Amor… murió el Indio

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Falleció Carlos Alberto Solari, el Indio o el Míster. Para su público respetable, siempre, el Indio Solari.

​La muerte conmueve como sus canciones, no es para menos.

​Trascendió de generación en generación en este mundo de mierda, estúpido y mercantil, donde la vida es divina gracias a este planeta hermoso. En su combate él tuvo mucho que decir, cuestionar y construir.

​Su creatividad era infinita; duele saber que no habrá más canciones nuevas que él pueda componer y cantar.

​Duele saber que no habrá más belleza donde la muerte, el dolor y las ratas construyen su veneno sin descansar.

​El Indio, proyectado desde la psicodelia, era encuentro, reflexión, emoción, rock and roll y revolución en su poesía humanista y rebelde, con un estilo propio donde la razón y su música trascienden a una dimensión que nadie y ninguna ciencia saben explicar. Solo lo saben el corazón ricotero y el puño en alto de la tribu, soñando la revolución con una canción de amor.

​Siempre fue un aliado en la soledad y la oscuridad, una textura sensorial en la atmósfera del espacio familiar, una respuesta y consuelo cuando alguna flor con espinas hace tambalear el corazón, o simplemente la voz de algún muro vacío.

​El Indio con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, en su efímera y devastadora ciudad, nunca fue misa. Su legado es el pensamiento crítico para una sociedad mejor, la libertad y los derechos de los individuos. Era refugio, festejo, contestación y celebración de la vida sobre esta empresa que es el mundo de hoy.

​Murió Carlos, aquel que tanto se cuidó por la curiosidad que generó en una Argentina siempre convulsionada, ligada a un poder mediático depredador.

​El Indio es un faro, tal vez para el universo una estrella; hay que verlo por el retrovisor. La batalla cultural continúa y las nuevas generaciones deben avanzar sin retroceder en sus nuevos tesoros y en sus nuevas luchas.

​El Míster hasta el final enseñó, cantó y sobrevivió cuando el Parkinson, lamentablemente, los talones se los mordió.

​Chau… y como siempre… ¡adieu!, ¡bye-bye!

 
 Imagen elaborada con IA Gemini.
 
 
 
 
 
 

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