El ministro de Defensa británico Ben Wallace se sinceró en una entrevista en BBC: el apoyo a Ucrania es para que triunfe en su rechazo a la invasión, y con una Rusia debilitada se pueda establecer un nuevo Nuevo Orden Mundial, en la que los países de OTAN y afines no tengan dependencias estratégicas de Rusia, como la tienen hoy por ejemplo con la energía, o tengan el control real de esas situaciones.
El Nuevo Orden Mundial es una categoría política que se usó que se aplicó sobre todo con el final de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlin en noviembre 1989. Los presidentes ruso Mijail Gorbachov y George Bush padre la usaron para definir la naturaleza de la posguerra y el espíritu de cooperación entre las grandes potencias que se buscaba materializar. Inicialmente la había usado el presidente de EEUU Woodrow Wilson para llamar a la creación de la Liga de las Naciones tras la Primera Guerra Mundial (1914-18). Luego de la Segunda Guerra (1939-45) se la usó con recato en los planes de creación de la Organización de Naciones Unidas, ONU.
El plan que se quiere llevar adelante implica por lo tanto un punto de giro de fondo en las relaciones internacionales. Se puede suponer que la concreción de este reordenamiento implica la salida de Vladimir Putin del poder, entre otras transformaciones en Rusia. Asimismo, conlleva la autocrítica de los países capitalistas centrales, que creyeron en 1990 que estaban ante una situación en la que el ordenamiento capitalista iba a ir impregnando a la sociedad rusa y a su conducción política. Un similar error de soberbia (“mi sistema capitalista es el mejor”) cometieron con China, y hoy también están lidiando con él.
Wallace sostuvo que la estrategia rusa de atacar a la población ucraniana y empeorar sus condiciones de vida es para compensar su falta de avance en las líneas de combate. Lo que hace Rusia, sostuvo, constituye un crimen de guerra y lo alega como el motivo de este desarrollo del Grupo del Norte. Un acuerdo de apoyo a Ucrania que no comprometa específicamente a la Unión Europea ni a la OTAN como instituciones permite una acción coordinada sin el obstáculo político de gobiernos que vacilan entre ayudar a Ucrania o apoyar a sus ciudadanos ante el costo de la energía y la inflación en sus economías.
La estrategia esbozada ahora por el ministro Wallace sería una nueva etapa del apoyo a Ucrania. Según dijo, la iniciativa nació de Dinamarca, quien le planteó a Gran Bretaña la posibilidad de trabajar a largo plazo en el apoyo bélico, con el objetivo que Wallace mencionó al pasar. Así, se creó un Grupo Nórdico que se reunió recientemente en Oslo; Dinamarca se adelantó a la reunión, anunciando que transfería fondos estatales destinados a la población, a ayuda a Ucrania.
El ministro británico no proporcionó la lista de países que concurrieron a esa reunión, pero nombró algunos y esto sería organizativamente por fuera de la Otan. Su objetivo es formar un fondo de recursos y aportes para la nueva etapa bélica que se iniciará el año próximo. Dijo que Lituana hizo una contribución simbólica al fondo que se está creando. Noruega aportó 150 millones de dólares “y Alemania aumentó considerablemente su apoyo”. También mencionó a Noruega, que ya comprometió 150 millones de dólares, y las voluntades de Holanda e Islandia. “Tenemos ofrecimientos por 23 mil millones de todo el mundo: de India, del Pacífico y de América Latina”, añadió Wallace.
El Nuevo Orden Mundial es una categoría política que se usó que se aplicó sobre todo con el final de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlin en noviembre 1989. Los presidentes ruso Mijail Gorbachov y George Bush padre la usaron para definir la naturaleza de la posguerra y el espíritu de cooperación entre las grandes potencias que se buscaba materializar.
El detonador de esta situación es la posibilidad, mencionada públicamente por el presidente de EEUU Joe Biden, de suministrarle a Ucrania sus misiles Patriot y equipos electrónicos avanzados que, acoplados, convierten municiones aéreas no guiadas en «bombas inteligentes» que puedan apuntar a posiciones militares rusas, aéreas o terrestres, con un alto grado de precisión. Los kits incorporan dispositivos de posicionamiento global para mayor precisión y se pueden adjuntar a una variedad de armas, creando lo que el Pentágono llama Munición de Ataque Directo Conjunto. Una vez que se apruebe la medida, es probable que los sistemas se envíen de inmediato, con soldados ucranianos entrenados para usarlos en una base del ejército de EE. UU. en Grafenwoehr, Alemania. El Kremlin declaró que ese nuevo equipamiento será objetivo de sus ataques.
No está claro si la transferencia ya está aprobada ni si las fuerzas ucranianas emplearían los kits en aviones o armas terrestres, o qué sistemas específicos en el arsenal de Ucrania serían vehículo de tal aumento sustancial de su capacidad. En cuanto a los misiles Patriot, son de los más avanzados que existen para la defensa aérea, y tienen un alto costo: de un millón a seis millones de dólares cada uno, con 160 km de alcance y una altitud posible de 25 km.
Este equipamiento del mayor donante a la defensa de Ucrania le daría al invadido soberanía en su cielo, impidiendo supuestamente toda posibilidad de ataques con cohetes y drones como los que viene realizando Rusia. La guerra pasaría así definitivamente a otra etapa. Es claro que la agrupación de países en el flamante Grupo del Norte a partir de la iniciativa de Dinamarca y la sociedad con Gran Bretaña, demuestra que no quieren quedar al margen de la eventual imposición de un nuevo Nuevo Orden Mundial. El ministro Wallace planteó que en esta nueva situación para 2023, también ellos aportarán armamento más sofisticado, aunque no quiso especificar su naturaleza. “Cuando se haga, dijo, se hará a través del parlamento (británico), de modo que Rusia sepa lo nuevo que enfrentará y por qué.”
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