CINE: “¡Madre! | Obsesiones perturbadoras

Tiempo de lectura: 4 minutos

El universo de las obsesiones retratado con agobiante crudeza no exenta de toques surrealistas y hasta sobrenaturales, es la propuesta de “¡Madre!”, el revulsivo drama del rupturista realizador y guionista norteamericano Darren Aronofsky, uno de los creadores más potentes y originalidades del presente.

Este film, que ha generado controversias por su superlativa frontalidad y su estética descarnada, confirma la predilección del creador por un cine que destaca por la presencia de personajes atribulados y rayanos en la alienación.

Ese es el caso, por ejemplo, de Max, el protagonista de la impresionante “Pi, el orden del caos” (1998), un matemático bastante paranoico y obsesionado con los números.

En tanto, “Réquiem para un sueño” (2000), tal vez la película más removedora de Aronofsky, narra una trágica historia de adicciones cuyos protagonistas se sumergen en el mundo de la droga, con la televisión como metáfora de la masificación y de las patologías individuales y colectivas.

Los conflictos humanos también están presentes en la no menos estupenda “El luchador” (2008), cuyo protagonista, apodado “The Rum”, es precisamente un luchador profesional decadente que vegeta malamente en la periferia de la sociedad.

Esa atmósfera inquietante que caracteriza al cine del controvertido director es también el signo de identidad de “Cisne negro” (2010), un radical retrato de la enajenación de una bailarina que se obsesiona con su trabajo, inspirado en el célebre ballet “El lago de los cisnes”, musicalizado por el famoso compositor ruso Pyotr Ilyich Tchaikovsky.

“¡Madre!” es un contundente testimonio de que la imaginación de Aronofsky está en una etapa de plena ebullición y que su personalidad creativa evoluciona hacia estadios de mayor complejidad y elaboración artística.

No en vano el propio director admitió que escribió el guión del film en apenas cinco días, tras sentirse con “mucha rabia” por lo que sucede en el mundo. “Vivimos en tiempos de locura. La población mundial está a punto de alcanzar los 8.000 millones de personas, mientras los ecosistemas colapsan y la inmigración mete en crisis a los gobiernos. Estados Unidos ayuda a negociar un acuerdo histórico sobre el clima y meses más tarde lo abandona”, aseveró el cineasta.

Por supuesto, el relato está colmado de inocultables alegorías, que refieren no tan subliminal a un estado de caos y reflejan el espíritu que inspiró al propio creador al concebir su obra.

En ese contexto, este drama de impronta cuasi terrorífica narra la complicada relación entre un poeta (Javier Bardem) -en plena fase de sequedad creativa – y su esposa (Jennifer Lawrence), una arquitecta bastante más joven, que identificaremos como madre, quien está abocado a la reconstrucción de su casa, la cual ha sido destruida por un incendio. La idea es transformar el lugar en una suerte de paraíso.

Aquí, la particularidad es que ninguno de los integrantes de la pareja tiene nombre, como si ese detalle no fuera relevante para el ulterior desarrollo de la historia.

Esa suerte de despersonalización puede y quizás debe interpretarse como un mensaje subjetivo del propio autor, sobre una coyuntura presente que le inquieta y le induce a reflexionar acerca de las angustias y las incertidumbres de la era contemporánea.

La intimidad de estos dos seres humanos comienza a modificarse radicalmente con la irrupción de un hombre maduro que padece una enfermedad terminal (Ed Harris) y de su esposa (Michelle Pfeiffer), quienes invaden literalmente el hogar.

Empero, la reacción ante la presencia de ambos extraños es diametralmente opuesta. Mientras la mujer los considera intrusos, el escritor se siente reconfortado y recupera la capacidad de crear, por el apoyo y la admiración que le prodigan los visitantes. En medio de un clima de tensión que evoluciona sin solución de continuidad, la susodicha madre queda embarazada, el poeta publica su libro y el hogar es literalmente tomado por asalto por multitudes de fanáticos del escritor.

La irrupción de esa muchedumbre puede tomarse como una suerte de alegoría sobre las fronteras mundiales violadas por la inmigración y tal vez hasta por la trasnacionalización de la aldea global.

No obstante, ese caos estremece profundamente a la propia casa que parece tener vida propia, al igual que la lúgubre mansión de “El hundimiento de la casa Usher”, del estremecedor cuento de terror del egregio narrador y poeta Edgar Allan Poe.

Esa apabullante sensación de alienación -que tiene su costado surrealista- también puede ser extrapolada con la memorable “El resplandor”, del no menos genial Stanley Kubrick.

Empero, en la particular visión del osado director y guionista, también esa vivienda habitada por los protagonistas es una metáfora que remite al propio planeta, recurrentemente agredido por una humanidad de conductas descarriadas, predadoras y absolutamente irracionales.

El relato está planteado desde la trastornada mirada de la propia mujer, que es un ser profundamente conflictivo sumido en un agobiante entorno de dimensión patológica.

“¡Madre!”, que reúne un calificado reparto actoral en el cual se luce ampliamente Jennifer Lawrence, mixtura el drama con el cine de terror psicológico, en una revulsiva alegoría que reflexiona sobre la dantesca crisis moral de la condición humana, no exenta de alusiones bíblicas.

Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario

La ONDA digital Nº 836 (Síganos en Twitter y facebook)

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.