Line City: dime espejito

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A lo largo de la historia en diferentes zonas del mundo, el ser humano fue conformando y construyendo distintos tipos de ciudades con procesos culturales, sociales, políticos, religiosos y económicos que representan los valores dominantes de la época. Con sus respectivos progresos, retrocesos y conflictos sociales.

Algunas son más funcionales, fragmentadas, contaminantes, anacrónicas y autoritarias, otras más humanas, integradas, ambientales, inteligentes y democráticas.

Desde ciudades estáticas, con diseños y estructuras macros al mínimo detalle, hasta ciudades dinámicas y globalizadas, pensadas y proyectadas desde el caos. Se ordenan, desarrollan y crecen a partir de las oportunidades y variables libres que nos ofrece el propio caos, el mercado y la digitalización. El humano siempre soñó la ciudad ideal pero nunca la alcanzó porque la realidad es más compleja e imprevisible.

Estas variables libres para que no sean un animal salvaje ni energúmeno autoritario, hay que marcarle y enseñarle el camino. Ayudarlo a potencializar la oportunidad en beneficio del emprendimiento en particular y de toda la sociedad en su conjunto porque pueden terminar siendo una condena para la ciudad y el territorio. Por lo tanto, condenan a lo humano si solo se rigen por las lógicas del atropello programático – funcional arquitectónico o del poder circunstancial económico del momento.

Es necesario tener visión sustentable e integrador del futuro y del territorio, no solo en lo social y económico sino también en lo ambiental y cultural.

Resolver el conflicto democráticamente entre todas las partes para la búsqueda del beneficio y desarrollo del bien común. Integrar y no acentuar las asimétricas sociales y espaciales que existen.

Por todo lo que conlleva la segregación socio – espacial, es tan grave como la falta de la seguridad alimenticia, trabajo, educación y salud. En América Latina el 25% de la población vive en asentamientos informales, sumergidos además entre otras desigualdades y carencias.

Mientras en el Medio Oriente, donde el lujo es obsceno e infinito sobre la miseria, además que no manejan un solo concepto de la Revolución Francesa y de respeto a la mujer, la élite económica liderado por el príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed bin Salaman, propone y pone en marcha los primeros movimientos para la construcción de Line City.

La ciudad promete ser la ciudad del futuro. Es una enorme figura geométrica que configura un prisma de más de 500 metros de altura recubierto en ambas fachadas por superficie 100% espejos, con un ancho de 200 metros y una longitud total de 170 kilómetros sobre el desierto y otros encuentros naturales. La cual podrá albergar millones de habitantes y múltiples actividades.
La promueven como ecológica con uso exclusivo de energías limpias, sin carreteras ni coches donde se podrá recorrer de extremo a extremo en 20 minutos.

Siendo así, en algún bar de Montevideo, con una arquitecta colega diríamos, «es una cartuchera con un sonajero interior repleto de ruido con funcionamiento lineal tipo impresora». ¡Nada más inhumano y conservador que esto!.

Según lo que se puede ver en las fotos, la ciudad se implanta sobre una zona virgen y naturaleza ideal donde ni la imaginación puede alcanzar tanta belleza. Bueno, el príncipe quiere su fiesta ahí y arriesgar parte de sus riquezas.

A nivel arquitectónico y urbano en varios polos concentrados de poder del Medio Oriente han preferido renegar su historia y no construir progresando sobre la base de esta identidad, sino que prefieren transpolar conceptos e ideas en bruto de consumo del Occidente, para combinarlas con la monumentalidad extrema en sus creaciones.

A modo de ejemplo, en este proyecto están replicando ideas ya planteadas y no concretadas en décadas anteriores, como es Linear City de Peter Eisenman y Michael Graves para desarrollar en 1965 en la costa este de Estados Unidos.

O utilizar parcialmente recursos de una arquitectura que maneja los conceptos de liviandad y ligereza empleada por el estudio japonés SANAA (Sejima + Nishizawa y Asociados) en el Museo del Louvre – Lens del año 2012. Con el empleo completo de espejos sobre la fachada de dirección horizontal que reflejan también el entorno, con el objetivo de darle una sensación de sutileza y camuflaje al gran volumen que se esconde por detrás. Una efímera y ligereza liviandad, entre tantos otros conceptos exquisitos que reúnen y nos deleitan estos profesionales japoneses.

También la típica resolución interior arquitectónico espacial para un interior de un volumen muy lineal y extenso. Donde el interior será quebrado y fraccionado por diferentes y variadas perspectivas, espacios de grandes alturas y cantidades (doble, triple, quíntuples alturas, etc) atravesados por puentes, conectores y desniveles. Generando movimientos y atmósferas tipo «Avatar» que conectan múltiples actividades y vértigos espaciales que rompen con la linealidad y rigidez del volumen exterior. Enfatizando el efecto sorpresa cuando se llega del exterior introvertido al interior dinámico espacial, una caja de sorpresas.

En Line City si continuamos decodificando sus distintas capas, concluimos que termina siendo un artefacto arquitectónico con escala urbana, gracias a su monumentalidad espacial y atomización de actividades. Donde la esencia de su concepción es tan igual como las ciudades amuralladas ideales de la Edad Media. El interior representa el paraíso mientras afuera es la barbarie. En este caso, la barbarie alejada por la belleza de la naturaleza y desorientada por la continuidad del reflejo del paisaje y el cielo en las fachadas espejadas. En vez de ver la piedra de las murallas, vemos tal material, o mejor dicho, nos vemos reflejados e insignificantes frente a lo megalómano del emprendimiento.

En esas ciudades dios y la iglesia eran la verdad, ahora se apuesta por la verdad en las soluciones que puede ofrecer la tecnología y cúmulo de riquezas. Pero las soluciones que pueden ofrecer dios, la tecnología y cúmulo de riquezas nunca logran alcanzar las verdaderas complejidades humanas. No pueden resolver todos los problemas porque son reduccionismo sino ya viviríamos en el paraíso, todos iguales, libres y fraternos, sin guerras ni depresiones.

Para terminar, dos cosas. Primero cuidado con los gastos comunes. No creo que el príncipe y sus jeques inviertan en favor de tu libertad, necesidad ni de tus sueños. Tampoco por la de los demás aunque tengas mucho dinero.

Segundo, siempre decí amén si querés ser un botón bien guardado y cuidado en la cartuchera. Nunca se te ocurra transformarte en un hereje solitario, menos revoltoso dentro la Line City. Porque corriendo en soledad como una plumita de blanco amarillento por el desierto te vas a tener que escapar. No hay nada alrededor, solo te esperan la sed y calor.

La entrada es la novedad, la salida vemos.

Es un ambicioso y peligroso fetiche arquitectónico – urbano, con un gran componente de carga política, económica y cultural del mundo globalizado y concentrado del poder, en esta instancia, materializado por el príncipe heredero.

También es la oportunidad de algunos arquitectos urbanistas de ser funcionales a la falta de ideas y creatividad del sistema financiero.

Siendo bueno, suena más a una propuesta de colonia en Marte que a una verdadera solución a una necesidad en la Tierra. Solo falta oxígeno artificial para que puedan habitar los humanos que serán mutantes.

Sería mejor que dejen tranquilos a esos paisajes paradisíacos y reconstruyan modernizando humanamente lo que vienen destruyendo.

Perdón, ¡qué les vamos a pedir!, si tienen a las mujeres tapadas con un velo y al futuro enceguecido por el dinero por más dinero.

Lo más conveniente, por decirlo de alguna manera, si logran construir, Line City funcione y no sea condenada al fracaso que la tengan que inmolar o demoler.

Porque a groso modo, demoler aproximado 11.500.000.000m3 de material, estructuras y retirarlo del lugar, no hay sustento ecológico ni económico que la naturaleza y el impacto ambiental seguro vayan agradecer.

Hay gente que vive bajo la línea de la pobreza y hay otra gente que va a vivir en la línea de la riqueza. Hay que estar atentos porque estos experimentos si funcionan se reproducen como agujeros negros. Viajan con el flujo del dinero.

Pregúntele al príncipe y a sus jeques si van a vivir allí. La respuesta va a ser NO. Lo que les importa es que tus plusvalías no tengan recorrido y no pierdan el tiempo en un contenedor bajo sus duras y eternas reglas.

En algún momento alguna idea creativa y humana se nos puede caer, vendría bien y a buen tiempo.

Por Andrés Legnani

 

 

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