El agravio del senador Sergio Botana al sistema político, al sugerir que el FA es un narco partido, cruzó al parecer una línea roja y provocó la reacción de una conferencia de prensa de los senadores del FA, incluyendo a la vicepresidente Cosse, y de seguido, un programa de Lado B para analizar el tema, con Eduardo Bottinelli, Camila Zeballos y Daniel Chasquetti.
Me propongo discrepar no con lo dicho, sino en dónde se pone el acento. El pronunciamiento de los senadores en defensa de la democracia, las instituciones y el construír en diálogo fue contundente, y el análisis en Lado B fue rico y mucho me aportó. Para el FA, los principios defendidos son muy caros, particularmente luego de la experiencia de la dictadura civil militar, y eso no se cuestiona.
Lo que cuestiono es que no se trata de Botana, sino de un plan político del Partido Nacional que involucra a la mayor parte de sus figuras, incluyendo editoriales de intelectuales nacionalistas en El País –tal como señaló Chasquetti–, y al
cual se suma Andrés Ojeda, de destruír al Frente Amplio, banalizándolo, en vez de tratarlo como adversario. Estamos ante una Graciela Bianchi 2.0 de múltiples voces.
«Así no», dijo Cosse, abriendo la rueda de prensa del FA. Pero, justamente, es así como quieren proceder. El Honorable Directorio del Partido Nacional sabe que el FA viene creciendo, y que si no crece más es por su ineptitud. La Marcha del Silencio viene creciendo, tiene ya vida propia, pero a la sociedad civil, que el FA atiende, la atiende desde un lugar de superioridad y no de igualdad. Y la sociedad civil dice verdades que el FA atiende, pero no toma como propias; no las hace parte de su carne, aunque posiblemente tenga muchos votos de allí. Pero no son todas las voluntades del progresismo las que lo votan. Eso es debilidad del FA. El tema de los desaparecidos es la más prolongada e importante utilización de la política para impedir la justicia de este país; eso se llama lawfare.
El debut de ensuciar la campaña de este período fue el 7 marzo 2024, cuando Romina Celeste difunde en redes que una mujer trans le contó sobre una agresión de Yamandú Orsi. Esto sucede en plena campaña interna del Frente Amplio. La acusación a Orsi se hace el 13 de marzo de 2024 en la comisaría 10ʱ, Fue realizada por Paula Díaz, una trabajadora sexual trans. Acompañada por Romina Celeste Papasso, Díaz afirmó haber sido agredida por Orsi diez años antes en el Parque Roosevelt.
En mayo de 2024, Romina Celeste admite la falsedad de la denuncia; es detenida y procesada por simulación de delito y cumplió condena, siendo liberada en noviembre 2025. La denuncia fue archivada, al comprobarse que la motivación era únicamente económica y no haberse detectaron terceros involucrados ni motivaciones políticas. Sin embargo, hoy se sabe que el operador tras esta denuncia fue el español Aleix Sanmartín, que se define a sí mismo como especialista en ganar elecciones imposibles. Luego de fracasar en esta operación enchastre, se hizo cargo de la campaña de Andrés Ojeda y luego de la segunda vuelta de Alvaro Delgado.
Pero tomemos otro lawfare, el que sucede a la interpelación de agosto de 2021 provocada por el acuerdo del gobierno de Lacalle con Katoen Natie. Allí el Partido Nacional, los mosqueteros de Lacalle, sufren una monumental paliza política, pero luego el FA no avanza sobre el terreno ganado. El senador Charles Carrera, que orquestó esa interpelación renuncia ante el pedido de desafuero para no dañar a su sector. Pero en vez de redoblar la acción política, a rey muerto, rey puesto.
No es que en el Partido Nacional surge este estilo estentóreo, provocador, antiacuerdista y finalmente antidemocrático por debilidades del FA, sino por un mal al parecer incurable que padece. Viene cayendo irreversiblemente en su caudal electoral. La candidatura presidencial del herrerismo le estaba prometida a Luis Alberto Heber, y para obtenerla, Lacalle Pou prometió llevar la votación herrerista al 33%. En 2014 el herrerismo obtuvo 31%, en 2019 ganó el gobierno con 28,5%, y en 2024, con la bandera de los logros de su gobierno, perdió con 27%.
A esto, se agrega la mención de los propios errores de Lacalle. Quiso, para cumplir con su compromiso del 33%, la concentración de votos en el herrerismo. Esto fue en desmedro del Partido Independiente, lo que incidió en la actual situación en ambas cámaras legislativas. Y en cuanto a todos los miembros de la coalición, en octubre sumaron 54%, y en noviembre, cuando solo se votaba a Lacalle Pou a la presidencia, sólo 49%. Es que una cosa es votar a Mieres o a
Manini, y otra votar a Lacalle Pou.
A esto se suma aquello de «el rey está vestido» cuando en verdad está desnudo, que fueron las encuestas que mostraron en cifras muy altas de popularidad a su figura, sin reconocer la opinión pública respecto a los problemas de su gobierno. Tras hurgar, se puede saber que de los seis temas que Factum trabajó por aprobación y definió como centrales, el gobierno estaba con franca mala nota en tres de ellos: seguridad, pobreza e ingreso. No era de esa gravedad o era anodina la percepción de la opinión pública en materia de atención a la salud, educación y empleo. Estas percepciones no pueden tomarse como netas sino contaminadas por la buena imagen presidencial.
Da ejemplo de la frivolidad e ignorancia con que encaraban la tarea de gobierno en la administración pasada, que para la segunda vuelta de la elección de 2024 leyeron mal los resultados de la primera, convencidos de que ganaban. Esto, porque si sumaban los votos de lo que llamaron Coalición Republicana superaban al Frente Amplio, ignorantes supinos de que la acumulación de votos se da dentro de un lema, y en este caso eran cinco lemas que podían o no tener coincidencias políticas, sin que eso implicara sumar votaciones.
Un problema similar tuvo el herrerismo con la LUC. El gobierno estaba convencido de que ganaba la recolección de firmas y al notar que no se aspectaba así, se pusieron a averiguar en qué orden eran escrutadas las urnas, como si hubiese una disciplina al respecto que permitiese anticipar resultados; en verdad se cargan en el camión al voleo, como se sabe o se puede suponer. Al tomar conciencia de que no llegaban con las firmas, le empezaron a adjudicar a los opositores a la LUC el rellenar planillas con firmas falsas. En verdad, se presentaron unas 800.000 firmas contra 135 artículos de la LUC, de los cuales la Corte Electoral validó 730.000, y sólo eran necesarias 671.000 firmas. Y en la votación del referendum, fue la acumulación con los votos en blanco la que aseguró el triunfo del gobierno.
Con el común denominador de su limitada capacidad política, éstos son problemas que aquejan al herrerismo, donde nada se hace sin la voluntad de Lacalle Pou y el impulso de Roberto Lafluf. Era éste quien asistía a los diálogos con sus aliados (que los había), y no Álvaro Delgado. De aquellos polvos, estos lodos. Sin suficiente capacidad política, el herrerismo no dudó en apelar a recursos ilegítimos.
Que son los que el FA no ha cuestionado en su momento, que era en el momento de los hechos con una profundidad mayor a la mostrada, o al menos en la campaña electoral: Astesiano y el celular de Lacalle, Marset, Salto Grande y tantos más. Con la falta de respuesta adecuada, el herrerismo «le midió el aceite a la oposición»; supo hasta dónde podía ir.
Es muy posible que aún sin la debilidad del FA el Partido Nacional hubiese llevado adelante su plan, que es un plan de supervivencia política. El plan consiste en banalizar la agenda política, con lo cual alejan a todos los votantes del interés en el asunto que tanto les compete. «Es un problema de agenda», dijo acertadamente Chasquetti en Lado B. Y Daniel Bottinelli aportó, al inicio del programa y como marco de la situación, que un tercio de la población no manifiesta confianza en la democracia, y dos tercios de la población no confía en los partidos políticos.
Hasta ahí han llegado los antisistémicos estos, y van a seguir queriendo que el desapego se profundice, porque sólo con un votante alejado de la política se puede definir su voto por la acumulación de impactos verbales, sean infundados, antiguos o mentirosos. Ya hoy se puede percibir su eficacia en que los desacatos verbales de parte de los políticos empiezan a ser, para la ciudadanía, responsabilidad de todos los políticos. Y la inacción gubernativa del FA, que debe ser con vigor, contribuye a esta percepción.
Está frito el FA mientras la política sea la del buen pastor, tratando de redimir hacia la democracia a quienes justamente quieren retraerla, hacerla anodina, cuasi inexistente para suficientes ciudadanos como para que su voto los lleve de nuevo al gobierno.
Hoy no son los militares los que dan un golpe de Estado, sino los civiles que quieren separar el voto de la reflexión para transformarlo en mero impulso. Que quieren alejarlo de los programas partidarios, y de aún las cosas que ellos mismos pueden votar en beneficio de la ciudadanía.
Oponerse a este plan requiere denunciar de plano a estos antisistémicos cuando se pronuncian, descalificarlos como políticos, y gobernar mientras tanto como se pueda. O sea, no darle la venia a la fiscal interina; aguantar el chaparrón, y mientras tanto ir incidiendo políticamente en la situación real. Hoy, el Partido Nacional no tiene problemas internos graves, y esto puede ser porque la disidencia no ve caminos alternativos. Puesto que no los ven, hay que crearlos, para darles un marco en el que hagan política de oposición, sí, pero no de confrontación. Y verán que Lacalle Pou no tiene todo el poder dentro del Partido Nacional.
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