Tiempo de lectura: 6 minutos

 

“Madres paralelas”: Entre el dolor del abandono y la barbarie

Las heroicas madres solteras, el abuso, la soledad, el desamparo, la intolerancia y los terribles resabios de un pasado estremecedor tatuado por el odio y la barbarie, son los desafiantes ejes argumentales de “Madres paralelas”, el potente drama del tan emblemático como controvertido realizador manchego Pedro Almodóvar.

En esta película sin dudas removedora, el célebre cineasta- uno de los precursores del denominado destape español luego de la extinción de la dictadura del finado tirano Francisco Franco, retoma el protagonismo de la mujer, que ha sido proverbial en su ya extensa filmografía de casi cuatro décadas.

Esta es precisamente una de las señas de identidad de un autor de estilo singular, cuya obra –más allá de meros elogios o denuestos- nunca nos deja indiferentes.

Mixturando el drama con la comedia y hasta con el género policial, el controvertido autor suele imprimir a sus películas toques de fuerte y vitriólica ironía, que cuestionan, con rigor, el statu quo político, social y también religioso.

Su impronta cinematográfica -siempre provocadora, desafiante y recurrentemente impregnada de superlativa y despiadada acidez crítica- retrata descaradamente los inconformismos varios de una sociedad jaqueada por las rupturas, la disfuncionalidad de las relaciones personales y las frustraciones individuales y colectivas.

En tal sentido, toda su producción, que abarca cuarenta años de actividad artística ininterrumpida, pone particular énfasis en los dramas humanos, con un reflexivo acento en lo existencial no exento de humor sardónico y desenfadado.

Su tan abundante como fecunda filmografía incluye títulos referentes como: “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” (1984), “Matador” (1986), “La ley del deseo” (1987), “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (1988), “¡Átame!” (1990), “Tacones lejanos” (1991), “Kika” (1993), “La flor de mi secreto” (1995), “Carne trémula” (1997), “Todo sobre mi madre” (1999), “Hable con ella” (2002), “La mala educación” (2004),  “Los abrazos rotos” (2009), “La piel que habito” (2011) y “Dolor y gloria” (2019), entre muchos otros.

Más allá de naturales altibajos- que ciertamente los hay- la extensa filmografía de este auténtico arquitecto del desencanto constituye una suerte de cine si se quiere testimonial, por más que siempre se nutre de la ficción con un trasfondo realista.

En ese marco, la apelación al formato de teleteatro como retrato social y no como mera frivolidad de consumo masivo, gastronómico y pasatista, le ha permitido posicionarme como uno de los realizadores más populares de la cinematografía de habla hispana.

En “Madres paralelas”, el realizador privilegia nuevamente la mirada de la mujer, que sigue padeciendo el abuso de un modelo patriarcal que no termina de colapsar y permitir un fluido tránsito hacia una sociedad más inclusiva e igualitaria.

En ese contexto, la protagonista de este largometraje es Janis (Penélope Cruz), una madre sola a punto de parir en la más absoluta soledad, quien engendra en su vientre un hijo que es producto de una relación casual con Arturo (Israel Elejalde), un antropólogo casado y con compromiso, que investiga el origen de la familia de la mujer y el destino de decenas de desaparecidos durante la dictadura.

La coprotagonista, también embarazada y a punto de dar a luz, es Ana (Milena Smit), una adolescente solitaria, que fue abusada sexualmente, es despreciada por un padre ultra-conservador y virtualmente abandonada por una madre más preocupada por su carrera de actriz que por su hija.

Estas son las dos madres paralelas que presenta el relato, que indaga en la extrema vulnerabilidad del sexo femenino, en una sociedad refractaria al cambio que suele criminalizar conductas que considera inmorales y descarriadas para el statu quo cultural dominante.

La radical diferencia entre una y otra es que Janis es una mujer humilde pero segura y concientizada que conoce el pasado doloroso de su país y Ana, pese a pertenecer a un estrato social más acomodado y a la ausencia de sus padres, ignora totalmente las heridas subyacentes de la sociedad en la cual interactúa.

Empero, ambas cargan sobre el sí con el recurrente trauma del desamor, que las muta cuasi en hermanas gemelas y en amigas inseparables, aun luego de haber abandonado la internación de post-parto y tomar inicialmente caminos diferentes en la vida.

Empero, la ventaja comparativa de Janis es tener el sólido respaldo de Elena (Rossy de Palma), su amiga y empleadora, quien comparte con ella todas sus vicisitudes.

En ese marco, transcurren esas dos vidas paralelas con sendos hijos sin padre a cuestas y con la responsabilidad de resistir los diversos avatares de la vida y hasta de llegar a convivir bajo el mismo techo.

En tal sentido, la relación lésbica que se entabla entre ellas es, más que una mera compulsión pasional y carnal, una suerte de acto de rebeldía y amor y hasta de agradecimiento mutuo. En efecto, sólo se tienen una a la otra y asumen que el destino las ha reunido en una alianza común para sobrevivir.

Aunque una extraña confusión con sus respectivos hijos que es frecuente en los hospitales de baja calidad asistencial, horada en parte el fuerte vínculo entre ambas y hasta genera algo de desconfianza, ya nada ni nadie logra quebrar ese vínculo de afecto que las une.

“Madres paralelas” es un film cargado de emotividad a menudo hasta lacrimógena, que indaga sobre la dualidad de las conductas humanas, los prejuicios, la segregación, el maltrato, la mezquindad, el egoísmo y el abandonismo, pero también en torno al amor, la reconciliación, la muerte como pérdida irreparable y el doloroso pasado de un país otrora desgarrado por la barbarie, el autoritarismo y la tragedia colectiva. No en vano, durante la dictadura franquista más de 100.000 españoles fueron desaparecidos.

Ese insoslayable estigma, cuya memoria se ha transmitido como un legado de generación en generación aunque muchos jóvenes del presente lo ignoren por el encubrimiento de los falsarios, los cómplices de los criminales y los mentirosos, pervive igualmente en el imaginario colectivo.

En tal sentido, más allá de las radicales diferencias de escala cuantitativa entre ambas tragedias, los uruguayos también padecemos la recurrente e inconclusa rémora de los asesinados y desaparecidos durante la dictadura que asoló a nuestro Uruguay durante casi doce años de terror.

En tal sentido, las últimas imágenes de esta película sin dudas removedora, nos devuelven los estertores del espanto, cuando el equipo que lidera el antropólogo comienza la remoción de la tierra en el lugar donde reposa la fosa común que alberga a cientos de esqueletos de las víctimas del franquismo. No en vano, la primera pieza ósea encontrada es una falange, en clara alusión simbólica y hasta irónica al partido ultraderechista que lideró la rebelión y el golpe de Estado franquista contra un gobierno constitucional de extracción popular y republicana.

En tal sentido, la secuencia con los familiares de los desaparecidos, en su mayoría mujeres, convocan a reflexionar sobre la verdadera dimensión de una hecatombe que, en el siglo pasado, en nuestro país, se transformó en causa nacional.

Es que también nuestra flagelada América Latina padeció, durante la Guerra Fría, los rigores de dictaduras genocidas que operaron como maquinarias criminales al servicio del poder hegemónico de turno, aniquilando sistemáticamente toda expresión de resistencia mediante el terrorismo de Estado digitado desde los feudos imperiales de la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono.

Obviamente, en su momento, también los Estados Unidos y sus aliados occidentales toleraron casi en silencio la dictadura genocida española, que, para alzarse con el poder, en 1937 contó con la ayuda de la Alemania nazi. Al respecto, la más magistral y desgarradora expresión de esa cooperación entre totalitarismos es el removedor óleo del maestro cubista Pablo Picasso, que retrata el criminal bombardeo aéreo perpetrado por parte de la Legión Cóndor alemana a esa desvalida ciudad vasca.

Esta pieza pictórica, que condensa la furia criminal en toda su dimensión, es una suerte de alegoría que se imbrica en este caso con la paleta artístico de Pedro Almodóvar, en un film que destaca por su dramatismo, su honda y vibrante emotividad, su superlativa potencia expresiva, su rigor crítico y testimonial y sus memorables actuaciones protagónicas.

En el epílogo, el autor manchego reproduce una reflexión del célebre escritor uruguayo Eduardo Galeano, contenida en su libro “Patas para arriba”, que tiene una fuerte connotación simbólica: «No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca».

FICHA TÉCNICA

Madres paralelas. España 2021. Dirección y guión: Pedro Almodóvar. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: José Luis Aicaine. Montaje: Teresa Font. Reparto: Penélope CruzMilena SmitIsrael ElejaldeAitana Sánchez-GijónRossy de PalmaJulieta SerranoAdelfa CalvoAinhoa SantamaríaDaniela SantiagoJulio ManriqueInma OchoaTrinidad IglesiasCarmen Flores.

 

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico de cine

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.