcelados que recuperaron la libertad ambulatoria, pero no la libertad de decidir sobre sus destinos, porque, además de no tener techo, con frecuencia no tienen familia o la familia los ha abandonado.

Las protagonistas de este trabajo audiovisual son cuatro parejas que fueron entrevistadas en plena vía pública, a los efectos de conocer sus historias de vida, sus estrategias de supervivencia, pero también, en muchos casos, sus sueños.

Una de las parejas está integrada por Fabián y Cristina, quienes no ocultan lo enamorados de estar y lejos de padecer la precaria situación en la que viven, parecen disfrutar, porque, para ellos, el amor se ha transformado en una suerte de anticuerpo contra el dolor y la indignidad. En efecto, hablan, se abrazan, se besan y demuestran todo su cariño mutuo.

Empero, esa felicidad siempre está amenazada no sólo por la pobreza, sino también por la violencia que impera en las calles, ya que Fabián fue agredido y las secuelas de ese incidente son visibles. Como contrapartida, Cristina está embarazada y sueña con algo que no será posible, porque sabe que, cuando nazca, su futuro hijo quedará bajo la tutela del Estado.

Por su parte, María y Jonatan transmiten una sorprendente tranquilidad y desarrollan una relación aparentemente muy armónica, aun dentro de sus limitaciones. Empero, ella contrajo el VIH que le contagió su ex pareja. Esa patología parece no preocuparle al hombre, que acepta a su mujer cómo es y con sus problemas, sin emitir juicios de valor, porque el compromiso afectivo es más importante.

En tanto, el conflicto aparece cuando los entrevistados son  Vanessa y Jhonatan. En este caso, la mujer es bastante mayor que su pareja, por lo cual posee más experiencia de vida y aplomo.

Cuando fueron abordados por el equipo de producción, el vínculo parecía estar en crisis, ya que ella se manifestó cansada de este estilo de vida tan paupérrimo y hasta le reprocha al hombre su conducta abiertamente descarriada, que bien podría provocar la separación. Aunque el sentimiento persiste, hay claramente dos visiones de cómo encarar la vida: la de la mujer, que quiere emerger del pozo y la del hombre, para quien la situación de calle está absolutamente naturalizada.

En tanto, el vínculo entre Ruben y Paola es bastante contradictorio, ya que, por un lado, disfrutan del hogar que han construido con sus propias manos, lo cual les permitió abandonar la calle y vivir más dignamente. Sin embargo, la adicción del hombre empaña la relación, ya que deviene en violencia.

Incluso, en la siguiente escena, Ruben está preso por haber agredido a su pareja. “Yo creo que si no llamaba a mi cuñada, me mataba», cuenta Paola, visiblemente conmovida. “Ya no era él. No era esa persona de la que te conté al principio», le confiesa con dolor al director.

Obviamente, en estos cuatro casos nada es perfecto, porque a todos les falta algo que es fundamental para asentar un hogar: un techo bajo el cual cobijarse e instalarse. Sin embargo, en algunos casos, mencionan que tienen planes. Es decir, no han perdido la esperanza de emerger de tanta miseria.

Con la adicción y la violencia como potenciales amenazas a la felicidad, estas personas transitan por problemas vinculares muy habituales en otros uruguayos que viven dentro del sistema, ya que trabajan consumen e intentan progresar.

En efecto, el film describe las peripecias que afrontan todos y todas, ya que, en algunas escenas, aparece solo un miembro de la pareja, porque el otro se ha separado transitoriamente, porque sus prioridades no coinciden, porque hubo un conflicto de pareja o en las hipótesis que alguien ha cometido un delito y está privado de libertad.

En algunos casos muy puntuales, los entrevistados sorprenden con reflexiones inteligentes e incluso utilizan un lenguaje que revela que, en algún momento, tuvieron acceso a la cultura. 

Este documental registra historias de vida y, obviamente, historias de lucha. Seguramente, la mayoría de las personas que están en esta situación tienen la aspiración de cambiar. Empero, la pobreza y las adicciones se transforman en un obstáculo que, en algunos casos, parece insalvable.

Empero, como todos tenemos el derecho jurídico y ético a una vida digna tal cual lo establece la propia Constitución de la República, estos seres humanos necesitan ayuda. Para eso está el Estado, que tiene herramientas para atender la emergencia social, pero también debe existir conciencia en la propia sociedad que no podemos seguir tolerando estos cuadros de indignidad.

En efecto, los testimonios corroboran que no todos están resignados a seguir en situación de postración. Hay, empero, rebeldía y deseos de seguir adelante y, en este contexto, el combustible del amor es fundamental.

Ese amor y compromiso que demuestran las parejas, más allá de sus eventuales conflictos y rupturas, es una suerte de imperativo ético para todos los uruguayos, que deben observar a estas personas como iguales y no con asco ni con rechazo.

Al igual que en “Señor, si usted existe, por qué no me saca de este infierno”, “El amor duerme en la calle” es un crudo testimonio de la deplorable situación que afrontan miles de uruguayos como nosotros. En este caso, no basta con la ayuda estatal ni con los escasos gestos de voluntaria solidaridad. Se requiere un compromiso colectivo de toda la sociedad, a los efectos de revertir, por lo menos a mediano plazo, una situación realmente insostenible que nos debería avergonzar como colectivo.

Este film es un testimonio tan crudo como contundente, porque se trata de historias reales y con personajes reales, que tienen conculcados muchos de sus derechos, a menudo por negligencia gubernamental o por indiferencia social. Esta situación sólo podrá cambiar si comenzamos a ver a estos compatriotas como iguales y le exigimos a los gobiernos de turno que se comprometan, como es debido, a trabajar incansablemente para lograr la definitiva erradicación de  estos cuadros de agudo deterioro material y espiritual. En ese marco, esta película, que no tiene valor comercial ni es un mero pasatiempo, es un valioso aporte a la reflexión colectiva que nos desafía e interpela, la cual está concebido con superlativo profesionalismo y sensibilidad.

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

FICHA  TÉCNICA
El amor duerme en la calle Uruguay 2024. Dirección: Guzmán García. Fotografía: Sebastián Viera.Música: Hernán Díaz. Sonido directo: Carlos Díaz.Montaje: Guzmán García, Félix Pérez. Posproducción de sonido: Santiago Bednarik. Posproducción de imagen: Elisa Barbosa Riva. Reparto: Fabián Monio, Cristina Tresilla, Marcelo Rodríguez, Maria Getta, Jonathan Méndez, Vanessa Díaz, Paola García, Rubén Schofs.

 

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