/ El colega Martín Rodriguez le hizo una excelente entrevista al historiador y politólogo Gerardo Caetano en Radio la diaria el día 28. Sus principales declaraciones:
+ El cierre de la Biblioteca Nacional fue mal hecho, sin aviso, sin consultar al sindicato, sin preparar a la opinión pública, de manera intempestiva y mal comunicado. Me pareció como el decálogo de algo mal hecho.

Las razones son bien conocidas: inundaciones, incendio, robos, un servicio que no es el mejor, y en esto no tienen la culpa los trabajadores y tampoco las autoridades. Hay una desconsideración presupuestaria absoluta por la Biblioteca Nacional y realmente creo que es un gran problema nacional.
+ El gobierno no empezó bien, para decirlo de la manera más gradual y moderada. Durante la transición, el gobierno anterior ocultó cosas. Y eso dificultó enormemente la puesta en marcha, (pues) se encontró con una situación que no esperaba. Y ahora está en una situación compleja. He hablado con algunos ministros y ellos advierten este asunto y te cuentan de situaciones muy graves, muy dramáticas, que no debieron ocurrir:
ocultamiento de deudas, trampas en cuanto a la transferencia de deudas que debieron haber sido pagadas en el periodo anterior, lo que pasó en los cálculos del Banco Central y anunciado por por la ministra Arbeleche respecto al al déficit fiscal real y demás, son todas cosas que no hay que naturalizar.
+ El nuevo gobierno ahora (esas mochilas) se las carga. Con razones, pero también excesivamente sobre todo a nivel de del presidente. Y bien, la ciudadanía necesita saber qué es lo que está pasando. Si, como dijo el ministro Odone, hay 900 millones de dólares que no estaban en las cuentas y que ahora aparecen, bueno, no me sirve el argumento de que eso, más o menos, siempre ocurre.
+ Al gobierno le está faltando claridad en la comunicación, y en particular a Orsi le está faltando claridad. Cuando el presidente habla, está gobernando. Han habido falta de sintonías entre él y alguno de sus ministros respecto a esto. No tener mayoría parlamentaria en diputados ha hecho que resulte evidente que tanto el presidente como los ministros no lo pueden decir todo y que tienen un gran temor de que algo dicho a destiempo puede quemar la pradera.
Gerardo Caetano; Profesor Titular, Historiador y politólogo. Doctor en Historia, Universidad Nacional de La Plata. Fue director del Instituto de Ciencia Política entre 2000 y 2005. Miembro de las Academias de Letras y de Ciencias del Uruguay. Académico correspondiente de la Academia de la Historia en Argentina y de la Real Academia Española. Fue presidente del Consejo Superior de Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) e integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) por la subregión conformada por Argentina y Uruguay. Primer presidente de la Asociación Uruguaya de Historiadores y de la Asociación Uruguaya de Estudios Internacionales. Ha publicado numerosos libros y artículos en áreas de su especialidad, por los que ha obtenido varios premios académicos nacionales e internacionales. El último de ellos es el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales 2022, máxima distinción de Clacso.
+ Hay varias oposiciones. En el partido Colorado, una ha sido la actitud de los sectores que apoyan a Bordaberry y otra ha sido la actitud del resto. Veo a a Ojeda muy alineado con un Partido Nacional que todavía no ha elaborado la derrota y que tiene una actitud casi de estar en las cuchillas para decir algo que suena fuerte dentro de la historia del Partido Nacional.
+ Orsi dijo (el día 28) que se estaba a la espera de un informe jurídico para definir la pertinencia o no de que Eduardo Viera permanezca en el cargo de presidente del Instituto Nacional de Colonización. Se dio el caso de la salida del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial de la diputada Frente Amplista Cecilia Cairo, y más recientemente la salida de la vicepresidencia de la Administración Nacional de Puertos de Alejandra Coach. El episodio de la exvicepresidenta del del puerto es inadmisible. Es inadmisible. Choca con la visión que las izquierdas uruguayas, no digo en la campaña sino a lo largo de toda su trayectoria, siempre han defendido. ¿Qué es esto? Y se discutió, aunque da la impresión de que quedó superada, la pertinencia de que permaneciera Rodrigo Arim como director de OPP.
Estas discusiones que ya le han costado al gobierno la caída de jerarcas, ¿cómo las ha manejado el oficialismo? Aquí también vuelve a estar este tema de un gobierno que todavía no parece estar plenamente aceitado.
+ A este gobierno la ciudadanía le va a pedir muchas cosas. En primer lugar, que cumpla las promesas, pero hay algo que está en el núcleo de la promesa, que es que este gobierno no puede tener oscuridades en temas de legalidad, en temas de cumplimiento de las normas, en temas de honestidad. Aquello de que gobierne la honestidad marca la idea de diferenciarse respecto a un gobierno como el gobierno anterior que estuvo lleno de episodios que no vacilo en calificar como ya lo hice: episodios de corrupción, episodios graves de lo cual no sabemos todavía muchas cosas y episodios sobre los cuales tenemos que conocer la verdad profunda, porque hay muchas cosas que no conocemos. Y lo que conocemos es en una gran parte por la acción de la prensa independiente y no por la acción del Estado. Entonces, lo primero que se le va a pedir a este gobierno es una actitud completamente diferente en ese sentido; completamente diferente.
+ Lo que más me llama la atención son las contradicciones flagrantes entre las dos principales figuras del gobierno, el presidente Orsi y su secretario el Pacha Sánchez, que obviamente es una figura de enorme trascendencia. Eso no puede ocurrir. El gobierno tiene que encolumnarse a través de una opinión. Y no puede dar el flanco de tener desavenencias públicas tan fuertes en sus dos principales figuras.
+ Yo lo he dicho de manera insistente, la mejor política del gobierno de la calle Pou fue la política comunicacional por lejos, eh; por lejos. No solo por el presidente, que es un gran comunicador, sino por un equipo que administraba, distribuía el relato, le hacía cumplir cosas a unos y a otros, y manejaba agenda ficta. Hay un incendio allá y creas un incendio ahí. Hay un episodio que concentra la atención pública de este lado y aparece otro que no tiene mucho que ver, pero que desorienta la atención pública. Bueno, una política con los medios que dio resultado. Hubo una política comunicacional que galvanizó al gobierno en momentos realmente críticos.
+ A comienzos del año 2020, cuando el anterior gobierno todavía era nuevo, instaló la idea de que era necesario realizar auditorías en distintos organismos públicos que venían de ser gobernados por el Frente Amplio, instalando así la sospecha acerca de la existencia de irregularidades que en muchos casos no se constataron –en alguno quizás sí–, y me preguntaba qué pasa en ese sentido con el actual gobierno, que da la impresión de que no mira hacia atrás del mismo modo. ¿Cómo maneja esa parte de la cuestión el gobierno de Orsi?
+ El gobierno anterior resolvía mejor eso de la comunicación centralizada y sin contradicciones. Yo celebro, y además también fue una promesa de campaña ante la que la ciudadanía reaccionó bien, el buscar una política en términos de relacionamiento con la oposición distinta a la que había caracterizado al anterior gobierno.
Con un equipo muy sólido, muy numeroso y seguramente muy bien financiado, movía las cosas de tal manera que todo parecía ir muy bien, pero al mismo tiempo tenía otro grupo de gente que permanentemente estaba acicateando la guerra; lo que ellos llaman la batalla cultural, la disputa por el relato. Y cuando esos desencuentros llegaban a la ciudadanía, decían yo no fui, y siempre victimizándose y demás. Yo no quiero esa política para el Uruguay.
Orsi tiene otro talante y yo lo celebro: parece buscar otra manera de construir vínculos con la oposición. Pero hay que combinar esto. Me pareció buena opción no entrar en eso que duró tanto tiempo, que era la herencia. Todo tenía que ver con la herencia, y todo era a partir del 2019. Como que había un quiebre ahí, con el agregado de que durante la pandemia tuvimos tele república con un solo conductor, el gobierno. Y las respuestas de la oposición eran respuestas muy, muy limitadas.
+ Creo que esto le hizo mal al Uruguay. Y me temo que es una política que está instalada. Lo estamos viendo en los actores que siguen siendo en muchos casos los mismos y que un día y otro también están alimentando el odio, alimentando la controversia. Está bien, otra política. Pero bien, no se puede ceder a una blandura. No hay que confundir buena relación con blandura. Si aquí hubo grandes problemas en la transición de ocultamiento de datos, sí hubo una preparación en donde se dejaron instaladas varias varias situaciones muy difíciles para complicar la acción del gobierno, si todo eso tuvo una finalidad política, como muchos actores del gobierno dicen; si eso es así, hay que decirlo. La ciudadanía merece saberlo y apostar a un sistema político en donde puedan haber acuerdos sin necesidad de ocultar las situaciones.
+ Lo suyo (de Lacalle Pou) no es la cultura. Sigo estando absolutamente convencido de que la cultura y la formación no es el fuerte del expresidente. Incluso lo he conversado con grandes figuras que fueron muy importantes y me dijeron, «Por suerte no es culto, porque eso le ha dado –y es cierto– mucho más pragmatismo.» Es un hombre que tiene grandes virtudes políticas. Por ejemplo, es un hombre con capacidad de poder, es un hombre con una gran capacidad comunicacional; es la capacidad de poder.
+ El poder es la capacidad de definir una situación. En el famoso episodio de la ex subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, a propósito de la eliminación de documentación pública en Casa de Gobierno, el presidente estuvo fuera del país por tres días y el resto de la dirigencia parecía como que se había disuelto. Volvió el presidente, ordenó dos o tres cosas, ordenó renuncias y después se terminó. O sea, capacidad de poder es capacidad de llevar a su tropa. Manejó la coalición, una coalición muy difícil que manejó de manera muy heterodoxa. Una coalición necesita una mesa de dirigentes que puedan discutir. Él la manejaba bilateralmente, y lo hizo bien. Claro, perjudicó seriamente a los socios más pequeños. El único que lo ha dicho es Guido Manini Ríos.
+ Obviamente estamos ante el único liderazgo fuerte que existe en todo el espectro político nacional. En el Frente Amplio no hay un gran liderazgo. No hay un liderazgo. El presidente no es el líder del Frente Amplio. Podrá serlo, pero por ahora no lo es. Se murió Mujica, y no hay líder político en el Partido Colorado. Bueno, el doctor Sanguinetti finalmente está como el sabio de la tribu, pero muy distante. No hay liderazgo. Ojeda ni siquiera se hace obedecer adentro del partido. Cabildo Abierto, no sé todavía lo que es en este momento. Se dividió, votó como votó y el Partido Independiente es irrelevante. Y lo digo con con pena. Yo no celebro la liquidación de los partidos, creo mucho en los partidos, pero es obvio que a los socios menores el fenómeno de la coalición los destrozó, lo cual es una práctica común. Entonces, el único liderazgo fuerte que hay en la política uruguaya es Luis Lacalle Pou.
+ Lacalle Pou tiene grandes virtudes y tiene grandes defectos. Es un defecto entre sus muchas virtudes la cuestión de la formación y la cultura. Ahora, ¿es ese un problema de Lacalle Pou, o es un rasgo de la generación política de quienes tienen su edad? Es un rasgo de la generación, sin duda. Digamos que en el mundo no abundan los dirigentes políticos cultos. Incluso es un fenómeno que si tú comparás los distintos estamentos del elenco político uruguayo en relación a lo que ocurría 20 años atrás, hay un descenso en todos lados, tiene que ver con una nueva cultura en donde no se lee mucho
+ Yo sigo aferrado a la idea de que, hoy más que nunca, para gobernar hay que estar muy bien informado y, si bien cada vez son más imprescindible los asesores, eso no se resuelve comunicando bien. Hay que ir a los contenidos, no solamente a las performances. Aunque no dejo de advertir que la política comunicacional hace que las confrontaciones políticas deriven mucho más hacia las formas que hacia los contenidos. Pero para mí eso es un problema, sobre todo en un problema en el caso uruguayo, en donde hay debates, hay asuntos que exigen información y calificación en las respuestas.
+ Está claro que para el actual gobierno y para el Frente Amplio, Lacalle Pou es un adversario fuerte, de fuste. Ahora, mirando hacia afuera, cuando uno piensa en el Brasil que hasta hace poco tiempo tuvo a Jair Bolsonaro como presidente, o en la Argentina que tiene hoy a Javier Milei, ¿cómo hay que ver el rol de Lacalle Pou en el universo de todo lo que se ubica, por discutibles que sean estas categorías del centro hacia la derecha? Y en relación a las expresiones extremas de derecha, Uruguay pueden tener alguna presencia incipiente, pero claramente no tienen hoy centralidad. Es una especie de garantía ante eso. El ingreso de Lacalle Pou al CED, al Centro de Estudios para el Desarrollo, es muy significativo porque el CED es otro centro más o menos como el que trajo a la política Ernesto Talvi.
+ A mí me gustaría que los oyentes entraran en la página del CED y vieran cuál es su cuerpo de directores, sus relaciones internacionales, a qué redes internacionales está incorporado. Es un think tank. En un tiempo en donde los think tanks son muy importantes para hacer política, éste es un think tank pesado que tiene algunas definiciones muy firmes. No es un centro pluralista. Y bien, si uno de sus principales vínculos internacionales es la red Atlas Net Network, bueno, eso está queriendo decir mucho. Claro, con figuras como Milei, como Bolsonaro, el hecho de que Lacalle salga y diga un discurso sensato en donde defiende al Estado para afirmar la libertad individual, bueno, lo hace como una especie de gran líder internacional de la centroderecha, lo hace casi un centrista. Eso lleva a que esté en un acto de astucia política y no de ponderación de la realidad. Julio María Sanguinetti dice «Se convirtió en ballista». Bueno, no se convirtió en ballista. Es un neoherrerista fuerte. Sus convicciones siguen siendo las mismas, sólo que sabe bien cómo establecer sus actuaciones, sus roles, sus discursos en lugares diferentes.
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