Sobre la caja militar

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Las lógicas de la información parecen inescrutables.

Nos sacuden diariamente en sucesión interminable, vertiginosa y dramática hechos que amplificados por las redes sociales nos desbordan.

Corremos de una indignación a otra, de un acto de corrupción, a otro femicidio, de ahì a una investigación periodística que desata una catarata de voces a favor y en contra de la figura del recientemente fallecido Ministro de Defensa, Fernández Huidobro. Pedro el que no tenía apellido renuncia a la carrera política. Como telón de fondo Trump saca a pasear por todo el mundo a su flota. Siria sigue siendo lugar macabro para juegos de guerra. Podría aumentar la ensalada de noticias hasta el infinito.

Creo que mi primera y lógica conclusión es desasosiego e impotencia. Los sucesos parecen ser una gigantesca ola de absurdo incontenible.

Encontrar un hilo conductor para entender el recorrido de los procesos parece imposible, no obstante hay una sucesión de temas referidos a un mismo sector de la sociedad que me llaman la atención.

Por primera vez de manera más o menos clara surge la posibilidad de la reforma de la Caja Militar. Es una reforma imprescindible. El sistema previsional es la expresión más importante de solidaridad intergeneracional. Por múltiples motivos durante décadas el BPS, se fue pauperizando y además del déficit endémico del organismo, las jubilaciones y pensiones sufrieron un deterioro sistemático. Este proceso se revirtió con el gobierno del Frente Amplio que ha mejorado las pasividades, sobre todo las más sumergidas y año a año éstas fueron recuperando poder adquisitivo.

Es claro que ningún pasivo puede vivir con las jubilaciones más bajas pero desde el ordenamiento administrativo, el aumento de los trabajadores que aportan y un control más estricto el sistema previsional uruguayo ha mejorado sustancialmente.

Desde la dictadura hasta hoy la Caja Militar ha sido tema tabú e intocable, sin embargo diez mil oficiales jubilados  le cuestan al Estado uruguayo un gasto anual de 400 millones de dólares. De ellos 1500 cobran entre 133.000 y 340.000 pesos mensuales. Las cifras por si solas deberían llamarnos a reflexión, el régimen de pasividades se ve claramente vulnerado en su sentido de equidad y solidaridad. Es el mismo Estado que paga nueve mil pesos por un lado y más de cien mil por otro.  Es distinto el sistema en años y edad para jubilarse, cobran aguinaldo. En fin, una caja privilegiada que se despega del resto de los jubilados del Uruguay.

Mucho se ha hablado y se habla de su rol, del sentido mismo de su existencia. Sin embargo hoy el destino más claramente usado es el de las misiones de paz, que no son otra cosa que ejércitos de alquiler. Donde logramos que la ONU, se haga cargo de los contingentes de soldados que cada tanto desparramamos por el mundo.

A lo largo de nuestra historia, las FFAA, han estado siempre más vinculadas a los sucesos internos del país que a cualquier conflicto externo. Un libro bastante reciente de Amado, hijo de un general, relata los diferentes tratamientos que los distintos presidentes, sean colorados, blancos y frentistas le dieron al tema. En todos los casos el común denominador fue un relacionamiento que permita el control de un sector que es singularmente poderoso.

Desde mayor tolerancia hasta algunos acciones disciplinarias han sido los  “gestos” que los distintos presidentes han tenido con los militares.

La voluntad popular es quien ha ido más lejos en enfrentar  a ese poder. El pueblo uruguayo  los enfrentó cuando dieron un golpe de Estado, y luego recuperada la democracia desde la sociedad civil fue donde más se empujó para que fueran investigados y castigados quienes violaron los DDHH. Es desde esa presión donde se han generado las condiciones para que la justicia actúe y haya procesado a varios responsables de tortura y muerte de muchos compatriotas.

Pero con este estado de cosas aún de manera más o menos indefinida subyace sobre todos nosotros esa presencia latente de un poder que dicho de la manera más clara es la única fuerza capaz de poner en peligro el estado democrático, tiene las armas para ello.

Dentro de las tantas anécdotas pintorescas que Mujica relató, una, da cuenta de la noche donde siendo presidente de la República, le golpearon la puerta de su casa, sin que la custodia presidencial se diera cuenta y un militar de particular le mostrara en una laptop, un video del que mucho se habló pero pocos vieron donde militares encapuchados  amenazaban.

Así de simple, así de claro, cuando quieren esbozan su poder.

Supongo que de las tantas tareas democráticas que nos debemos es la discusión y rol de nuestras FFAA, digo discusión en serio, porque hay intentos hasta  para que incursionen en la educación de nuestros adolescentes.  Eso no parece ser serio pero sin embargo está dicho.

Dos ex militares recientemente retirados, se incorporan a la política oficialmente, a las filas del P. Colorado.  Algún oficial también retirado, aparentemente vinculado alguna logia militar cada tanto aparece en la prensa dando reportajes, el Círculo Militar se activa frente a la posibilidad que el sistema previsional se modifique. Cajas de “archivos de Inteligencia “aparecen en casas particulares. Archivos que no son otra cosa que registro de control de personas en democracia.

No son sucesos ordenados cronológicamente pero no dejan de ser pequeños detalles visibles que rápidamente son tapados por esa vorágine informativa que como torrente arrollador nos abruma más que nos habilita a reflexionar.

Creo que finalmente está llegando el tiempo donde dimensión, rol y costo para el Estado de las FFAA, debe ser discutido en profundidad y redimensionado en relación a la calidad democrática que nuestro país tiene.

Por Walter Martinez
Columnista uruguayo

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